¿Cuánto vale la palabra de México?
Estas situaciones no son extrañas para quienes operan el comercio internacional. Estados Unidos y Canadá ya han tenido varias disputas entre ellos bajo las reglas del nuevo tratado, así que no es de extrañar que surjan situaciones de este tipo. Lo que debe de preocupar es que el manejo de estas delicadas situaciones sea llevado a cabo por improvisados
En las últimas dos semanas se ha discutido en medios políticos, sociales y comerciales las solicitudes de consultas en el marco del T-MEC por parte de los gobiernos de Estados Unidos y de Canadá al gobierno de México para dialogar las políticas energéticas proteccionistas que se han instaurado en esta administración. Nuestros socios argumentan que dichas políticas contravienen a contratos ya firmados y a cláusulas específicas del acuerdo comercial firmado por el presidente López. Este es el primer paso para solucionar controversias y, en caso de que los árbitros internacionales dictaminen que hay una contraposición a lo pactado, se implementarían sanciones económicas a las exportaciones mexicanas que algunos analistas pronostican que podrían llegar hasta los 30 mil millones de dólares.
Estas situaciones no son extrañas para quienes operan el comercio internacional. Estados Unidos y Canadá ya han tenido varias disputas entre ellos bajo las reglas del nuevo tratado, así que no es de extrañar que surjan situaciones de este tipo. Lo que debe de preocupar es que el manejo de estas delicadas situaciones sea llevado a cabo por improvisados o incompetentes. Mucho se ha comentado acerca de la respuesta inicial de López Obrador al anuncio de las consultas al utilizar el video de Chico Che Uy, qué miedo (probablemente sin permisos ni pagos de regalías para la disquera y a quienes ostenten los derechos de la música y letra). No es de sorprender esta actitud que le ha generado simpatías con el pueblo, desde aquel “Ricky Riquín Canallín” en el debate presidencial. Eso tal vez haya funcionado para ganarse votos, pero nos perjudica a nivel internacional, al demostrar una administración con falta de seriedad y, por ende, poco confiable en negociaciones, junto con la implementación de los compromisos ya establecidos.
El Presidente de México nos representa a todos: al firmar un convenio o tratado de cualquier índole está poniendo de por medio la palabra del país entero, autorizado por el Congreso. La reputación del país y de la administración en turno depende en gran parte del seguimiento y respeto a todos los compromisos que como nación hemos acordado, tanto internacionalmente como internamente. ¿Cuánto vale la palabra del presidente López? Al inicio de su administración hizo un compromiso de 100 puntos que estarían solucionados después de un año de mandato. Usted puede consultar este documento en presidente.gob.mx. Según sus propias palabras, sólo le faltan de cumplir dos de ellos: resolver la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y llevar a cabo la descentralización del gobierno federal. Es decir, ya cumplió con 98 compromisos.
Según ese documento, no se cancelaron las estancias infantiles, la prioridad han sido los pobres y los pueblos indígenas, se ha promovido la investigación científica y tecnológica a través de la coordinación del Conacyt, todos los mexicanos contamos con derecho a la salud, acceso a médicos competentes y medicinas como en los países nórdicos. No ha habido aumento en precios de gasolinas, gas y luz —sólo en la medida de la inflación—. Ya no hay amiguísimo, nepotismo ni influyentismo en ningún nivel de gobierno y las compras gubernamentales se llevan a cabo por convocatorias públicas, con observación ciudadana y de la ONU. Ya no hay impunidad, fueros ni privilegios de funcionarios públicos, y mucho menos robo de combustibles. Se da preferencia en las relaciones comerciales internacionales a países honestos y sin corrupción. Ya se vendió el avión presidencial y se impulsan las energías renovables como la solar y la eólica. Los proyectos federales no dañan el medio ambiente y se rescató el lago de Texcoco al mismo tiempo que se resolvió la saturación del AICM, ahorrando 100 mil millones de pesos.
Muchos políticos en campaña, aun después de ganar por voto popular, hacen promesas que en infinidad de ocasiones son imposibles de ser realizadas; algunas requieren de varias generaciones para desarrollarse y cumplirse. La diferencia entre los quijotes y los demagogos es la intención de hacer realidad esas promesas. Los primeros llegan a arriesgar la vida en el intento por cumplir, en pos de un ideal, y su palabra es su compromiso. Los demagogos, mediante concesiones, promesas, mentiras y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. ¿Cuánto vale la palabra de México?
