Carta abierta a Bill Gates: queda vivo el peor mito

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Cecilia Soto 27/01/2014 01:39
Carta abierta a Bill Gates:  queda vivo el peor mito

Estimado Bill Gates:

La carta Gates 2014, titulada Tres mitos que frenan el progreso de los pobres es una iniciativa excelente que, me parece, busca la conquista de más aliados en la lucha contra la pobreza a través del desvanecimiento de algunos de los prejuicios más fuertemente arraigados en la opinión pública. Comentas que en el blog de la Fundación Bill y Melinda Gates y en tus frecuentes actividades públicas, seguido, recoges comentarios críticos o pesimistas respecto a la pertinencia o la posibilidad de éxito de las iniciativas de la fundación y los agrupas en tres mitos.

El primero, que los países pobres están condenados a seguir pobres. El segundo, que los recursos económicos que países y organizaciones donan a los países pobres son un desperdicio, y tercero, que salvar vidas conduce a la sobrepoblación.

Tengo la impresión de que tu carta está especialmente dirigida a la opinión pública estadunidense y muy especialmente a la influida por el Partido Republicano (te deseo suerte). Más cerca del Ecuador y debajo de éste, pocos creemos en el primer mito. Creemos firmemente en que la pobreza puede ser la excepción y no la regla en nuestras sociedades. Las estadísticas que muestras y las que documentan los esfuerzos de los países por lograr cumplir las Metas del Milenio son prueba de que el Mito 1 lo es. En cuanto al segundo, el que concierne a la ayuda externa, concuerdo en que bien dirigida, acompañada por gobiernos y sociedad civil, con buenos diagnósticos, operación transparente y rendición de cuentas, la ayuda externa cambia vidas positivamente. No es el remedio definitivo ni tú lo argumentas así, pero las iniciativas de la Fundación Gates y de varios de sus aliados respecto a las vacunas son inmensamente valiosas.

Es el tercer mito el que me preocupa: el de la sobrepoblación. En tu argumentación hablas de observaciones tuyas y de tus colegas que te llevan a concluir, correctamente, que es la economía en el sentido más amplio la que determina mayoritariamente las tendencias demográficas y no viceversa. La disminución de la mortalidad infantil lleva a que las parejas tengan menos hijos, pues hay altas probabilidades de que todos vivan y entre más se alargan los años que esa pareja o sociedad invierte para que esos niños se tornen seres productivos, más se modera la natalidad. Hablas de la educación en temas reproductivos y el empoderamiento de la mujer a través del conocimiento de su cuerpo y de los métodos a su alcance para decidir cuántos hijos y cuándo tenerlos, como herramientas a las que acuden las mujeres en cuanto se presenta algo de educación y mejora en los índices de salud. Hasta aquí, no podría estar más de acuerdo.

Con todo subsiste en tu argumentación la premisa fundamental de Thomas Malthus: la finitud de los recursos naturales, la idea de una “capacidad de carga finita” del planeta y la propuesta de que el crecimiento poblacional se pare, no por los métodos malthusianos del Banco Mundial de los 70, sino a través de progreso económico. Esto se trasluce explícitamente en el testimonio del experto sueco en salud pública Hans Roslin, que insertas en la carta. El doctor Roslin argumenta comedidamente y con gracia cómo el progreso en salud, alimentación y educación lleva a que disminuya el número de hijos vivos por mujer y que ya más de 70 países tienen un promedio de dos hijos por mujer, la tasa mínima de reemplazo que lleva al crecimiento cero. Es decir, argumenta Roslin: “El crecimiento poblacional global va a parar”.

¿Y por qué sería deseable que se estabilizara en diez u 11 mil millones de habitantes como predice Roslin? Porque subyace la idea de que hay que cuidar los recursos escasos, precisamente la premisa que está detrás de la tesis de Malthus sobre el crecimiento aritmético de los alimentos y geométrico de la población: el carácter finito y limitado de los recursos. Nunca una tesis tan llena de charlatanería hizo tanto daño.

Los recursos naturales no existen: son una invención humana. Existen los elementos de la tabla periódica y todos los compuestos a los que da lugar: la tierra arable, el aire que respiramos, etcétera, pero lo que los define como recursos útiles y hasta imprescindibles para la sobrevivencia de nuestra especie es la inventiva humana. El silicio o el sílice que ha cambiado la vida de millones de seres humanos con la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación y que ha sido tan importante para su empresa, apenas si servía para hacer cerámica y adornos de cuarzo hace algunos miles de años. Cada revolución tecnológica define y redefine un nuevo abanico de recursos.

Estrictamente hablando, hay un horizonte “infinito” de posibles recursos naturales pero ello no quiere decir que las oportunidades de crecimiento demográfico sean automáticamente infinitas. Hay muchas civilizaciones, culturas y etnias que han perecido, entre otras razones, porque han persistido en una era tecnológica y han agotado los recursos relativos a esa tecnología. Ese parece ser el caso de la desaparición de la gran civilización maya de Mesoamérica. Hay experiencias que vivimos cercanamente que magnifican el deterioro ecológico e impiden ver una mejoría global que hace posible sostener a siete mil millones de seres humanos con mejores índices de calidad de vida. No ignoro que los promedios ocultan tragedias de hambre y necesidades no satisfechas.

En la actualidad, cuando una revolución tecnológica sin precedente se ve acompañada de la invención de múltiples nuevos materiales y del redescubrimiento y abaratamiento de energéticos tradicionales como el petróleo y el gas, es arbitrario desear como meta que el “crecimiento poblacional pare”. Si Asia, América Latina y, sobre todo, África logran ser historias de progreso social y económico, ¿quién remediará el crecimiento poblacional negativo de Europa? Si el calentamiento global hace habitables grandes extensiones de la tundra, ¿quién las habitará?

El único recurso que importa —como decía el economista estadunidense Julian Simon— es la creatividad humana, que resuelve los retos y errores que comete nuestra especie al desarrollarse con los frutos de su genio. Habrá seguramente largos periodos de estabilidad demográfica; que ésta deba ser la meta aún no lo sabemos. Saludos cordiales a Melinda. Atentamente, @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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