Explicaciones de moda

Dicen que Trump sólo retiene la última idea que escuchó. Por eso sus asesores luchan por ser ellos los últimos en darle 
su punto de vista. Por lo mismo, amanecen aterrados, no vaya a ser que en la noche haya visto una noticia que lo haga cambiar de opinión.

Cuando los analistas políticos tratamos de anticipar el futuro somos parecidos. Nos quedamos con el último evento importante y, a partir de éste, empezamos a convencernos de cuál es el escenario más probable, en este caso, para las próximas elecciones presidenciales en México, la obsesión del momento.

Después de la elección federal de 2015, cuando el PRI ganó cinco de las nueve gubernaturas en juego y amplió su mayoría en la Cámara de Diputados, la conclusión dominante fue que al presidente Peña Nieto no le estaban costando ni los escándalos de corrupción ni los estudiantes presuntamente asesinados en Iguala. Había PRI para rato.

Tras el sorpresivo triunfo del PAN en siete de los 12 gobiernos estatales disputados en junio de 2016, la conclusión inmediata fue que el PAN y su presidente, Ricardo Anaya, serían los adversarios de López Obrador en 2018.

Antes de las elecciones de este pasado 4 de junio, el grueso de los analistas pensaba que Morena y López Obrador iban rumbo al triunfo en 2018, con parada exitosa en Toluca. Tras su derrota en el Estado de México y el distante cuarto lugar del PAN en ese estado, aunado a la derrota de éste en Coahuila, ahora domina la idea de que el PRI está en condiciones reales de disputarle a AMLO la Presidencia, a través de una política de dividir a la oposición y gastar todo lo que sea necesario para conseguir el triunfo.

Atrapados en el eco del último evento, es fácil olvidar la rapidez con la que cambian los electores. También el que las encuestas de intención de voto, antes de que se definan candidatos e inicien campañas, no dicen demasiado, a lo mucho el reconocimiento de nombre de posibles contendientes.

Hace 12 años, la ventaja de AMLO en las encuestas de intención de voto para el 2006 era muy amplia, de casi 15 puntos sobre el PRI, que iba en segundo lugar en las preferencias de los electores. El PAN, en su distante tercer lugar, no parecía tener la menor oportunidad de ganar la Presidencia. Felipe Calderón, como candidato del PAN, era igualmente impensable. Lo demás es historia.

Las elecciones presidenciales serán en un año. No el 3 de junio, sino el 1 de julio, dado un transitorio en la Constitución que aclara que en 2018 será el primer domingo de julio. Si en política una semana es una eternidad, un año es un lapso de tiempo donde se darán una infinidad de eventos cuyo impacto en las preferencias de los electores son imposibles de anticipar.

Las condiciones más favorables se pueden revertir rápidamente. El pasado 18 de abril, Theresa May, primera ministra del Reino Unido, anunció que convocaría a elecciones anticipadas para el 8 de junio. Tenía una mayoría absoluta en el parlamento electo hasta el 9 de septiembre del año 2020. Como todas las encuestas indicaban que May debía arrasar y lograr la más amplia mayoría de un partido político en ese país en décadas, disolver el parlamento anticipadamente parecía una decisión astuta, pero en las elecciones del pasado 8 de junio su partido perdió la mayoría. En ocho semanas de campaña, May se desplomó y hoy es vista como una política torpe y temerosa.

Las proyecciones que hoy podamos tener con respecto a las elecciones de 2018 son poco relevantes. Supuestamente, cuando un periodista le preguntó al entonces primer ministro del Reino Unido, Harold Macmillan, qué era lo que más temía como político, Macmillan contestó: “Los acontecimientos, querido muchacho, los acontecimientos”.

De acá a 2018 habrá muchos acontecimientos que pueden descarrilar la estrategia mejor armada. Además, los actores van cambiando en función de los acontecimientos y, con ello, modificando sus posiciones. López Obrador había dicho que iría solo, sin alianzas, rumbo al 2018. Ya está casi definido que irá con el Partido del Trabajo, ese mismo PT que perdió el registro en 2015, pero fue salvado por el PRI para obtener, a cambio, el apoyo del PT en la elección extraordinaria para gobernador en Colima, cuando su 1.77% del voto fue más que el 0.17% de diferencia de votos entre el candidato del PRI y el del PAN.

Para la contienda presidencial, el PAN y el PRD se preparan para tratar de armar un frente amplio de oposición. ¿Lograrán ponerse de acuerdo e ir juntos? ¿Terminará el PRD con Morena, a pesar de los insultos de AMLO contra la dirigencia perredista?

Hay tantas incógnitas no resueltas y acontecimientos impredecibles, que habrá que esperar hasta que estén definidos los candidatos, que puede ser hasta el mes de febrero, para empezar a tener una mejor idea de qué puede suceder el 1 de julio de 2018. Incluso entonces faltará lo más importante: las campañas. Éstas pueden defenestrar a un candidato que parece imbatible y permitir a alguien impensable volverse el futuro Presidente de México. No se aceleren.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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