¿Por qué existen las madres buscadoras?

Las familias y amigos de aquellos “desaparecidos” son victimizados nuevamente, todos los días, cuando interactúan con fuerzas policiacas, judiciales y políticas que, en su mayoría, carecen de la caridad y empatía para quienes viven la incertidumbre y la desesperanza de encontrar con vida a sus seres queridos...

El pasado 5 de marzo, un grupo de mujeres que buscan indicios y pistas para encontrar a sus hijos, hijas, cónyuges y otros familiares, ingresaron a un rancho en la zona rural de Teuchitlán, Jalisco. Con la determinación y el valor que sólo una madre saca de su corazón y entrañas, se encontraron con una escena que destrozaría la voluntad y sentimientos de cualquier ser humano. Las madres mexicanas no tienen miedo de caminar al infierno donde se encontrarán con dolor, miseria, angustia y tristeza infinita en pos de saber algún santo y seña de sus seres queridos entre cientos de zapatos, ropa, artículos personales y restos humanos. A la entrada del Infierno descrito por Dante Alighieri en La divina comedia se leía: “Abandonad toda esperanza, quienes aquí entráis”; para esas mujeres, entrar a estos lugares es precisamente todo lo contrario: su esperanza crece y no hay nada que las detenga.

Desafortunadamente, la historia de México está llena de sucesos parecidos. Ya sea por conflictos estudiantiles y políticos —como las matanzas de Tlatelolco, Corpus Christi, Aguas Blancas y Ayotzinapa— hasta las fosas encontradas con centenas de cuerpos en áreas para disponer de los cuerpos de aquellos que se opusieron o ya no sirvieron al crimen organizado, ya sea por cárteles de drogas, tráfico de personas o hasta de políticos en contubernios con criminales para deshacerse de rivales y antagonistas. A esto, sumemos a las víctimas de la criminalidad “común” en ciudades y zonas rurales, aquellos que tuvieron la mala suerte de encontrarse en el lugar y tiempos incorrectos o los que se atrevieron a denunciar a criminales y abusadores. Los gobiernos en sus tres niveles (municipal, estatal y federal) generalmente hacen hasta lo imposible para no enfrentar la realidad y tratar de disminuir el daño político, en lugar de resolver los crímenes y solventar las razones de los mismos.

Las familias y amigos de aquellos “desaparecidos” son victimizados nuevamente, todos los días, cuando interactúan con fuerzas policiacas, judiciales y políticas que, en su mayoría, carecen de la caridad y empatía para quienes viven la incertidumbre y la desesperanza de encontrar con vida a sus seres queridos o, en el último de los casos, encontrar sus restos para poder cerrar las pesadillas que viven diariamente.

La principal función de los gobiernos es brindar seguridad personal, jurídica, de expresión y de credo de los ciudadanos y quienes viven en México. Nuestros gobiernos han fallado monumentalmente; la impunidad que supera 90% en el país ha cobijado el crecimiento de la violencia en cada rincón de nuestra nación. Desde el gobierno de Calderón, que emprendió su “guerra” contra el crimen organizado, liderada por Genaro García Luna (sentenciado por narcotráfico y delincuencia organizada en Estados Unidos), pasando por la indolencia, tolerancia y contubernio del sexenio de Peña Nieto, con su exsecretario de la Defensa detenido (y luego liberado a petición de AMLO) en Estados Unidos a petición de la Administración de Control de Drogas (DEA), hasta la política inherentemente criminal de “abrazos, no balazos” de López Obrador, quien, lejos de perseguir al crimen organizado, los cobijó, liberó (como a Ovidio Guzmán) y hasta visitó en Badiraguato, Sinaloa, para saludar a la madre y familia de Joaquín El Chapo Guzmán, pero que nunca se reunió con las madres buscadoras y le dio atole con el dedo (su especialidad) a los padres de los 43 de Ayotzinapa.

Las madres buscadoras existen ante la inoperatividad del gobierno, del abandono de ministerios públicos y policías investigadoras, de las dependencias federales y estatales creadas para ayudarlas a encontrar justicia y a sus seres queridos. Existen para dar un sentido a sus vidas, que están llenas de zozobra, tristeza y desasosiego; las madres buscadoras viven en su mejor día lo que el resto de nosotros consideraría el peor día de nuestras existencias.

Sobre todo, las madres buscadoras existen por el sentimiento más hermoso que en realidad mueve al mundo: el amor. Ese amor que trasciende más allá de la vida, las motiva, las lleva a enfrentar, lo mismo a autoridades corruptas o indolentes que a policías y criminales que se interponen entre ellas y sus seres amados. Ese amor que las lleva a arriesgar sus propias vidas para buscar entre los muertos a sus propios hijos. Por primera vez tenemos a una mujer y madre como Presidenta de México. Ojalá ella dé respuesta a esas valientes mujeres que, por amor, deambulan diariamente por un infierno, mientras buscan el cielo para sus hijos.

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