“Nadie sabía que la política de salud podía ser tan complicada”

El lunes pasado, Trump por primera vez reconoció lo difícil que es gobernar. Al referirse a Obamacare, para cuya desaparición ya firmó un decreto presidencial, aunque no tiene aún definido cómo sustituirlo, dijo: “…es un tema increíblemente complejo. Nadie sabía que la política de salud podía ser tan complicada”. 

Ni en el reconocimiento de un problema puede dejar de dramatizar. Cualquiera medianamente conocedor del sistema de salud sabía que su promesa de reformarlo sin quitarle a nadie cobertura y a un menor costo era imposible. Obamacare resultó muy complicado dada la necesidad de tener que conciliar una provisión privada del servicio del aseguramiento y de los servicios médicos con el objetivo de lograr una cobertura universal.

Gobernar es enfrentarse a la complejidad. El discurso simplón es rentable en la campaña y para mantener a los seguidores contentos, pero inútil para gobernar. Entender la complejidad no es fácil cuando el Presidente no tiene paciencia para leer documentos técnicos, se guía por su instinto a la hora de tomar una decisión, y lo rodean fanáticos, como Steve Bannon, quienes están dispuestos a sacrificar muchas cosas en aras de lo que consideran es un valor superior, un país donde los blancos cristianos sean mayoría y fuera de la globalización que erosiona las fronteras nacionales.

Si gana esta visión racista, compartida también por el procurador general, Jeff Sessions, el gobierno de Trump impulsará políticas guiadas por esos principios sin importar las consecuencias. Incluso, para ellos el desorden inicial es señal de que están rompiendo con el odioso establishment. Por ello, van a hacer todo lo necesario para enfrentar a los indocumentados en Estados Unidos, como les llamamos nosotros, aunque son ilegales. Es por esa condición que son tan vulnerables. No les importa construir un muro que no hace sentido económico, ni tampoco que para contratar rápidamente más agentes fronterizos lo hagan evadiendo procedimientos como el control de confianza, ni carecer de gente para cubrir la gran mayoría de las vacantes laborales que van a dejar los deportados. Está por verse si lograrán imponerse sobre los intereses económicos que dependen de esos trabajadores baratos y si en la lucha presupuestal no hay quienes empujan por un gasto público más productivo que el muro.

El martes, en una conferencia de prensa, Trump anunció una disposición a legalizar inmigrantes que no tengan problemas serios con la justicia, para horas después, en su discurso frente al Congreso, regresar a una mayor dureza frente a los indocumentados. Trump se contradice en un mismo día sin ruborizarse.

Lo complejo de toda decisión política es, particularmente, evidente cuando se tiene que lograr la aprobación del presupuesto. Ahí se plasman las prioridades y se sustentan las fuentes de financiamiento de los gastos. El Presidente ha señalado que quiere aumentar el gasto en defensa en 54 mil millones de dólares y hacer un ambicioso programa de infraestructura a la par de disminuir las tasas impositivas. No queda claro aún cómo lo piensa lograr sin incrementar la deuda de forma importante. Ha dicho que no va a recortar los programas que más recursos cuestan, como Medicare. El gasto adicional lo piensa financiar con un mayor crecimiento resultado de sus políticas, que llevaría a mayores pagos de impuestos por parte de los causantes, y con recortes en el aparato gubernamental que a los republicanos no les gusta, como los relativos a la protección ambiental.

Creer que una baja importante de tasas impositivas se compensa con los ingresos de un mayor crecimiento económico es una ilusión. La película la vimos con Reagan y acabó en un déficit público alto. Veremos si los republicanos, quienes han sido celosos defensores de finanzas públicas sanas los últimos ocho años, le dejan pasar su propuesta, ¿o la disciplina fiscal era sólo un discurso mientras fueron oposición? No la tienen fácil. La coalición que llevó a Trump al poder requiere simultáneamente apoyar a los billonarios a pagar menos impuestos, subir el gasto en defensa y no cortar los gastos en salud del ciudadano de ingreso bajo.

El martes en la noche en su primer discurso frente al Congreso, Trump mandó señales de mayor conciliación frente a los demócratas y a sus aliados europeos, y pintó un panorama menos sombrío que en su toma de posesión. Pero repitió temas de siempre como que Estados Unidos perdió empleos por el TLCAN.

Veremos qué políticas específicas emanan de los discursos contradictorios de Trump y de la necesidad de tener que ir enfrentando la complejidad de cada uno de los temas en los que prometió cambios de fondo. Hasta ahora no hay ninguna reforma legal que permita ver la naturaleza de esos cambios porque sencillamente no parecen haberse puesto de acuerdo en los detalles de cómo gobernar.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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