Administrado con las patas

¿Su vuelo está retrasado por tráfico aéreo en el aeropuerto capitalino? Es probable que suceda porque aterrizó un avión que transporta a un funcionario público o a un ricachón.El uso de pistas de aterrizaje, calles de rodaje y plataformas, conocido como el slot, es un insumo esencial para las aerolíneas. La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) se pregunta, en una investigación con datos del 2014, presentada hace unos meses, si se utiliza en favor del consumidor. La conclusión es que no..

Hay menos oferta de asientos, menos competencia entre las aerolíneas y precios más altos de los que tendríamos con mejores reglas de asignación de slots.

Hay mal uso por todos lados. La llamada aviación general, es decir, vuelos no comerciales, básicamente de aviones pequeños, no tienen permiso para aterrizar en la Ciudad de México, salvo cuando sean vuelos del Estado Mayor, en principio para el Presidente, aunque seguramente lo utilizan muchos otros funcionarios y las fuerzas de seguridad. El reporte, sin embargo, encontró “que hasta 13% de las operaciones por hora (aproximadamente ocho vuelos) en el Aeropuerto fueron de vuelos oficiales y de aviación general”.

Un verdadero escándalo. El privilegiado por encima del consumidor. Las autoridades del aeropuerto deberían publicar con regularidad los datos de las operaciones de aterrizaje o despegue de aquellos vuelos que no son de aviación comercial.

Otro problema es que las aerolíneas comerciales no usan bien el espacio que tienen. El 37% de los horarios asignados a las aerolíneas no se utilizó. Un vuelo cancelado una hora antes de su horario de salida, como sucede con mucha frecuencia, es un espacio desperdiciado que no puede usar un competidor.

El reporte afirma que hay “una gran cantidad de vuelos con un bajo número de pasajeros promedio”. Los vuelos nacionales, en promedio, traen 71 pasajeros. Los internacionales, 113. Aeromar desperdicia, como ninguna otra aerolínea, los slots que tiene. Para mover mil pasajeros requiere 50 slots. Aeroméxico, 13. Un slot utilizado por Aeromar para mover unas cuantas decenas de pasajeros podría haber sido usado para algún vuelo directo en avión grande a Oriente Medio, a donde no llega un solo vuelo directo.

Este mal uso de los slots le cuesta mucho al erario, quien es el dueño del aeropuerto capitalino. Un avión pequeño paga menos por aterrizar que uno grande y utiliza por más tiempo el elemento más escaso de un aeropuerto, que son las pistas de aterrizaje y rodaje, porque se desplaza a menor velocidad. El aterrizaje se cobra por peso. Se debería cobrar por tiempo usado, y con un castigo adicional si trae pocos pasajeros, con lo cual la operación de vuelos con pocos pasajeros sería menos atractiva para las aerolíneas. 

Hay otro factor que sorprende lo poco que importa: el ciudadano que no puede dormir bien por el ruido que generan a lo largo de sus descensos y ascensos. Esto no es tema del estudio de la Cofece, pero debería ser un elemento más a considerar en la operación del aeropuerto capitalino. En los países donde el bienestar del ciudadano importa, los aeropuertos suspenden operaciones por la noche. Heathrow, el aeropuerto más importante de la Gran Bretaña, cierra de las 11:30 de la noche a las 4:30 de la madrugada y propone extenderlo hasta las 5:30, para que les autoricen una tercera pista de aterrizaje.

En el aeropuerto capitalino las actividades no cesan. Incluso las autoridades del aeropuerto presumen que hay slots disponibles a las horas que otros aeropuertos suspenden operaciones, amén de que se utilizan los horarios de la noche para aterrizar aviones de carga, con equipos, en general, más ruidosos que los utilizados para mover pasajeros.

Las autoridades deben conciliar el bienestar de los consumidores con el de los ciudadanos. Las nuestras no logran ninguno de los dos. Se requieren reglas de asignación de slots que optimicen el uso del aeropuerto durante las horas de alto tráfico y reglas con respecto al momento de la noche, cuando deberán suspender actividades para no afectar el descanso de los capitalinos que viven bajo la ruta aérea.

Si usted es de esos pesimistas que cree que la clase política y los intereses económicos siempre estarán por arriba de los intereses de los ciudadanos y de los consumidores, ahora tiene una oportunidad de oro: presione para que se establezca el derecho a dormir bien y el derecho a consumir servicios aéreos a precios y calidades razonables en la llamada constitución de la Ciudad de México.

Seamos serios. Hay que cambiar la forma de asignación de los slots. Ciertamente, es un problema en todos los aeropuertos del mundo, pero se requiere que esta responsabilidad recaiga en un ente independiente al aeropuerto y que haga públicas sus resoluciones. Pero el problema de fondo, el saturado y pésimo aeropuerto que tenemos, sólo se resolverá con un nuevo aeropuerto. Éste, nos dice el gobierno, será inaugurado el 20 de octubre de 2020. ¿Usted le cree?

Twitter: @carloselizondom

Temas: