El PR y el nacimiento del partido único
El Partido Republicano (PR) puede convertirse en lo que fue el PRI en sus años dorados: el partido único. El PR hoy controla la Presidencia de EU, ambas Cámaras, y en 31 estados tienen el gobernador y la mayoría de las cámaras estatales. Ello les ha permitido empezar a imponer aceleradamente su agenda conservadora.
El PR va a tratar de colonizar la administración federal con sus leales, a través del nombramiento de titulares contrarios a los objetivos regulatorios de ésta, como el caso de la Agencia de Protección Ambiental, cuyo nominado niega el cambio climático, y de la purga de los burócratas considerados liberales. Van a nombrar jueces conservadores, como el que ya propusieron como Ministro para la Suprema Corte. Les pueden tocar nombrar dos o tres Ministros adicionales. En las cortes federales de apelación hay un 12 por ciento de posiciones vacantes y el 24 por ciento de los jueces actuales, dada su edad, podría retirarse en los siguientes cuatro años.
Contra lo que se enseña en muchas escuelas de derecho, no hay una interpretación objetiva de la ley. Jueces conservadores van a tomar decisiones conservadoras. Menos común en Estados Unidos que en México, es que además se pudieran sentir obligados a defender los intereses de quienes los nominaron. Trump, lo cual es inusual en Estados Unidos, ha criticado a los jueces cuando no le gustan sus sentencias. Esta dinámica puede llevar al fin de la independencia del Poder Judicial.
El PR ha sido disciplinado hasta ahora. Ninguno de sus legisladores quiere pelearse con quien puede movilizar con un tuit al electorado más radical, el cual domina las votaciones en las primarias donde se definen los candidatos de cada partido. Además, si siguen unidos tienen una oportunidad de oro para imponer su agenda conservadora, desde temas sociales hasta fiscales. Quizás, una vez implementada esta agenda, los legisladores exhibirán una mayor independencia.
La autonomía del PR se verá o no más inmediatamente en temas donde sus principios han sido opuestos a los de Trump, como en materia de libre comercio y en política exterior. ¿Se sumarán, como busca Trump, a romper las reglas multilaterales con las cuales Estados Unidos logró reconstruir el mundo tras la Segunda Guerra Mundial a su imagen y semejanza, o se opondrán? No lo han hecho ante los inexplicables vínculos entre Trump y Putin.
El Partido Demócrata (PD) se encuentra en negación. Tan cerca del triunfo para luego ser borrado de las instancias donde se toman las decisiones. Parece satisfacerse con haber ganado el voto popular. No ha definido su liderazgo y el pleito entre los centristas y los radicales no se ha resuelto. La agenda proteccionista de Trump ha sido una demanda que comparte la parte más radical del PD, por lo que el Presidente puede tener en ellos un aliado si trata de derribar el TLCAN, para lo cual se requiere cambiar, a través de un voto en el Congreso, la legislación que hace al TLCAN posible.
Para el PD las elecciones intermedias en el 2018 pueden terminar siendo una pesadilla si no logran construir una estrategia eficaz contra Trump y si éste tiene éxito en generar un ciclo de expansión económica, apalancado en una Reforma Fiscal que le dé más dinero a los más ricos. El PD requiere una amplia mayoría para poder ganar la Cámara de Diputados y tiene más en juego en el Senado: de los 33 asientos que estarán en disputa, 25 son hoy ocupados por demócratas.
Los partidos únicos rápidamente empiezan a abusar de su poder. En Estados Unidos hay crecientes conflictos de interés entre sus gobernantes, empezando por los de Trump. Éstos alarman a los medios de comunicación serios, pero ello no ha tenido impacto entre la base republicana que se informa en otro lado.
Hay una gran diferencia respecto a los años del PRI clásico. La nuestra era entonces una sociedad poco polarizada. El nacionalismo revolucionario era la ideología dominante y había un crecimiento económico sostenido que permitía una cierta movilidad social. En Estados Unidos hay una polarización política no vista en un siglo. En esto se parece al México posterior a la elección del 2006.
Antes del triunfo de Trump se creía que el PR enfrentaría una crisis terminal por no haber logrado capturar a los grupos minoritarios que son el futuro demográfico de Estados Unidos. Pero ganaron los blancos. Quieren usar su poder para transformar su país, entre otras cosas haciendo todo lo posible para retrasar el que los blancos se vuelvan una minoría. Si la incompetencia de Trump no los descarrila, podrán, quizás, durar un buen tiempo en el poder, ante el horror de esa mayoría de votantes que optaron por Clinton.
Lo que tiene Estados Unidos, a diferencia del México de la época clásica del PRI y aún ahora, son unos medios de comunicación fuertes y críticos del poder político, así como una vibrante sociedad civil. En ellos radica la esperanza de frenar el nacimiento de un régimen de partido único. La batalla apenas comienza.
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
