Colosio en campaña

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Cecilia Soto 24/03/2014 02:12
Colosio en campaña

En los pueblos y ciudades pequeñas de Brasil celebran los goles con cohetes. Ésa fue una tortura que me costó trabajo superar, pues todos los domingos, desde temprano, llegaban los estruendos a mi recámara en la embajada, en Brasilia. Desde el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el sonido de los cohetes me estremecía. Todavía hoy día me turba el sonido de algún cohete, porque lo asocio, inconscientemente, con el 23 de marzo, con la violencia en el país y, sobre todo, porque puede anunciar lo impredecible, lo incontrolable.

Recibí la noticia del atentado en Poza Rica, Veracruz. No soy particularmente religiosa, pero mi reacción inmediata, fue un “que se salve, por favor, Dios, que se salve, házme caso por una vez”.  Durante esos días y semanas, quizá meses, uno no podía ver algún noticiero en la televisión sin verse expuesto, alevosamente, al terrible momento del asesinato. Sólo lo vi una vez porque estaba desprevenida, después, cerraba los ojos, me alejaba de la pantalla, apagaba la TV. Me parecía obsceno exhibir una y otra vez el momento de su muerte.

En una candidatura de un partido pequeño, como lo fue la mía, uno tiene gran libertad en su discurso. La certeza de no ganar tiene ciertas ventajas, como decir casi todo lo que uno quiere para el país, sin tener que matizar demasiado las propuestas por los compromisos con tal o cual sindicato, o tal o cual central patronal que ha prometido el voto al partido. Esos eran problemas que tendría Colosio. Yo tenía el reto de ganar la imaginación de los jóvenes y especialmente de las mujeres. Sí, sabía que perdería, pero no quería ser arrasada. La campaña de una candidata mujer tenía que tener cierto éxito para poder ser un ejemplo inspirador para las jóvenes. ¿La campaña de Colosio no despegaba? ¿Colosio sería un títere de Salinas, como afirmaban los columnistas afines a Camacho? Yo tenía otra impresión.

Luis Donaldo me parecía un candidato ejemplar para el PRI, pero veía con cierto dejo egoísta los éxitos de su campaña. Quizá fue en marzo o en febrero cuando, durante unas dos semanas, las campañas coincidieron o se alcanzaban en algunas ciudades. Contrario a los reportes de la prensa nacional de que la campaña de Colosio “no despegaba”, yo veía un trabajo milimétrico de su equipo y un éxito arrollador entre mi electorado: las mujeres. “Épale, son mías”, me daban ganas de decirle. “Chulosio”, le gritaban a un candidato atractivo y con voz profunda. Era como si fueran dos realidades: la campaña territorial del PRI a todo lo que daba y un ambiente envenenado en la prensa nacional. En alguna ciudad coincidí con María Angélica Luna Parra, gran amiga de Luis Donaldo y con importantes responsabilidades en las avanzadas priistas. “No queremos ningún acarreado”, me dijo, “para el mitin de ayer hicimos 20 mil llamadas telefónicas”. Percibía en ella un orgullo de ser priista, que nunca pensé recuperarían sus militantes después de la debacle del 88.

El equipo de campaña colosista había pasado dos pruebas de fuego: había ensayado un nuevo método electoral en las elecciones de 1991 y había llevado con éxito la XIV Asamblea del PRI, con reglas democratizadoras. El PRI pudo recuperarse en las elecciones legislativas del 91, porque fue el primer partido que hizo uso de la “ingeniería electoral”,  que hoy utilizan todos los partidos. El uso intenso de encuestas, demografía, estrategias de marketing y marca, mapeo a nivel calle por calle, detección de necesidades, seguimiento de éstas, etc. Nada es perfecto: el PRI siguió usando los recursos de gobiernos priistas ahí donde no había suficiente fuerza de la oposición, pero requería menos trabajo sucio. Demostrarle a sus correligionarios que podían ganar limpiamente le dio a Colosio una enorme popularidad entre los priistas.

¿Por qué podría haber tenido Manuel Camacho posibilidades importantes de llegar a la candidatura priista frente a un Colosio que había sido presidente del PRI? Sin el entusiasmo de los tricolores es difícil ganar en una elección competida, como se reveló en 1988. Manuel Camacho había ganado una diputación por el PRI en 1985, cuando las elecciones en el DF todavía eran un día de campo. Después del 88 perdió el pulso de la maquinaria priista y perdió la estructura del DF, no había sido el alma de la XIV Asamblea, no era particularmente querido por los militantes. Hasta antes del 23 de marzo, no hubo por parte del excomisionado para la Paz en Chiapas una sola —ni una— palabra gentil para Colosio, el candidato. La declaración del 22 de marzo en la que Camacho afirma que no quiere ser candidato presidencial a costa de todo es de aquellas de las que “de poder puedo, pero no quiero, porque soy superior”. Camacho dijo : “Entre buscar una candidatura a la Presidencia de la República y la contribución que pueda hacer al proceso de paz en Chiapas, escojo la paz”, en realidad, no tenía cómo escoger, no tenía la menor oportunidad de conseguir la nominación. Aquí la puede consultar www.bibliotecas.tv/chiapas/mar94/22mar94.html. Colosio se expuso a una rechifla en su alma máter, el Tec en Monterrey, por no expresarse mal de Camacho. Éste le regateó en vida con siquiera pronunciar su nombre públicamente.

Es soberbia de humanos pensar que todo grande debe morir como tal.  O que los grandes eventos tienen una concatenación racional. A veces sí, a veces no. Quizá Morelos no hubiera muerto y la guerra de Independencia hubiera tenido otro rumbo si no se hubiera empeñado en robarle la mujer a un subalterno. Quizá no hubiera habido Segunda Guerra Mundial si Woodrow Wilson no hubiera enfermado de A H1N1. Un trabajador de la maquila en Tijuana, escaso en inteligencia y equilibrio, Mario Aburto, quiso ser famoso y escogió al más famoso de todos, el candidato priista a la Presidencia. ¿Qué condicionó esa elección en la mente desordenada de este sujeto? ¿El discurso anticolosista de algunos priistas? ¿El discurso antipriista de toda la oposición? No lo sabremos nunca.

Lo que sí sabemos es que la palabra puede redimir o destruir. Hoy escuchamos el discurso del 6 de marzo y Luis Donaldo nos hace sonreír y nos invita a ver a la política como una actividad ennoblecedora y generosa, distinta de la cacofonía a la que nos tienen acostumbrados y su recuerdo nos invita a ser mejores. Descanse en paz. Un abrazo afectuoso a sus familiares. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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