Una predicción optimista

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 09/01/2014 03:46
Una predicción optimista

Las predicciones económicas suelen fallar. Lo vimos hace un año. El promedio de los pronósticos de los analistas consultados por el Banco de México calculaban en enero de 2013 un crecimiento del 3.55 por ciento. Si nos va bien, habremos crecido 1.3. Pero me atrevo a hacer una predicción: este año creceremos por lo menos cuatro por ciento.

No tengo ningún modelo macroeconómico que respalde este número, aunque esto puede ser motivo de tranquilidad. Según el estadístico y escritor Nate Silver en su libro El ruido y el sonido, las predicciones económicas están basadas en modelos matemáticos bastante crudos que suelen utilizar muy malos datos, como el del crecimiento del PIB. Este indicador dice poco. Si el gobierno contrata más trabajadores, sube el PIB, ya que en el sector público no se puede calcular el valor agregado que genera un nuevo empleo, dado que no vende servicios, por lo que el PIB se calcula simplemente por el costo de los insumos, como es el costo de los trabajadores que emplea.  Además, con el paso de los meses se suelen revisar y ajustar con frecuencia los datos preliminares utilizados para hacer el pronóstico.

Mi predicción se basa en lo siguiente. El bajo crecimiento en 2013 se explica en parte por el retraso en el gasto público en el primer semestre. El gobierno gastó con más ánimo al final del año y lo hará con aún mayor ímpetu en este 2014. Si bien la Reforma Fiscal implica menos dinero para los consumidores (ya la rosca de reyes comprada este enero pagó 8% de IEPS) y hace menos atractivos algunos proyectos de inversión (por ejemplo, en minería), el déficit público programado para 2014 de 1.5% del PIB implica demanda adicional sobre la economía. Además, las expectativas creadas por la Reforma Energética atraerán algo de inversión nueva. Finalmente, Estados Unidos parece estar en franca recuperación y crecerá casi 3%, si es que no fallan los pronósticos.

Sólo unos cuantos analistas (los de Merrill Lynch, HSBC o CI Banco) esperan un crecimiento en México para este año por arriba de cuatro por ciento. El gobierno proyecta hoy 3.9% y el promedio de las expectativas de los especialistas encuestados por el Banco de México es de 3.4 por ciento. Después de la vergüenza de 2013, muchos parecen andar con cautela. Así pasó en 2010, cuando se esperaba un crecimiento de 3.3 y finalmente crecimos 5.5 por ciento.

Si creciéramos más de 4%, todos los actores políticos argumentarán que las reformas que promovieron sí funcionaron. La izquierda clamará que es el fruto de abandonar el rigor de la ortodoxia fiscal. El PAN dirá que es por las reformas estructurales, en particular la Energética, mucho más profunda que la propuesta original del gobierno gracias a sus demandas. Y el gobierno dirá que es resultado de su gran manejo y conducción del país.

Pero no habría razón para celebrar. Una golondrina no hace verano. Si promediamos el crecimiento sugerido para 2014 de 4% con el 1.3% de 2013, seguiremos con un mediocre crecimiento anual de 2.65 por ciento. Muy por debajo de lo que el país necesita.

Es un logro haber hecho la Reforma Energética. Si se aterriza bien puede ayudar a crecer, pero ésta sólo nos pone al nivel de otros países de la región, como Colombia y Brasil, países que desde hace décadas tienen regímenes energéticos mucho más abiertos que el recién aprobado en México. Brasil pensaba que podría crecer sostenidamente sin mejorar sus capacidades estatales. Ya se vio que no fue así. Lo que le falta a casi toda la región, quizás Chile es la excepción, son estados que funcionen y que no sean corruptos. México tiene que hacer dos cosas al mismo tiempo: aterrizar bien las reformas aprobadas y construir un Estado que funcione mejor.

Los políticos mexicanos no se cansan de decir que las reformas estructurales fueron de gran calado. En algunos casos lo son, aunque en exceso, como en telecomunicaciones. En otros casos, como la energética, es bastante profunda, pero hay tantos rezagos en el sector que las tareas pendientes son monumentales. Hay muchas otras reformas como la política, educativa, financiera, penal y en transparencia, que son también complejas y de difícil aterrizaje.

Pero el gobierno tiene que hacer que funcionen bien los servicios que provee: desde el IMSS hasta la recolección de basura. Debe también resolver tareas básicas como controlar todo el territorio nacional. Hoy grupos armados le disputan la soberanía de diversas formas, incluyendo la potestad impositiva. El cobro de extorsiones es una forma de tributo sobre los residentes en una zona similar al pago de impuestos, aunque con mecanismos de sanción mucho más efectivos para quienes no los pagan.

México es un país de ingreso medio alto. Si lograra crecer sostenidamente  por arriba de 4% anual podría acercarse en poco más de una década a los niveles de ingreso de los países de ingreso alto más pobres, como Portugal. Sin embargo, si uno compara a México con ese país la diferencia más notable no es el nivel promedio de ingreso de la población, sino la calidad de las instituciones. En un país como Portugal, éstas permiten un piso mínimo de derechos para casi todos los ciudadanos y servicios públicos que suelen funcionar.

Con las instituciones que tenemos hoy no hay forma de aspirar a ser un país de ingreso alto. Si me equivoco, y sin un deterioro importante en el escenario económico mundial, y no crecemos por arriba de 4%, tendremos que empezar a atribuirle a la fragilidad institucional y en particular a la inseguridad pública un mucho mayor costo económico del que le estamos asignando actualmente.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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