La casa por la ventana
El gobierno y el PRI están decididos a hacer todo lo necesario para ganar le elección del Estado de México. La participación del gabinete en pleno repartiendo todo tipo de recursos habla por sí misma. También la repetitiva propaganda de los gobiernos estatal y federal promoviendo las acciones que supuestamente se han realizado en el estado. Hasta la obra del tren interurbano México-Toluca se presenta como ya casi terminada. Apuesto doble contra sencillo que no estará operando antes de que termine el mandato de Peña Nieto.
Menos visible es cómo ese reparto de recursos llega familia por familia, desde material para construcción hasta dinero en efectivo. El reparto como mecanismo central de la democracia mexicana sigue ahí, a pesar de las reformas puestas en marcha para evitarlo. Todos los partidos lo llevan a cabo, pero el PRI tiene mucho más dinero que el resto.
El INE estuvo en silencio bajo la excusa de que la campaña aún no empezaba. Ya emitieron una resolución crítica de las dádivas repartidas. Veremos si van más allá.
La maquinaria y operación electoral seguramente pasará a su fase menos obscena, incluso los candidatos han dicho que aceptarán un tope menor al de ley en relación con los recursos oficiales que pueden gastar. Ahora predominarán las promesas de repartir dinero si ganan la elección, y aquí todos los partidos tienen como límite su creatividad y honestidad.
El Estado de México es fundamental por el tamaño de su presupuesto y del padrón electoral. También por el deterioro de los indicadores de bienestar y la violencia que sufren sus habitantes. Sin embargo, el interés para ganar a toda costa va más allá de su importancia política y económica. Una de las particularidades de la transición democrática mexicana fue que la derrota del PRI a nivel presidencial no conllevó una derrota paralela en la mayoría de los estados, y más importante aún, al dejar la Presidencia no perdieron las ganancias económicas acumuladas durante las décadas en el poder. Tampoco terminaron en la cárcel. En los últimos años los niveles de lo permisible en materia de corrupción se fueron flexibilizando cada vez más, hasta llegar a los vergonzosos saqueos de ambos Duarte, Padrés, Borges y tantos otros, financiados además con una enorme y cara deuda. Esto ha llevado a que los entrantes gobernadores de oposición encuentren en sus estados finanzas públicas vacías. Por ello se concentran en tratar de meter a la cárcel a quienes gobernaron previamente el estado. Ya nadie quiere perder.
También ha sido visible la filtración en los medios de una acusación de supuesto lavado de dinero de la familia de la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota. En ella no parece haber evidencia de que las faltas sean de la candidata. Curiosamente estas mismas instituciones de procuración de justicia tan pendientes de los parientes de Josefina no detectaron la maquinaria de lavado de dinero de ninguno de los Duartes. Es curioso también que el PRI ponga la mira contra el PAN, y no contra Morena. Una hipótesis es que desean verlo en un tercer lugar. Un desplome del PAN en este estado afectaría su posición en la elección presidencial, con lo cual el PRI podría tratar de convertir la contienda en una entre Morena y el PRI, no entre Morena y el PAN, como se perfila hoy.
Con la estrategia de tirar la casa por la ventana no sólo se están jugando el poder en el estado, sino el poder ejercerlo legítimamente si triunfan. Con miras a la elección presidencial, hay tres escenarios principales. Uno: que logren ganar la gubernatura con un amplio margen y, aunque enturbien el proceso electoral del año entrante, habrán ganado la entidad más importante y por ello algo de espacio para el resto del sexenio.
El segundo: que ganen por un margen estrecho. Ante el exceso de recursos utilizados habrán puesto en riesgo el poder gobernar en el estado que sienten como propiedad privada, ya que habrá un largo pleito postelectoral, tanto en tribunales como en las calles. Polarizarán también la relación con los partidos de oposición el resto del sexenio y llegarán a la elección de 2018 con la sombra de la ilegitimidad de los procesos electorales en México.
El tercer escenario es que pierdan la gubernatura. Los resultados de las elecciones locales del año anterior sugieren que las encuestas fallaron sobrerrepresentando al PRI en unos cinco puntos porcentuales en promedio. A pesar de que también se gastó mucho en esas elecciones, el elector ha aprendido a recibir lo que le dan y votar, después, por quien le da la gana. López Obrador y Vázquez Mota le están recordando a sus seguidores que pueden recibir dádivas y luego ejercer en libertad y secrecía su voto. Si tirando la casa por la ventana pierden, el poder del Presidente entrará en una fase de un debilitamiento aún mayor que el actual y el PRI correrá el riesgo de irse en la elección de 2018 a un distante tercer lugar.
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
