Must offer, must carry, pero ya

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Cecilia Soto 17/02/2014 01:54
Must offer, must carry, pero ya

A la memoria de Federico Campbell

 

Tengo un amor secreto en la unidad de Política Regulatoria del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). Es secreto porque él aún no sabe que lo amo y yo, aunque estoy cierta de su existencia, desconozco su nombre, edad y apariencia. Aun así lo amo. Sé que es hombre (perdónenme amigas, pero soy hetero) y que quizá sea norteño. Sí, es un amor reciente, de dos días apenas, pero adivino que será duradero. Al preparar mi cita semanal con los lectores de esta casa, reuní varios de los textos adelantados a la prensa sobre la regulación asimétrica que se aplicará a las empresas que sean declaradas preponderantes y/o dominantes. Y fue así como supe de la existencia de este personaje de todos mis gustos. En materia de contenidos audiovisuales, el IFT plantea que los “contenidos audiovisuales relevantes” no podrán ser exclusivos de los agentes preponderantes, quienes tendrán que compartirlos con su competencia. Y sabiamente incluye, entre estos contenidos relevantes, a... ¡Los play offs de la Liga Mexicana de Beisbol del Pacífico! Imposible no amarlo. No más links hackeados y pirateados para ver el mejor beisbol de México y al campeón de la Serie del Caribe, los Naranjeros de Hermosillo.

Y una vez hecha esta confesión, muy apropiada para el empalagoso fin de semana que acaba de pasar, acudo en ayuda de la Suprema Corte de Justicia, que tiene ante sí la controversia constitucional promovida por la Presidencia de la República contra actos del juez 32 del DF, que pone en duda las facultades del IFT para resolver sobre la retransmisión gratuita de contenidos audiovisuales por los operadores de televisión de paga. El tema parece complicado, pero no lo es. La obligación del must offer, es decir, de ofrecer gratuitamente la programación de los canales que la autoridad regulatoria declare como sujetos al must carry (la obligación de retransmitirlos gratuitamente) ha generado molestia y hasta histeria —un término que, por culpa de Freud, injustamente sólo se asocia con las mujeres— entre los radiodifusores, por la misma razón que los franeleros y vagoneros se organizan, protestan y luchan por mantener sus esquinas y territorios: por lo que consideran derechos adquiridos.

Pero lo que se reclama como derechos adquiridos no son derechos legítimos. Fruto de la falta de autoridad, franeleros y vagoneros han construido por décadas un modo de vida, perciben la calle y el Metro como suyos, saben que están violando la ley, pero creen que es por defecto de ésta. En el caso de la televisión, por debilidad o franca ausencia  de la autoridad regulatoria, no se había aplicado en México la obligación de compartir contenidos relevantes y de retransmitirlos gratuitamente, como sucede en numerosos países que utilizan estas herramientas con fines de cobertura universal, fortalecimiento de la identidad nacional, inclusión cultural, etc. “Perderemos muchos millones de pesos”, argumentan. La verdad es que dejarán de ganar un dinero que no deberían haber cobrado porque sus contenidos ya se han pagado por la publicidad. Estaban acostumbrados a cobrarlo, lo consideraban un derecho y en ciertas circunstancias puede serlo, pero muy acotado.

Los costos de la programación de una televisora o radiodifusora incluyen, principalmente, salarios del personal, costos de producción y pagos por derechos de autor. En el caso de producción propia, los derechos de autor son de las empresas de televisión. Cuando se trata de adquisición de contenidos producidos fuera de la empresa, se incluyen las licencias, las modalidades y cronología para su reproducción. Las empresas cubren esos costos con los ingresos que genera la publicidad. Entre más audiencia tengan, sus tarifas serán más altas. La señal de la televisión abierta puede ser reproducida por cualquier aparato de televisión. Esta señal viaja gracias al espectro radioeléctrico, propiedad de la nación, que ha sido concesionado por rangos de frecuencias a los radiodifusores. Si imaginamos a la televisión de paga como otro televisor o como un conjunto de un millón de televisores, podemos entender por qué puede haber gratuidad en la retransmisión de contenidos por parte de las empresas de televisión de paga: su señal puede ser bajada gratuitamente, por eso se habla de una señal abierta. La retransmisión de su programación, incluyendo la publicidad, aumenta las audiencias para las televisoras (y estaciones de radio que reciban el estatus de must carry) y, por tanto, la posibilidad de generar más ingresos vía publicidad.

La obligación de ofrecer los contenidos gratuitamente a los competidores no preponderantes afecta el principio de exclusividad por el que las empresas pueden distinguir su oferta al público. Sin exclusividad, sucederá entonces que uno preferirá la transmisión que esté acompañada de la mejor narración o calidad de la imagen: ganaremos los televidentes. Con todo, de nada sirve que temporalmente gane el consumidor si a largo plazo pierden las empresas que recurren legítimamente a la exclusividad para diferenciarse y ganar la preferencia del público. Por ello, el must offer y el must carry deben implementarse ya, pero, como lo mandata la reforma constitucional, no deben ser permanentes y deben revisarse periódicamente, sobre todo en un contexto de rápido cambio tecnológico y cuando las fronteras entre las distintas formas de audiovisual van desapareciendo. Cierro este escrito con tristeza por la partida prematura de Federico Campbell, que además de ser un gran intelectual, era también un estupendo aficionado al beisbol. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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