Locuras nacionales

Por el ladode los opositores a la reforma energética no hay datos ni estudios comparados, sólo la defensa a ultranza de un monopolio que nunca podrá por sí solo explotar nuestras reservasen hidrocarburos de lutitas y en aguas profundas.

Cada vez que en Estados Unidos alguien acribilla con un arma de alto poder a decenas de inocentes surgen voces por regular la venta de armas. Pero hay un amplio movimiento de derecha en contra de que se toque con el pétalo de una rosa la amplia libertad que hay para comprarlas. No aceptan ni prohibir armas semiautomáticas, similares a las que se usan en un conflicto bélico. Tampoco cambios menores en la ley, como certificar antes de vender las armas si el comprador tiene antecedentes criminales o desequilibrios mentales.

Para los opositores no se pueden violar libertades plasmadas en la Constitución política de Estados Unidos. Ésta dice en su segunda enmienda: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.” Como todo texto constitucional su significado depende de cómo se regule, aunque ni los más radicales están en contra de la prohibición de poseer armas nucleares. Fuera de Estados Unidos, suena absurdo tolerar tantos muertos por armas de fuego de alto poder. Hay formas racionales de regular la venta de armas. 

En medio de la tragedia por las tormentas en buena parte de nuestro país, López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas, junto con cinco notables, firmaron un acuerdo para decir que no “a las reformas de los artículos 27 y 28 de la Constitución de la República que propone el gobierno…”,  “a la iniciativa de reforma hacendaria…”, y a “la campaña mediática de linchamiento contra las justas luchas de los maestros…”.

Es reveladora su oposición a una reforma fiscal que incluye algunas de las demandas de la propia izquierda, aunque sí ponen énfasis en su manifiesto a un punto olvidado por el gobierno: la necesidad de cuidar y ahorrar los recursos públicos. Sin embargo, el objetivo de fondo es el no a la reforma energética.

El principio que defienden es no dejar que los privados, nacionales o extranjeros toquen nuestro petróleo. Si fueran consistentes con ese principio, no se podría vender el crudo a nadie, con lo cual habría que dejarlo en el subsuelo o procesar en Pemex todo el que salga. Suena extremo, pero para Cárdenas el mundo ideal es no vender una gota de crudo, refinarlo todo en Pemex, lo que significaría perder aún más dinero, dadas las ineficiencias de Pemex Refinación. Cárdenas dijo el martes que acepta la inversión privada en Pemex, pero es una suerte de engaña bobos. Sólo está dispuesto a permitir que los privados sean proveedores de insumos, no que inviertan directamente en exploración y producción, que es donde más se requiere. Hay muchas empresas felices con proveer más servicios a Pemex, suele ser un negocio redondo.

Para un extranjero nuestro debate petrolero es tan incomprensible como para nosotros el de la regulación de las armas en Estados Unidos. En cualquier país sensato la discusión se centraría en cuál es el régimen que maximiza la renta petrolera y dota de seguridad energética al país. Otros países lo han resuelto con una combinación de medidas: empresa pública, empresas privadas, contratos, concesiones… 

Por el lado de los opositores a la reforma energética no hay datos ni estudios comparados, sólo la defensa a ultranza de un monopolio que nunca podrá por sí solo explotar nuestras reservas en hidrocarburos de lutitas y en aguas profundas. Ni el mejor del mundo podría hacer todo lo que se espera que haga Pemex, y esta empresa es un conjunto de malas prácticas, exceso de personal, amplia corrupción... Pero si fuera tan buena como dicen sus defensores, en un contexto de apertura, Pemex mostraría rápidamente que puede ser más eficiente que las privadas.

La izquierda quiere seguir con el modelo más cerrado del mundo, y el gobierno, tras una fallida seducción de Cárdenas, se limitó a introducir en la Constitución la posibilidad de tener contratos de utilidad compartida en los cuales todo el crudo que se extrajera lo tendría que vender una paraestatal nueva, para que no lo toquen ni con el pétalo de una rosa los privados, una suerte de Conasupo petrolera, como la ha bautizado Luis de la Calle. Incluso críticos de la apertura como el académico Juan Carlos Boué, reconocen que el mejor modelo es el de las concesiones, bien hechas por supuesto.

El gobierno creía que existía alguna apertura en el sector que no sería criticada por la izquierda. No lo hay. Como tampoco hay regulación en la venta de armas en Estados Unidos que sea aceptable para los radicales de derecha. La diferencia es que en México el gobierno de Peña Nieto, junto con el PAN, tiene la mayoría de votos para hacer la reforma constitucional. ¿Por qué no mejor incluir en ella la posibilidad de dar concesiones? ¿Ganaría un solo adepto López Obrador por ese cambio? Lo dudo. Como es una reforma muy complicada el gobierno debe seguir las mejores prácticas conocidas, no andar inventando reformas barrocas y complejas, de lo contrario nos pasará como en la reforma laboral… un pasito para adelante y dos para atrás.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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