Telecom: ¿Dónde está Jerry Maguire?

COMPARTIR 
Cecilia Soto 20/01/2014 01:47
Telecom: ¿Dónde está Jerry Maguire?

Hay demasiado drama asociado a la obligación próxima de rentar o compartir redes e instalaciones que la nueva autoridad regulatoria, el Ifetel, impondrá a las empresas que clasifique como preponderantes en los mercados de radiodifusión y telecomunicaciones. La reforma constitucional lo ordena, las leyes secundarias lo normarán más detalladamente y las empresas lo acatarán. La verdad, todo se reduce al famoso estribillo de la película Jerry Maguire,  en la que Cuba Gooding Jr. hace que Tom Cruise susurre, grite y vocifere hasta desgañitarse: “Show me the money!”. Una traducción aproximada sería  “Quiero ver la lana” o ya sin drama de telenovela: “Págame lo justo”.

En el caso de la telefonía y de la televisión de paga, la compartición de infraestructura obligará a las empresas declaradas preponderantes a rentar su redes a su competencia al precio que dictamine la autoridad. No cualquier parte de sus redes o servicios, sino aquellos que se consideren “esenciales” y que de hecho constituyen un monopolio natural, es decir, una parte de la infraestructura física que quizá no vale la pena tener duplicada. Por ejemplo,  sería antieconómico tener varias  redes de distribución de agua potable que lleguen a la misma casa. De la misma manera, hay partes de la infraestructura de las redes de telecomunicaciones y radiodifusión que pueden considerarse buenas candidatas a ser compartidas.

La idea de desagregar (separar en sus componentes) las redes de las empresas de telecomunicaciones históricas y obligarlas a arrendarlas baratas a sus rivales surgió en Estados Unidos con la Ley de Telecomunicaciones de 1996 y poco después se exportó a muchos países, a través de los acuerdos de la Organización Mundial de Comercio (OMC). El objetivo era facilitar las condiciones para que llegaran nuevas empresas, sin que tuvieran que invertir tanto, y propiciar así la competencia en beneficio del consumidor.

En el caso de la telefonía, el contexto en el que se aplicó esta ley en Estados Unidos, Europa y Asia partía de la realidad de que se trataba de redes de cobre pagadas originalmente con recursos públicos por empresas estatales que posteriormente fueron privatizadas. En su mayoría eran redes tendidas desde los años 60 que ya estaban amortizadas.

El caso de México es diferente. Una de las razones por la que se privatizó Telmex en 1991 fue porque el gobierno federal no podía invertir al ritmo que requería la expansión de la red. Como resultado, el promedio de espera para la instalación de una línea telefónica era de dos años. Aproximadamente 80% de la red de Telmex y su digitalización total se lograron después de la privatización, con una inversión privada que supera los 34 mil millones dólares. La segunda diferencia, y sin duda la más importante, es que la regulación que mandató la compartición de redes en los países desarrollados se realizó cuando una tecnología ya había madurado —la de las redes de cobre—  y no se excluyó a ninguna empresa de la convergencia tecnológica que permite que por una misma red se transmitan voz, datos y televisión.

Por ejemplo, en Francia, la empresa histórica France Telecom —hoy Orange— recibe por cada línea que renta a la competencia una interesante cifra de alrededor de 12 dólares pero, además, compensa los clientes que perdió, atraídos  por  tarifas más baratas de la competencia, con nuevos clientes a los que puede ofrecer triple play: internet, telefonía fija y televisión de paga.

En nuestro país, el reto formidable que enfrenta el nuevo regulador y que debe tomar en cuenta la redacción de las leyes secundarias de la Reforma de Telecomunicaciones es que la obligación de compartir redes se hará en momentos de transición tecnológica, cuando las redes de cobre están siendo sustituidas masivamente por redes de fibra óptica de Nueva Generación. Es decir, cuando las empresas, las viejas y las que quieren entrar al mercado, tienen que decidir si realizan grandes inversiones para tender Redes de Nueva Generación que permitan mantener el paso a la revolución tecnológica que exige transmitir cada vez más rápido más información. Cada 16 meses, las empresas proveedoras de banda ancha tienen que duplicar la capacidad de su red para satisfacer el crecimiento exponencial de la demanda de transferencia de datos.

