¿Por qué no se besan Aurora y Enrique?

En el esperado final de la telenovela Libre para Amarte, después de superar todos los obstáculos predecibles en una novela la mala que se interpone, los peligros que acechan al galán, etc. la principal pareja romántica, Aurora y Enrique, finalmente se casa. Las ...

En el esperado final de la telenovela Libre para Amarte, después de superar todos los obstáculos predecibles en una novela —la mala que se interpone, los peligros que acechan al galán, etc.— la principal pareja romántica, Aurora y Enrique, finalmente se casa. Las expectativas de los televidentes se van colmando al cubrirse cada una de las etapas de una boda. Primero él, que la espera todo nervioso y derrochando galanura; ella, que llega radiante con un vestido que tiene todo lo que una novia ha soñado y que no alcanza a discriminar: encaje bordado de pedrería, metros y metros de raso en una falda amplia, gracias a la crinolina que recuerda a la infancia, larga cauda anudada por un gran moño, tul y más tul en el velo, tul que presagia el merengue blanco del pastel que pronto se degustará en el banquete. El novio, alto y guapo, contrastando la piel bronceada y los coquetos rayitos rubios en el cabello, un verdadero regalo visual. Ella llega al pórtico de la iglesia mientras las campanas repican suavemente el Canon de Pachelbel, pero camina hacia el altar acompañada por la marcha nupcial de Wagner.

Los televidentes sonríen y esperan a que terminen los votos para que llegue lo que tanto han imaginado: el ósculo, es decir, el beso. No cualquier beso, el beso en la boca bien dado y ahora santificado. Pero en vez de beso, cada vez que la cámara los enfoca con las caritas de lado, como si se acomodaran para el encuentro de los labios, los protagonistas hacen un juego de interculturalidad y frotan sus naricitas, al estilo esquimal.

Los televidentes se arman de paciencia, consultan sus relojes y comprueban que faltan todavía unos minutos para el final, a lo mejor se besan en el último cuadro. Enrique le tiene una sorpresa y le regala un viaje en helicóptero para que ella recorra desde el aire la ciudad que tantas veces recorrió al volante de su taxi cocodrilo. Sí, ahí la tiene que besar y acercan las caras varias veces, y al televidente se le suben las hormonas y anticipa el gozo del beso, pero en todos los intentos de acercamiento, los labios se evitan y se repite nuevamente el beso esquimal, frotando las narices con delicadeza y pudor. Finalmente, como concesión a la teleaudiencia, Aurora se lleva los dedos a los labios, deposita en éstos un ósculo y los lleva a los de Enrique. Besito por correo manual.

¿Por qué no hubo beso, beso occidental, en los labios? Mi hipótesis es que ésta tiene que haber sido una exigencia de la intérprete de Aurora, Gloria Trevi. Un beso en la boca, algo que niñas, adolescentes y adultos esperan desde hace generaciones, símbolo del final feliz desde los cuentos filmados por Walt Disney, que terminaban con un “y vivieron felices para siempre”, hasta nuestros días de sexo explícito, sólo pudo estar ausente por mandato escrito, especificado en el contrato. ¿Lo impondría el galán? No lo creo, por el contrario, un beso aumentaría sus bonos y expectativas entre sus fans. ¿Le importaría a Gloria Trevi? Probablemente no a la Gloria Trevi  intérprete de Pelo suelto, sí a Gloria joven madre de dos niños pequeños, que lucha con éxito para reinventarse y dejar atrás un capítulo doloroso de su vida.

Ya sabemos que el famoso instinto materno es resultado de la combinación de un poderoso baño de hormonas que envuelve el cerebro femenino en ocasión del parto y una intensa cultura en torno a la figura de la madre, especialmente la mamacita mexicana, hipotéticamente toda amor y entrega. Naturaleza y cultura magnificando un instinto protector y un deseo por mejorar al mundo que rodea a las crías.

Si la chica transgresora del Pelo Suelto hoy pide —como lo imagino— incluir en sus contratos cláusulas que desde su punto de vista no introduzcan un elemento de confusión sobre su figura en sus hijos, por qué no luchar por cuidar y defender a cientos, tal vez miles de jóvenes mujeres que aspiran a la fama. Si un beso en la boca le parece cuestionable, por qué no ayudar a derribar la aduana sexual asociada en tantas ocasiones a los castings para series de televisión y espectáculos en teatros y cines, por la que se obliga pasar a tantas jóvenes.

No se puede cambiar directamente la industria del espectáculo; ésta cambiará en la medida en que las condiciones de cuasi monopolio se debiliten, gracias a la competencia asociada a la revolución en los medios, el internet y a nuevas cadenas de televisión. Los llamados artistas “exclusivos” que hoy tienen que prestarse a toda suerte de indignidades, inclusive la de hacer videos en contra de la futura competencia, podrán dejar de ser semi esclavos y reivindicar el talento y el profesionalismo como  los elementos fundamentales de su contratación.

Lo que sí puede cambiar es el sentido de empoderamiento y orgullo de las jóvenes que se acerquen a la industria del espectáculo. Ahí es donde Gloria Trevi puede contribuir a un mundo mejor. Deslumbrada apenas adolescente por ese mundo, aisladas ella y sus colegas de la intervención protectora de sus familias, Gloria puede mandar hoy un mensaje poderoso que revele los pros y contras de la fama y la importancia de la transparencia y la verosimilitud en los tratos con promotores y contratistas. Un mensaje que enfatice la importancia de la independencia, el crecimiento del sentido de identidad y el valor asociado a la persecución de una meta fijada personalmente y perseguida a través del trabajo y la dedicación, y no una meta impuesta externamente por una industria que sólo tasa a las jóvenes por sus medidas y después de usarlas, las desecha. Gloria: tienes una deuda con tus admiradoras y ésta no se paga con autógrafos y buenos shows. Enséñalas a decir no. Y nos encontramos en Twitter para soltarnos el verbo: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasoto@gmail.com

Temas: