El eslabón débil: los gobernadores

Quienes gobiernan en la educación básica en los estados son cuadros fieles del sindicato...

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Carlos Ornelas 05/03/2014 01:55
El eslabón débil: los gobernadores

En mi artículo del 8 de enero de este año, donde fijé a grandes rasgos mi posición sobre la Reforma Educativa del presidente Peña Nieto, apunté que los gobernadores de los estados no tienen ningún incentivo para apoyar las reformas; la recentralización del pago de la nómina los aliena del proceso. Parece que la tesis se confirma y que el gobierno central lo sabe, pero hasta donde diviso el panorama, nada más convoca a los mandatarios de los estados a que asuman sus responsabilidades. Pero no percibo que se les ofrezcan incentivos para que lo hagan.

En ocasiones, es conveniente tratar de encontrarle la cuadratura al círculo. Se sabe que es imposible, mas se pueden imaginar vías que salgan de los esquemas de pensamiento rutinario. Me puse a pensar qué les puede ofrecer el gobierno federal a los estados con el fin de ganarlos para su causa y no encontré la forma de resolver el aprieto. Las reformas en educación afectan los intereses de los gobernadores, les resta capacidades y no les deja más que agachar la cabeza. No atacan la reforma, no quieren al Presidente de enemigo, pero tampoco la defienden.

El secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, lo tiene claro. Lilian Hernández reportó: “Durante una conferencia inaugural que ofreció en el seminario La Reforma Educativa en México, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Chuayffet señaló que uno de los grandes pendientes en la educación del país es que los estados recuperen la rectoría de la educación, la cual ‘no es sinónimo de monopolio estatal, la rectoría implica la toma de decisiones fundamentales sobre la forma en el qué, cómo y cuándo de la prestación de un servicio público’”. Luego hizo la convocatoria: “… llamó a los gobiernos locales a que asuman la rectoría y eviten que grupos sindicales como la CNTE o el mismo SNTE decidan las acciones de la política educativa” (Excélsior, 12 de febrero).

El lenguaje del secretario fue transparente. Quienes gobiernan en la educación básica en los estados son cuadros fieles del sindicato, en la mayoría de la corriente dominante y en otros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Pero a fe mía que esas llamadas a cumplir con sus responsabilidades no convencen a los gobernadores. No se les ofrece algo para ganar; cualquier cosa que ellos hagan se encuentran en un esquema de perder-perder. En parte es su culpa: dilapidaron el control de las nóminas, el fondo de aportaciones a la educación básica ya es historia, su finiquito les resta capacidad de maniobra (algunos hasta temen que se les exhiba cuando comience la cacería de comisionados) y, si tratan de retomar la rectoría en sus estados, como se los pide el secretario, perderán amigos (que les ayudaron en sus campañas) y hasta servidores públicos que se pagan con fondos federales.

Allí está el eslabón débil de la política en educación. Al gobierno central le falta una correa de transmisión para llegar a los maestros frente a grupo. Cierto, hace sus esfuerzos con los foros para la discusión del “nuevo modelo educativo”, las campañas junto con los dirigentes del SNTE (cuyo mensaje no creo que llegue a los maestros) y el discurso del secretario, apoyado por el del presidente Peña Nieto. Pero es insuficiente. Para convocar a la acción política, dicen autores neoinstitucionalistas, se requieren de instrumentos e incentivos materiales y constantes.

Aquí veo un problema en vías encontradas. El gobierno central quiere —en verdad sí quiere— que la reforma tenga asideros institucionales firmes, reglas claras (ingreso y promoción al servicio docente y a puestos directivos), distribución del trabajo, cambios en las percepciones de los docentes y nuevas formas de ejercer la autoridad, pero enfrenta resistencias. Para vencer o al menos disminuir los obstáculos, el gobierno requiere del apoyo político local y, ahí está la vía en sentido contrario, los gobernadores no quieren.

No le veo futuro a un camino autoritario, pero los gobiernos locales no son de confiar. El gobierno central puede imponer estrategias, pero si no encuentra soporte político convencido, están destinadas al fracaso. ¿Cómo le hará la SEP para traer al carril a los gobernadores sin avasallar a los estados?

¡He allí el dilema!

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

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