La caballada
La caballada está flaca, dijo en 1975 el entonces gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa, respecto de los precandidatos del PRI para suceder a Luis Echeverría. Hoy, nuevamente, después de la elección del domingo antepasado, se ve en general flaca la caballada.
Las encuestas no sirven ni el día mismo de las elecciones. Menos a dos años de la contienda presidencial. Pero es la única guía que tenemos. Quien encabeza las encuestas entre los priistas es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. El exgobernador de Hidalgo, sin embargo, tendrá que cargar con la derrota de su partido del domingo antepasado. Ni la previó ni mucho menos supo evitarla. Para colmo, trae a cuestas el constante deterioro en las cifras oficiales de homicidios. El gobierno federal sigue creyendo que una reforma constitucional que establezca el Mando Único va a ser la solución. El riesgo de la administración actual es terminar aún con mayor violencia, lo cual implicaría una clara tendencia al deterioro. El gobierno anterior les heredó altos niveles de violencia, pero con una trayectoria a la baja. Finalmente, Osorio Chong tendría que explicar en campaña las confusas operaciones de inmuebles en las Lomas de Chapultepec que reveló Proceso hace algunos años.
El resto de los miembros del gabinete de Peña Nieto casi no figura en las encuestas. Entre ellos, el mejor posicionado es el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien enfrenta el impopular reto de imponer un profundo ajuste a las finanzas públicas y trae clavada la espina de su casa en Malinalco. El secretario de Educación, Aurelio Nuño, casi no pinta ante la opinión pública, por más que está haciendo un gran esfuerzo por hacer cumplir la Reforma Educativa. Tampoco aparece el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade, quien probablemente es el mejor calificado por parte de las élites económicas.
El presidente del PRI ya no es más un precandidato tras el descalabro del domingo antepasado y los errores en que incurrió ese mismo día en la tarde, inexplicables para un político de su experiencia. Salvo el exgobernador de Querétaro, hoy secretario de Agricultura, ningún exgobernador puede pretender ser candidato presidencial. Lo mejor que les puede pasar a varios es no terminar en la cárcel. Triste reflejo de una generación de políticos locales que tuvieron los recursos para transformar sus estados, por el ingreso petrolero y el desbordado endeudamiento en que incurrieron, y que sólo dejaron legado para sus propias familias.
En el PRD hay algunos potritos por aquí y por allá. Siempre hay aspirantes, como el gobernador de Michoacán, pero salvo quienes reciben dinero de su generosa mano, nadie cree que tenga oportunidad. El precandidato mejor posicionado en las encuestas es el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, pero su mala gestión, desde la crisis ambiental hasta los problemas crecientes de seguridad, no puede ser compensada con fotos en el momento en que entrega su propuesta de Constitución capitalina a la poco legítima y recién creada Asamblea Constituyente.
En Morena, el caballo es de todos conocido, pero luce algo cansado, es terco en las rutas que toma y ha dicho que no quiere, ni necesita, apoyo de nadie. No se ve fácil que pueda ganar, salvo en un contexto de enorme fragmentación del voto, que no es imposible después de lo que vimos el algunas entidades el 5 de junio y dada la frágil caballada de sus adversarios.
El único partido donde hay tres caballos un poco más corpulentos, sobre todo a raíz de la pasada elección, es el PAN. Margarita Zavala sigue siendo la puntera. Pero le falta mostrar que tiene sustancia y que se puede desmarcar de su marido. Rafael Moreno Valle, gobernador saliente de Puebla, tiene mucho dinero y le sobra voluntad de poder, pero no es fácil venderlo, no se ve simpático ni con photoshop. El presidente del PAN, Ricardo Anaya, es el ganador de la temporada, no sólo por el triunfo de su partido, sino también por su buen manejo ante los medios de comunicación, aunque le falta experiencia y es en principio el árbitro en la contienda de su partido. El PAN tiene ahora la tarea de escoger entre los tres, sin que haya muertos que arrastrar o desertores que se vayan por la libre.
Ningún independiente replicó en las elecciones recientes el éxito del Bronco en Nuevo León, con una larga historia priista, pero que logró capturar el hartazgo de la sociedad contra la corrupción y los partidos políticos. Más difícil aún se ve construir una candidatura creíble para la elección presidencial. Y salvo Jorge Castañeda, que está haciendo la tarea para intentarlo, el resto parece creer que puede ganar de milagro.
Éstos son los caballos que en este momento se vislumbran como los posibles contendientes en la carrera presidencial. Sin embargo, este escenario puede cambiar. Basta recordar que en 2004 sólo los parientes de Calderón creían que él podía ser el candidato del PAN.
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
