Derechos humanos para los poderosos

“Si los hombres fuesen ángeles, el gobierno no sería necesario. Si los ángeles gobernaran a los hombres, saldrían sobrando los controles al gobierno, tanto los externos como los internos. Al organizar un gobierno que ha de ser administrado por hombres sobre otros hombres, la gran dificultad estriba en, primero, habilitar a un gobierno con las capacidades para mandar sobre los gobernados y, luego, obligarlo a que se controle a sí mismo” (James Madison).

En México, el gobierno no se impone hoy sistemáticamente sobre los poderosos que violan la ley. No suele tener las capacidades para hacerlo y, en general, no tiene ni siquiera la intención de hacerlo.

Cuando algún gobernante decide actuar contra los poderosos, encuentra todo tipo de limitaciones. Una, nuestra Constitución dice que se deben respetar los derechos humanos. Este principio no opera en aquellas zonas del país, incluidas colonias pobres densamente pobladas en la Ciudad de México, donde la gente vive al arbitrio del crimen organizado. Sin embargo, la defensa de los derechos humanos se suele activar cuando el gobierno afecta a quien tiene poder. El ejemplo más dramático es la frecuente liberación de presos de alta peligrosidad, capaces de pagar un buen abogado y quizás otras cosas, porque, según un juez, se violó su debido proceso.

Sería mucho mejor tener un debido proceso impoluto. Pero soltar a un asesino que va a salir a seguir secuestrando y matando, es de una irresponsabilidad casi criminal. Hay una alternativa: el juez debe determinar en qué caso, con base en la fortaleza de las pruebas existentes, hay que soltar al preso y en cuál corresponde reponer el proceso.

Un ejemplo más reciente es la crítica al uso de Periscope, un sistema de video en línea. El llamado city manager de la delegación Miguel Hidalgo, Arne aus den Ruthen, lo usa para delatar a quienes violan los reglamentos capitalinos. Cuando lo usó para evidenciar a una señora que tiraba la basura en su condominio de clase media, no pasó a mayores. Cuando lo hizo para evidenciar la prepotencia de Raúl Libien, un empresario de los medios de comunicación del Estado de México, cuyos guaruras lo acabaron golpeando, aparecieron todo tipo de críticas al uso del Periscope, empezando por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

El primer argumento usado es que se viola la privacidad del ciudadano. Esto es absurdo. Arne no los videograba en su recamara, sino violando la ley en el espacio público. Como lo ha puesto José Antonio Aguilar: “Las salvaguardas de la individualidad, con lo importantes que son, no pueden ser empleadas para extenderle impunidad a los gandallas” (https://www.nexos.com.mx/?p=27805).

Nuevamente, en palabras de Aguilar: “Exhibir cómo se conduce un funcionario en ejercicio de sus atribuciones legales es perfectamente legítimo”. Que el city manager vaya por la calle grabando, incluso me parece que da garantías de que no abuse. Ahora bien, no todo tiene interés para la sociedad y, por tanto, no debe ser transmitido en vivo, pero todo debe estar disponible para verificar que no perdonó a un amigo que violaba algún reglamento. ¿Usted qué prefiere, un city manager encargado de velar por el espacio público que siempre videograbe o uno que vaya en lo oscurito negociando?

El otro argumento de los críticos es que el gobierno sólo puede hacer lo que tiene expresamente permitido. Es cierto. Pero también es cierto que el gobierno, en teoría, no puede presionar a los magistrados electorales para votar en cierto sentido y, sin embargo, lo hace, por citar uno de muchos ejemplos posibles de actos que no están permitidos y se hacen.   Además, como en tantos otros temas, no es evidente qué implica esto. Desde una interpretación liberal del artículo 29 de la Constitución, habría que pedir que se retire el Ejército de las labores policiacas que hoy realiza.

Si los medios de comunicación hicieran el trabajo de denunciar los abusos de forma consistente y sin importar quién es el abusador, no se requeriría Periscope. Si hubiera una historia de funcionarios delegacionales que han hecho su trabajo sin necesidad de usar estos métodos, estaría de acuerdo en limitarlos. Pero si nos preocupan tanto los límites al gobierno yo empezaría por muchos otros temas, por ejemplo, limitar el uso que hacen los gobernantes de los recursos públicos.

Big Sister, llama con humor Mauricio Merino a Xóchitl Gálvez, jefa delegacional de la Miguel Hidalgo. Pero Big Brother lo sabía todo. No lo compartía con nadie. Lo usaba para torturar a los disidentes. Arne tiene muy poco poder frente a los poderosos, dado que ese brazo del Estado, que es una delegación, no tiene capacidades para hacer gran cosa. Un poder que hoy tiene es exhibir a los gandallas para tener el apoyo de la ciudadanía. Si le prohíben el uso de Persicope se puede dedicar a lo que hacen tantos otros funcionarios, ir con chofer y guaruras a inauguraciones o impulsar una gran reforma constitucional que defina el uso del Periscope. ¿Usted qué prefiere?

Twitter: @carloselizondom

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