Estrategia digital gubernamental

El gobierno tiene mucho que hacer para incentivar la adopción y uso de las TIC, pero nada potenciará más su impacto que convocar a toda la sociedad y especialmente a los protagonistas del sector, a compartir y llevar a cabo juntos esta estrategia.

Dos semanas antes de cumplir un año en el poder,  se publicó  la estrategia digital del actual gobierno. Éste y los gobiernos que le precedieron tienden a confundir el gobierno federal con la nación, por ello, el documento lleva el título excesivo de  Estrategia Digital Nacional, aun cuando estrictamente se trata de una estrategia gubernamental para potenciar el papel del gobierno como agente catalizador del uso masivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC.

Esta no es una falta irremediable. Una vez publicada esta estrategia, el gobierno puede convocar al resto de los integrantes de la nación: los gobiernos estatales, los organismos en que se agrupan los municipios, los sectores económicos privados más activos en las TIC, universidades, centros de investigación y otros,  tanto para dar a conocer su estrategia como para construir juntos metas que puedan orientar claramente a estos sectores y constituyan una referencia para acompañar su cumplimiento.

Tanto el Programa para un Gobierno Cercano y Moderno como la mencionada Estrategia Digital, proponen metas nacionales para medir el avance del país en materia de adopción, uso e impacto de las TIC que no fueron consultadas con el resto de la sociedad. Ambos documentos adoptan como referencia el Índice de Digitalización construido por la consultora Booz and Co., y luego aplicado para América Latina por académicos de Columbia University. El Índice busca remediar el enfoque un tanto estrecho de otras herramientas de medición que se centran excesivamente en la adopción y penetración de la banda ancha y no tanto en el uso masivo de las TIC en la sociedad.

Esta herramienta encuentra, para variar, que México está en el último lugar de los países de la OCDE y, nos informa, en el quinto de América Latina. A la Oficina de la Presidencia encargada de este programa le parece que para 2018 México debería estar en el promedio de los países de la OCDE y en primer lugar en América Latina. ¿Por qué? Seguramente porque suena bonito.

El gobierno puede adoptar una meta para sí que mida, por ejemplo, el índice de trámites gubernamentales que se hacen vía digital y otros componentes del eGobierno, pero no puede adoptar una meta nacional sin que se comparta por los demás protagonistas de este sector tanto la herramienta de medición, el Índice de Digitalización desarrollado por Booz y Co., y se adopte o mejore o sustituya. Menos se puede imponer una meta nacida del ego como aquella de tener el primer lugar en América Latina. ¿Si un país pequeño alcanza para 2018 un índice mejor que el nuestro, habrá fracasado el gobierno de Enrique Peña Nieto? ¿Si América Latina no crece y somos los mejores dentro de los mediocres, eso le dará una medalla al gobierno? ¡Qué tontería!

Fuera de esta meta: subir de 37.05 puntos a 59.29; según este Índice, hay escasas metas numéricas en el documento publicado después de un año de trabajo. Con la notable excepción del sector salud, que incluye instrumentos y metas específicas claras, el documento especifica políticas públicas correctas y muy necesarias, pero rara vez detalla su instrumentación. ¿Habrá que esperar más?

La publicación de la Estrategia Digital coincide con la de otros dos valiosos ejercicios: la Encuesta de los Hogares sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información, del INEGI, y la encuesta sobre Hábitos y Percepciones de los Mexicanos sobre Internet y Diversas Tecnologías, que por quinto año realizan el Tec de Monterrey, Campus Ciudad de México y el World Internet Project, WIP.

La encuesta del INEGI confirma que, con o sin gobierno federal, la adopción y difusión de las TIC está creciendo en el país a tasas cinco o seis veces más rápidas que el crecimiento de la economía. A pesar del lento crecimiento del empleo y de su informalidad, a pesar de los bajos salarios, a pesar del PIB pírrico. Los mexicanos parecen no estar enterados del estudio de la OCDE que describe a un sector de telecomunicaciones paralizado por la falta de competencia y, por el contrario, crece vigorosamente aprovechando la competencia entre diversas plataformas, especialmente triple play en televisión de paga y banda ancha móvil que crece 49.7% en un año, gracias a la permeabilidad del celular.

El estudio del Tec/WIP es especialmente valioso porque tiene una metodología más acorde a la revolución de las TIC. Mientras que el INEGI, por protocolo, encuesta usuarios de 12 años en adelante, el estudio TEC/WIP considera todas las edades. Sólo en el tramo cuatro a 11 años detecta a 44% de usuarios de internet. Por ello, esta encuesta detecta una mayor penetración de la banda ancha, superior a 50%, que la que detecta el INEGI y un mayor número de usuarios, 61 millones.

Ambas encuestas confirman mis sospechas de que el diagnóstico sobre el que se construyó la reforma de telecomunicaciones está equivocado: el sector tiene un problema más de demanda que de oferta. Y no podía ser de otra manera en un país con tan bajos índices educativos. La encuesta del INEGI pregunta a quienes no tienen computadora la razón de ello; 60% alude a razones económicas. En la del Tec/WIP se les pregunta por qué no son usuarios de internet y la respuesta concuerda con el grave problema del analfabetismo digital que tenemos: porque no les interesa o no creen que les resultará útil. La económica aparece apenas en quinto lugar.

El gobierno tiene mucho que hacer para incentivar la adopción y uso de las TIC, pero nada potenciará más su impacto que convocar a toda la sociedad y especialmente a los protagonistas del sector, a compartir y llevar a cabo juntos esta estrategia. Nos vemos en twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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