El nuevo concurso

COMPARTIR 
Carlos Ornelas 30/04/2014 02:23
El nuevo concurso

En el beisbol de las ligas mayores tienen un dicho para un lanzador novato. Cuando un bateador le pega su primer jonrón los cronistas le dicen, casi al unísono, “bienvenido a las grandes ligas”. Si es del equipo visitante, hasta lo anuncian en los carteles y lo celebran con fuegos artificiales.

La Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente hace su primera aparición en la gran carpa del sistema educativo mexicano. La Secretaría de Educación Pública, por medio de esa coordinación, lanzó las convocatorias para los concursos de oposición para el ingreso a la educación básica y media; con éstos se pone en juego el Sistema Nacional de Registro del Servicio Profesional Docente. Espero que los chapuceros que siempre encuentran la rendija para colarse no le peguen un jonrón a la coordinación; sería un precedente nefasto, más que el que le acomodaron a Josefina Vázquez Mota en el primer concurso, de 2008; no había antecedentes.

La SEP haría bien en no cantar victoria anticipada. Cierto, hay nuevas reglas del juego, las camarillas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación fueron despachadas a las regaderas, ya no son parte convocante, como en los tiempos de la Alianza por la Calidad de la Educación, pero siguen gobernando en buena parte del territorio de la educación básica; tienen colonizadas las dependencias de educación de los estados. Y esas camarillas se saben todos los trucos: sacar de balance al lanzador, usar bates con corchos, invadir el plato, intimidar al “ampayita” y son expertas en robarse las bases y hasta el homeplate. De veras que tienen experiencia. Forman el equipo del compadrazgo.

Para que el equipo del mérito gane el juego se necesita algo más que reglas claras y buenos lanzadores; hay que conocer el terreno de juego, tomar la ventaja, entrenar bien a los árbitros y, sobretodo, tener más jugadores competentes que se desplacen bien en el campo y le pongan ánimos y profesionalismo a cada partido, así como que sepan jugar en equipo. Esto es crucial.

Hay algo que no concuerda del todo en el equipo del presidente Peña Nieto: los gobiernos estatales. No sólo por estar colonizados por los fieles del SNTE, sino porque los gobernadores no se sienten parte del equipo; perciben que el Presidente, el manager, no los toma en cuenta, no les pasa bien las señales, no confía del todo en ellos, hasta les quitó guantes, bates y pelotas (desapareció al Fondo de Aportaciones a la Educación Básica); vamos, no tiene un pícher de relevo en todo el plantel. El coach de tercera base (Emilio Chuayffet) no tiene el apoyo decidido de los otros asistentes del manager. En suma, el riesgo de recibir un jonrón o hasta una paliza es latente y real. Al equipo contrario no le importa hacer trampas, está acostumbrado a ganar a cualquier costo y, como dice la canción, cuando pierde arrebata.

Pero el manager, el coach y el pícher del equipo gubernamental le han apostado fuerte al primer partido, conocen las reglas, buscan aficionados que los apoyen, como Mexicanos Primero y otras organizaciones civiles, tienen cierta porra entre los analistas, cansados ya de tanta trapacería que hacen los chapuceros del SNTE. Esperamos que el debut de la coordinación sea un éxito, que entre con el pie derecho y, de ser posible, lance un juego sin hit ni carrera.

Espero que la SEP entregue cuentas claras de este nuevo concurso, es fundamental para la legitimidad de la reforma que impulsa el presidente Peña Nieto y para la educación nacional. ¡El mérito por sobre el compadrazgo!

Retazos

Por profesión y simpatía, el personaje de Gabriel García Márquez más entrañable para mí, aunque tal vez poca gente lo rememore, fue Melchor Escalona. En Cien años de Soledad, el Gabo escribió: “Fue también por esa época que se restauró el edificio de la escuela [en Macondo]. Se hizo cargo de ella don Melchor Escalona, un maestro viejo mandado de la ciénaga, que hacía caminar de rodillas en el patio de caliche a los alumnos desaplicados y les hacía comer ají picante a los lenguaraces, con la complacencia de los padres”.  Cuando leí el pasaje por primera vez sentí un escalofrío en la columna y me hizo recordar a una maestra que tuve en primaria. Ya no tropecé con don Melchor en alguna de las otras novelas o cuentos de García Márquez que leí.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red