Vivir de la política
¿Qué es mejor, tener políticos que vivan de la política o para la política? Los estudiantes mexicanos suelen preferir políticos que viven para la política. Esto, incluso, después de leer el ensayo de Max Weber “La política como vocación”, el cual explica que cuando sólo hay políticos que viven para la política, es decir solventes como para dedicarse a ello como un noble servicio a la sociedad, gobierna quien tiene recursos económicos.
Sólo si a los políticos de tiempo completo se les paga por su trabajo, se le abre a cualquier interesado la posibilidad de participar.
Weber no está pensando en el político corrupto cuyo objetivo central es enriquecerse. Weber tenía en mente a los generalmente honestos políticos alemanes. Los estudiantes mexicanos están pensando en los Duartes de este lado del mundo. Por eso su instinto es no querer políticos que vivan de la política.
Las campañas electorales en México parecen ser el momento donde surgen los pudientes capaces de dedicarse a la política sin cobrar por ello. El caso de la campaña de José Antonio Meade es revelador. Decenas de exfuncionarios han renunciado para irse a apoyarlo. En las altas jerarquías de su campaña, no sólo está el coordinar Aurelio Nuño, sino varios vicecoordinadores, como Eruviel Ávila, Javier Lozano (como senador no tiene ni que renunciar), Jaime González Aguadé, Alejandra Sota, Salvador Jara y Julio Di-Bella, por citar a los más conspicuos. Luego viene todo un enjambre de gente a su alrededor.
Sin embargo, las precampañas, según reportan, no cuestan mucho, ni la de Meade ni las otras. En el caso de Meade, el total gastado es de siete millones de pesos. Pareciera que el séquito alrededor del precandidato va en calidad de voluntario, salvo que su antiguo patrón les continúe pagando su sueldo, o lo haga alguien con recursos como apoyo a Meade. Es la hora para el periodismo de investigación de buscar en las nóminas del gobierno quién sigue cobrando, pero está trabajando en alguna campaña. Supongo no será el caso de los funcionarios de nivel alto, pero más abajo debe haber cada cosa.
Ahora bien, supongamos que son todos generosos voluntarios trabajando de tiempo completo, ¿no debería reportarse su valioso tiempo como un gasto de campaña? Si un rico empresario donara el trabajo de decenas de sus empleados para apoyar una campaña, se debe contabilizar como un donativo en especie.
Hay muchos casos de una generosa disposición para vivir de la política y no trabajar en nada más. El último cheque de López Obrador como funcionario público fue el 29 de julio de 2005, cuando renunció a la Jefatura de Gobierno capitalino para buscar la Presidencia. Sigue en ello. Seguramente ha cobrado algún sueldo de los partidos a los que ha pertenecido (ahora es más que eso, es su dueño), pero no se conoce su declaración de impuestos como para saber sus ingresos. Parece vivir para la política, aunque lo haga austeramente.
No sólo el robar es una muestra de que sobran políticos para quienes su objetivo es vivir de la política. Otra muestra de ello es la facilidad con que cambian de partido cuando no encuentran el ansiado futuro cargo en el partido en el que llevan toda su vida. El último ejemplo de lo anterior es el de Gabriela Cuevas. Desde el 2003 cuando fue electa diputada local ha tenido puestos de elección popular postulada por el PAN. Un panista hoy debe sentir que un pequeño grupo liderado por su exdirigente Ricardo Anaya, se ha quedado con el mando de ese partido y repartido los cargos entre sus amigos y los socios del Frente. Debe sentir una falta de espacios para sus legítimas aspiraciones. Sin embargo, no se fue con otro grupo de panistas a formar un partido que abandere los valores del PAN. Se fue a Morena para continuar siendo legisladora, como ya lo confesó López Obrador. Nada como vivir de la política, al precio que sea. Cuando no hay posibilidad de reelección la otra alternativa es heredar el puesto, como el exgobernador Moreno Valle, quien busca imponer a su esposa como candidata del Frente a la gubernatura en Puebla.
Hoy los políticos tienen mala fama en casi todo el mundo. No es una profesión fácil. Las expectativas de los ciudadanos, sobre todo, en una democracia suelen ser mucho mayores a lo que el mejor político puede dar. En ciertos puestos de altas competencias técnicas su sueldo es inferior al de su equivalente en el sector privado. A los políticos hay que permitirles vivir de la política, pero no como lo han entendido tantos políticos mexicanos, como una forma de servirse con la cuchara grande, en lugar de servir a la gente. Tampoco como un salto permanente de partido en partido con tal de agarrar cualquier hueso. La corrupción y el cinismo extremo de tantos políticos ha llevado a que en México el desprestigio de la profesión sea tan alto que ahora baste decir ser candidato independiente o ciudadano como una carta de presentación.
