Sí es posible

Thomas L. Friedman, en su columna del New York Times del 22 de octubre pasado, escribió acerca del secreto de Shanghái para que sus escuelas secundarias obtuvieran el mejor lugar en la prueba PISA de 2009. Concluyó que no hay secreto. Se debe al trabajo de los maestros. ...

Thomas L. Friedman, en su columna del New York Times del 22 de octubre pasado, escribió acerca del secreto de Shanghái para que sus escuelas secundarias obtuvieran el mejor lugar en la prueba PISA de 2009. Concluyó que no hay secreto. Se debe al trabajo de los maestros. Friedman ofrece pistas de otros asuntos de ese enigma. Ese resultado es fruto de tres décadas de inversión en infraestructura y educación, escuelas de padres para que apoyen a sus hijos y, lo que ratifica la postura de mi artículo de la semana pasada, el compromiso de los líderes políticos con la educación.

Tres casos recientes de buenas prácticas escolares y del papel de los maestros ratifican mi convicción de que en México es posible hacer muchas cosas bien. Talento, lo hay; buenas matas en el magisterio, abundan; lo que falla es el arreglo institucional que fabrica garbanzos de a libra; a veces venciendo escollos burocráticos que parecen insalvables.

El primero es el de los niños triqui que ganaron el campeonato mundial de basquetbol en Argentina. Además, lo hicieron jugando descalzos, ya que por la pobreza de las familias y la falta de apoyo no pudieron comprar los tenis. El segundo es el de la niña Paloma Noyola, de Matamoros, Tamaulipas, que a sus escasos 12 años, la revista Wired califica como la nueva Steve Jobs, por su aptitud para las matemáticas y su dedicación al estudio. El tercero es el de los niños de la Secundaria Técnica 67, en Santa Úrsula Coapa, en el Distrito Federal, que transformaron un basurero en un jardín y huerto ecológico.

En los tres casos el mérito principal es de los niños, mas fueron acompañados por maestros ejemplares; docentes que no se dejan vencer por las rutinas perversas que gobiernan al sistema educativo.

El maestro Sergio Ramírez Zúñiga tal vez no reciba bonos o ascensos por su participación en marchas y plantones que organiza la Sección 22 del SNTE, de Oaxaca, pero tiene el respeto y admiración de su comunidad. Este docente pone en práctica la máxima de Juvenal: mente sana en cuerpo sano. Los niños triqui no sólo son buenos para botar y encestar la pelota en el aro; son magníficos estudiantes. El promedio mínimo que deben tener para ser integrantes del equipo es de 8.5.

El “profe” de una escuela asentada en un basurero de Matamoros, Sergio Juárez Correa, enseñó a Paloma y a otros alumnos de su grupo (que también destacaron en la prueba ENLACE) con el método de Sugata Mitra, de poner computadoras al alcance de los niños y dejarlos que ellos experimenten, desafíen a su inteligencia y aprendan más rápido. El docente acompaña a los niños en su experiencia.

Okantomi Libertad Martínez, fue la maestra que guió a los estudiantes de la Secundaria Técnica 67, quienes por su labor ganaron un concurso nacional e irán a la Antártida en un viaje de estudios. Con lo conseguido y los aprendizajes que logren en ese viaje, los niños (y otros muchos alumnos más de esa escuela que se sienten inspirados por los cinco premiados) se echaron a cuestas nuevos retos ecológicos. Hoy, la dirección de la escuela, la Semarnat y direcciones de la SEP los apoyan.

Cierto, las reformas a la Constitución y las nuevas leyes que se derivan de aquéllas no afectan el trabajo en el aula. Pero tienen el potencial de forjar nuevos arreglos institucionales, poner cierto orden en el sistema educativo y limitar las prácticas corporativas y corruptas que son el pan de cada día en las escuelas. El gobierno enfrenta los retos de quienes se oponen a las reformas: la CNTE, pero también miles de docentes de base que están confundidos y temerosos.

Uno de los desafíos de mediano plazo es cómo transformar esos garbanzos de a libra en rutinas virtuosas; cómo apoyar a los buenos maestros, a los innovadores que, como Sergio Juárez Correa, se atreven a romper las inercias y a utilizar medios innovadores, aunque la norma y las reglas del juego no lo promuevan.

El secreto de Shanghái y de otros sistemas de educación que sobresalen por su eficacia y la calidad de sus servicios, no sólo son los buenos maestros, competentes, calificados y motivados para trabajar con niños. Es un arreglo institucional que hace del mérito la piedra angular y cuyos líderes políticos se comprometen de a de veras con la educación, no sólo con leyes y piezas oratorias.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

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