Negocios familiares
Un amigo tenía el típico negocio familiar donde lo común es tomar dinero de la caja para ir a comer con los cuates. También daba generosos descuentos a sus amigos.
El flujo del negocio daba para todo.
O eso parecía. El negocio ya no existe.
Muchas de las historias de corrupción
de nuestros gobernantes son versiones extremas de ese negocio. Meten la mano en el erario como si fuera propio.
O le venden barato a algún amigo o familiar un terreno propiedad del gobierno. El flujo daba para todo tipo de robo, dado el crecimiento de los recursos federales que fueron a dar a los estados en las últimas dos décadas. Además, para los gobernadores amigos, el aumento fue mayor, por la discrecionalidad que ha ejercido la Secretaría de Hacienda a través de diversas partidas. Cuando el flujo se empezaba a secar, recurrían al endeudamiento. En la mayoría de los estados donde el gobernador lo saqueó —al margen de su partido político, pues todos tienen a sus gandallas— la deuda se incrementó de forma notable.
Una parte de lo robado corresponde a servicios de consultoría, muy difícil de estimar su valor. A cambio de un supuesto estudio se pagan millones de pesos. Otra parte de lo sustraído era en servicios públicos, como el Seguro Popular, donde el beneficiario no sabe que tiene ese derecho y simplemente no protesta, quedándose sin un servicio fundamental. A veces eran aun más creativos, como en la llamada estafa maestra, el dinero se iba a un tercero que luego no prestaba el servicio contratado. Lo increíble es que no haya habido acusaciones internas por haber pagado por algo que no se recibió. Se tejió una red de corrupción entre funcionarios, amigos y parientes a la que le tocaba su moche.
Había esquemas de desfalco más elaborados. Uno que refleja la profundidad del problema y la planeación que involucraba fue cómo el exgobernador Borge despojó a más de uno de su propiedad. Registraban en la junta laboral local, controlada por un socio suyo, un supuesto despido injustificado y la demanda de reinstalación del empleado. La junta iba procesando el juicio con lentitud sin nunca informar al supuesto patrón de la demanda. Años después, el trabajador ganaba el juicio y se presentaba a reclamar la reinstalación y los salarios caídos. Como se había registrado un salario alto, las cantidades demandadas eran importantes. El supuesto patrón no tenía idea del juicio ni el dinero para pagar. Con una diligencia extrema, se remataba el predio para pagar el supuesto adeudo laboral. Lo compraba a bajo precio algún prestanombres, quien rápido lo vendía a un comprador de “buena fe”. Si el despojado tenía capacidad para litigar su caso, un tercero era ya el dueño del predio, “ingenuo” comprador del mismo, a quien no se le podía quitar, sin compensación, lo “suyo”.
Al leer las historias de horror de cómo saquearon a sus entidades, cuesta trabajo creer que exista una contabilidad pública. El negocio de mi amigo terminó con problemas con Hacienda, dada la ausencia de registros contables. Es, sin embargo, la frágil contabilidad pública la que deja un cierto rastro de las operaciones fraudulentas cuando llega al poder un adversario de otro partido político.
Como dice José Antonio Meade en uno de sus spots recientes, la mayoría de los mexicanos son gente buena. Lo increíble es cómo se pudo juntar tanta gente sin escrúpulos para poder organizar tal cantidad de robos en tantos estados. Lo increíble es la debilidad institucional. El gobernador puede hacer de las instituciones a su cargo lo que desee, sin protestas. Lo inverosímil es la fragilidad de los medios de comunicación locales que no sirven de contrapeso alguno y la falta de poderes locales sólidos como para poder enfrentar al gobernador criminal. También sorprende el silencio o complicidad de más de una autoridad federal.
Algunas lecciones nos dejan estas historias. La alternancia parece ser la mejor forma de romper las complicidades. No resuelve que el entrante no vaya a hacer lo mismo, pero aumenta el riesgo de sanción al gobernante saliente. Para minimizar el riesgo de que el nuevo mandatario crea poseer una suerte de negocio familiar por los siguientes seis años, hay tres temas centrales a resolver: primero, instituciones fuertes con autonomía del gobernante y encabezadas por individuos con probada solidez profesional y honorabilidad; segundo, medios de comunicación con ingresos no dependientes del gobierno como para poder ser contrapeso y sin una agenda política propia y, tercero, una sociedad civil con organizaciones sólidas y capacidad de movilidad suficiente como para enfrentar a un gobierno cuyo objetivo sea saquear. Se dice fácil, pero una elección es la oportunidad de que alguien se comprometa con propuestas que puedan transformar al país. Hasta ahora, no las he visto.
