Una izquierda sin rumbo

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 30/01/2014 02:20
Una izquierda sin rumbo

“¿Cómo ves la política fiscal ahora que gobierna la izquierda?”, me preguntó un senador del PRD días después de la aprobación del paquete fiscal del año pasado. Estaba orgulloso. La eliminación de la consolidación fiscal, el aumento de tasas para quienes más ganan y un impuesto a los dividendos  habían sido algunas de las propuestas de su partido. Nunca antes había tenido el PRD tanto impacto en un tema de política económica.

Le respondí con otra pregunta: “¿Y ahora sí van ustedes a aprobar algo de la Reforma Energética?” “Nada que toque la Constitución”, me contestó.  Remató diciéndome que, además, no había condiciones para que pasara una reforma como la propuesta por el gobierno. 

El gusto les duró poco. Unas semanas después fue aprobada una reforma constitucional en materia energética mucho más ambiciosa que la originalmente propuesta por el Presidente.

Sin embargo, gracias a la Reforma Energética, la izquierda puede estar de acuerdo en una cosa: decir no. Incluso quienes en corto reconocen que el régimen energético vigente por décadas era peor que el aprobado en diciembre, van a hacer todo lo posible para echarlo para atrás. Por eso les urge la consulta popular. Si la hubiera, incluso perdiéndola, les permitiría movilizar a sus bases de cara a las elecciones de 2015 con un punto claro: el no.

Morena pretende ser un partido nuevo, pero trae un discurso viejo, aunque con algunas cursilerías originales. “No hay nada más noble y más bello que preocuparse por los demás ...”, dice su declaración de principios. El programa de acción de Morena pone al no a la Reforma Energética como uno de sus puntos centrales. El resto es una mezcla de críticas al neoliberalismo, propuesta de cambios de conciencia, desarrollo de una ética republicana y promesas de inclusión social. 

México lleva décadas creciendo poco. Sin embargo, la izquierda no ha podido articular una propuesta económica que vaya más allá de lugares comunes como luchar contra la corrupción y combatir la pobreza y la desigualdad. ¿Quién no está a favor de estos objetivos?

La izquierda no ha podido modernizar sus principios en temas como el energético, aunque no quede país en el mundo con un régimen energético tan cerrado como el que teníamos hasta diciembre del año pasado, y prefieren apoyar a un sindicato como la CNTE, aunque sea a costa de mejorar la educación de los niños de las entidades más pobres.

Están enfrascados en batallas del siglo XX sin haber reflexionado sobre qué implica ser de izquierda en el siglo XXI. Hoy los países compiten por la inversión, los empleos y el desarrollo de capacidades tecnológicas. Esto requiere Estados pragmáticos y eficaces, con un ojo en cómo ampliar la inversión y, si se es de izquierda, con el otro en cómo repartir mejor el crecimiento, sobre todo a través de mejores servicios educativos y de salud, aunque para lograrlo se requieren otros arreglos sindicales que los vigentes en México.

Hay muchos gobiernos de izquierda en América Latina, pero no hay modelo exitoso a seguir, ni Brasil, que tiene un sector petrolero más abierto que el recién aprobado en México. Cuba no es modelo para nadie, por más que la izquierda mexicana (y el nuevo PRI de visita de Estado a Cuba) no se atreva a criticar el descalabro económico del país ni sus recurrentes violaciones a los derechos de los disidentes. Tampoco tienen un modelo económico alternativo los dos grandes amigos de Castro y entusiastas distribuidores de recursos fiscales, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner. Tanto Venezuela como Argentina están en medio de un caos con una crisis devaluatoria e inflacionaria como las que experimentó México en los años ochenta. Han hecho tantos entuertos que la devaluación de la moneda no va a resolver el problema. Venezuela, por ejemplo, tiene una ley laboral que hace casi imposible despedir a un trabajador. El resultado es que nadie crea un nuevo empleo formal.

El único país de la región que ha estado creciendo de forma sistemática y con inflación baja es Chile. Salvo el presidente actual, Sebastián Piñera, esto lo han logrado gobiernos de izquierda, pero no son modelo para nuestra izquierda dado que en la práctica han sido más neoliberales que México. Con todo, es el país con menos niños en pobreza y con la mortandad infantil y materna más baja de la región. Muy por debajo de Cuba. Incluso México tiene una tasa menor en mortandad infantil y materna que Cuba, según datos de la CEPAL (http://tiny.cc/gkafax).

Haber tenido poder en 2013 hace al PRD corresponsable de los resultados que se obtengan con las reformas que propusieron. Por ello, este partido se tiene que hacer cargo de su Reforma Fiscal, la cual grava, entre otras cosas, a la tradicional rosca de reyes. También de la autorización de un déficit fiscal de 1.5 puntos del PIB. El PRD, fascinado con romper la disciplina presupuestal neoliberal, le dio al gobierno casi 245 mil millones de pesos, que no tienen costo recaudatorio, y que el gobierno los puede usar para ampliar su base clientelar o para promover a través de spots publicitarios las supuestas virtudes de la Reforma Energética.

Morena la tiene en un sentido más fácil. Cree poder decir que no a todo. Habrá que ver si es suficiente para que López Obrador pueda cumplir su promesa de hacer a su partido la primera fuerza electoral del país en 2015. Si no lo logra, ¿buscará renovar ahora sí su programa económico? Lo dudo.

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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