El primer beso en serio y la competencia

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Cecilia Soto 10/02/2014 02:09
El primer beso en serio  y la competencia

“La trama de esa película es tan cursi y poco creíble que parece telenovela mexicana”. Así de sopetón me topé con la mala fama de la televisión mexicana en Brasil. “Novela meshicana” —los brasileños omiten el prefijo tele— es la expresión a la que se recurre cuando alguien cae en lo melodramático. Cursi, ramplón, de no creerse, de estética exagerada y anticuada: todo eso puede abarcarse con la expresión novela meshicana. La preocupación que anima a este escrito es si la competencia que promete la Reforma en Telecomunicaciones ayudará a quitarnos esa  bien ganada etiqueta. Aunque en el reino de los productos y servicios materiales no cabe duda que una mayor competencia puede y debe repercutir en más y mejores opciones para el consumidor, en el reino de lo inmaterial, representado por productos culturales, no todo lo explica la competencia.

Tomemos el caso de TV Globo y Televisa. Ninguna de las dos compañías enfrenta una competencia importante y, sin embargo, la calidad de la programación de la empresa brasileña es muy superior a la de la mexicana. Va un ejemplo: la última semana de enero, las primeras planas de los principales diarios brasileños y los temas más comentados de las redes sociales fueron acaparados por la incertidumbre de si el último capítulo de la telenovela Amor à vida incluiría un cierto beso. La noche del viernes 31, las pantallas de bares y restaurantes estaban sintonizadas en TV Globo y hubo porras, aplausos y algarabía especialmente en los bares gay, cuando Félix y Niko se besaron en la boca: el primer beso entre dos personajes gay en una telenovela de la cadena Globo, la tercera cadena de televisón del mundo. El tema del homosexualismo se había tratado en otras telenovelas, pero no había habido un beso —y que me perdone el Vaticano— como Dios manda. Compare usted esa osadía, la repercusión social profunda y mayoritariamente positiva en la sociedad brasileña, su acompañamiento en periódicos, columnas, programas de opinión y redes sociales, con la ñoñería tonta de la última telenovela de Televisa, en la que la protagonista, Gloria Trevi, prohíbe en su contrato que su galán la bese en la boca.

Para decirlo sin ambages: sin competencia importante, la TV Globo brasileña ofrece un producto de mucha mayor calidad a su audiencia que Televisa y Televisión Azteca juntas. La explicación primera sería que el nivel educativo y cultural promedio de la población brasileña es muy superior al de los mexicanos y que, por tanto, demanda mejores programas. Pero no: cultural y educativamente tenemos promedios muy parecidos. Más o menos el mismo promedio de años de escolaridad, muy pocos libros leídos al año y perfiles culturales no muy diferentes. No va por ahí la explicación.

Los intelectuales brasileños cuestionan el monopolio de Globo, como lo hacen los estudiosos en México con Televisa. Cuestionan su alianza pragmática con quien esté en el poder, sea de la tendencia que sea, su falta de crítica en el pasado a la dictadura y su esfuerzo en aquel entonces por ocultar movimientos masivos de oposición que se manifestaron hace 20 años, como el de Diretas Já, protagonizado por Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva. Con todo, Globo no es particularmente impopular entre los jóvenes, como sí lo es Televisa.

Una diferencia notable es la calidad de la producción y de los guiones que animan las telenovelas, miniseries y programas especiales de la empresa carioca. Un grupo de cinco o seis guionistas, dirigidos por un escritor de prestigio, lleva la responsabilidad de la historia, casi siempre original, pues Globo se ha prohibido hacer remakes de novelas que triunfan en otros países y sólo muy ocasionalmente ha hecho remakes de series suyas. Las telenovelas se anuncian no por el productor o el artista principal, sino por el autor de la historia, tal es la importancia y fama de quienes la escriben. Una popular artista mexicana, con tránsito aquí y allá, calculaba que Globo invierte por lo menos cinco veces más por capítulo que lo que invierte Televisa. Un ejemplo: por ser guionista exclusivo de Globo, un amigo mío, autor de dos buenos libros, gana 150 mil pesos al mes en los “meses muertos”, cuando no participa directamente en el guión de una telenovela, y 350 mil  durante los ocho meses que dura una telenovela. ¿Cuánto ganarán los guionistas en México?

Quizá la diferencia entre dos estilos de televisión tan diferentes se encuentre en la personalidad y espíritu empresarial de los fundadores y directivos de ambas empresas. Uno definió, estableció y exigió el “Padrón de Calidad Globo”, y otro decidió hacer televisión “para los jodidos”. Cuando se trabaja promoviendo o reforzando padrones culturales, uno puede ser víctima de su propio éxito.

Insisto: aunque indispensable, no basta la competencia para que mejore la oferta de contenidos para el público mexicano. Los legisladores responsables de las leyes secundarias en telecomunicaciones y radiodifusión deben pensar en sostener, promover, complementar y premiar la creatividad que abunda en nuestro país, fomentada por la horizontalidad que permite la banda ancha y las redes sociales. Incentivar la producción realmente independiente y que se multipliquen ejemplos fértiles como los de Argos y Canana. Lo que sigue no es una guerra contra Televisa. Por el contrario: es una batalla por llevar la belleza, la originalidad, el humor y los infinitos matices de la experiencia humana a los mexicanos. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasoto@gmail.com

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