En Estados Unidos, el regulador decidió en 2004 mantener la obligación de arrendar las redes de cobre, pero eximió a la redes de fibra óptica después de comprobar que la obligación de compartir la infraestructura, en medio de un recambio tecnológico, desincentivaba  la inversión. Como resultado, la penetración y extensión  de estas redes en Estados Unidos dejaron atrás a las europeas. En Europa, las Redes Nueva Generación han crecido poco porque las grandes empresas temen invertir y ser obligadas a subsidiar a su competencia mediante tarifas reguladas. En Japón, la regulación ha logrado lo contrario: la mayor empresa, NTT, ha aumentado su poder de mercado de 26 %, en 2002 a 70 %, en 2011, porque su principal competencia, las empresas de televisión de paga, han disminuido su inversión y, obligada a compartir sus redes, tiene que crecer.

La clave de la retracción de la inversión, tanto por parte de las empresas históricas como por las entrantes, tiene que ver con el método seguido por la autoridad para fijar los precios de las partes de la red a ser arrendadas. En general, las autoridades regulatorias parten de criterios de lo que debe ser y no de lo que es. Según los primeros, el precio por la renta de elementos de la red no debe incluir la perspectiva de recuperar los llamados costos hundidos, es decir, la inversión irreversible, aquella que por su naturaleza no se puede recuperar. Los expertos hablan de precios que miren el  costo futuro de construir una nueva red e ignoren las inversiones pasadas. Por ejemplo, en telefonía, los costos hundidos realmente lo están: son, entre otros, las zanjas y trabajos  que se realizan para enterrar la fibra óptica o el cobre y representan más de 60% de la inversión del tendido de líneas.

Pero las empresas toman sus decisiones de inversión no según el deber ser predicado por un libro de texto. Con la responsabilidad de pagar nóminas, impuestos y rendir ganancias a sus accionistas, las empresas deciden con un ojo en el pasado —sus costos hundidos— y otro en el futuro. El criterio de las autoridades regulatorias de los países desarrollados de no incluir los costos hundidos en el precio de los elementos de red arrendados ha sido muy cuestionado después de numerosos estudios sobre la falta de inversión en nuevas redes. Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en 2006, ha estudiado ampliamente las decisiones empresariales para invertir ante ganancias y pérdidas y documenta que para los empresarios, las pérdidas son doblemente más  determinantes que las ganancias. Realizar inversiones irreversibles en contextos de incertidumbre o con precios que no permiten compensarías enciende los focos rojos de posibles pérdidas. La obligación de compartir infraestructura concentra todo el riesgo en la empresa propietaria de las redes, pues las empresas entrantes pueden dejar de arrendarles en el momento en que el negocio deje de convenirles. Es una distribución asimétrica del riesgo que desincentiva la inversión en las empresas que más pueden hacerlo.

En México se presentan los retos de la transición tecnológica a las Redes de Nueva Generación y, al mismo tiempo, los de ampliar la penetración de la banda ancha fija y móvil en los sectores de bajos ingresos. La solución tiene muchas variables: alfabetización digital, mejora de servicios y mucha, mucha inversión para aumentar y mejorar la infraestructura . Quienes redacten las leyes y las autoridades regulatorias tienen la ventaja de poder aprender de 15 años de experiencia de desagregación y compartición de redes en otros países y cuidar que los éxitos a corto plazo no conlleven al fracaso a largo plazo.  Que las autoridades vean Jerry Maguire y las empresas se comprometan a invertir. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog ¡Sígame!

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

Comparte esta entrada

Comentarios