Chao, Virgilio
Renunció Virgilio Andrade. Se había tardado en dejar su cargo como secretario de la Función Pública. Fue el encargado de investigar a sus jefes y exonerarlos. Sus amigos dicen que es un hombre inteligente y un buen abogado, pero el puesto que aceptó requería la capacidad de enfrentarse con su entorno y no pudo hacerlo o no quiso. Dejará un legado lingüístico: hacerse el Virgilio.
La clave ahora del nuevo Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), promulgado el martes por el presidente Peña Nieto, es nombrar al frente de las distintas instituciones que lo conforman a individuos dispuestos a ir al límite en el cumplimiento de las obligaciones. Gente honesta y convencida de su tarea de luchar contra la corrupción, con autonomía frente al poder político, no sólo en la letra de la ley, sino en lo más profundo de su corazón, capaces de concentrase en su nueva encomienda y no pensar en su siguiente chamba.
Este Sistema forma parte del Pacto por México. La oposición al PRI, a cambio de las reformas que el gobierno quería, le impuso la creación de instituciones autónomas en la lucha contra la corrupción y en el combate a las trampas en las contiendas electorales, como la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade).
La Fepade ya está en funcionamiento. Sin embargo, el nombrado por el Senado para encabezarla, Santiago Nieto Castillo, no fue el adecuado. Nieto tuvo un destello de valentía, acusar al entonces subsecretario de Gobernación, Arturo Escobar, miembro del PVEM, por presuntos delitos electorales. El juez no giró la orden de aprehensión, con argumentos bastante endebles. Nieto ya no apeló y desapareció. Pasan las elecciones, se oye de todo tipo de artimañas y el fiscal Nieto… se hace el Virgilio. La semana pasada discretamente apareció entre la lista de quienes quieren ser magistrados electorales. Si gana, habrá que ver qué senadores votan por él. Será muy revelador.
Al promulgar las leyes del SNA, el presidente Peña Nieto fue, por primera vez, autocrítico con respecto a la Casa Blanca. En sus palabras: “No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente, por eso, con toda humildad, les pido perdón”.
El Presidente parece ya no creer que la corrupción sea un problema cultural, tal como la definió en una entrevista de televisión hace años. En sus palabras: “Estoy seguro de que en México habrá un antes y un después de este sistema. Con el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción trabajaremos para erradicar los abusos de quienes no cumplen con la ley…”. Aunque le tomó tiempo, es mejor que finalmente se haya disculpado públicamente y que diga que las instituciones pueden hacer la diferencia en la lucha contra la corrupción. Sin embargo, nunca antes un Presidente había tenido tan bajo nivel de aprobación, y para recuperar la confianza se requiere, entre otras cosas, que estas instituciones funcionen. No bastan palabras, se necesitan acciones.
Primero, impulsar y promover a la mejor gente para encabezar las nuevas instituciones. No buscar a personas cercanas a los intereses de su partido para que les cubran las espaldas.
Segundo, utilizar las instituciones que ya tiene para actuar decisivamente contra gobernadores salientes como Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo; Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz, y César Duarte Jáquez, de Chihuahua. Ahí está la investigación contra Elba Esther Gordillo como ejemplo de lo que puede hacer el gobierno cuando se lo propone. También están violando la ley los prestanombres que no podrán comprobar ingresos para justificar sus nuevas propiedades inmobiliarias. El gobierno debería apoyarse en autoridades de Estados Unidos. La evidencia que han logrado las autoridades de Texas contra exfuncionarios del exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, y contra él mismo, por presunto lavado de dinero, o contra dos exgobernadores de Tamaulipas, pareciera suficiente para iniciar acciones judiciales en México, cosa que no ha sucedido.
Espero que algunos de esos valiosos mexicanos y mexicanas que lucharon por la creación del SNA, a quienes tenemos que agradecer todo su esfuerzo, y otros igual comprometidos en la lucha contra la corrupción, estén dispuestos a trabajar en algunas de las posiciones que requiere el nuevo SNA. No es tarea fácil. La corrupción ha sido uno de los cementos más importantes del sistema político mexicano. La PGR ha mostrado ser alarmantemente incompetente. Los jueces, escudados en el debido proceso o bien aprovechando huecos en la ley, sueltan a cualquiera. Los intereses afectados se van a defender con las uñas. Los medios de comunicación pueden volverse sus enemigos por consigna de terceros. Finalmente, el salario de esos cargos no compensa el desgaste que conlleva trabajar en serio para hacer cumplir la ley ni los riesgos que ello implica. Sin la gente adecuada, el SNA no va a funcionar. Será más de lo mismo.
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
