Todo el poder a los gobernadores

Los gobernadores son la parte más disfuncional del sistema político mexicano. Por ello, una parte de la agenda legislativa de los últimos tres años tuvo el objetivo de tratar de limitar su poder. Como gastan mal, ahora la Auditoría Superior de la Federación podrá auditar cada centavo federal que se les asigne. Por la misma razón, el Inai es hoy la máxima autoridad en temas de transparencia, incluso en asuntos locales.

Debido a que los gobernadores intervenían en las elecciones de sus estados, ahora el INE centraliza la organización de todos los procesos electorales. Debido a que se endeudan de más, ahora tendrán límites en la materia impuestos desde la Constitución. Como resultado de que no controlan la nómina de los maestros, ahora a éstos se les paga desde el gobierno federal. La lista de reformas que tratan de limitar el poder de los gobernadores, o compensar sus incompetencias, es mucho más extensa.

Sin embargo, en diciembre de 2014 el gobierno del presidente Peña Nieto presentó una iniciativa de reforma constitucional para concentrar el poder policiaco de los estados en sus gobernadores, a través del Mando Único. ¿Alguien en su sano juicio cree que el problema de seguridad en Veracruz se resuelve otorgándole al gobernador el Mando Único sobre todas las policías de su estado? Que levante la mano el valiente.

Tomando en cuenta que los gobernadores son un serio problema de nuestro sistema político, y atendiendo a la evidencia de que muchas policías municipales son muy débiles, es posible concluir que la solución es centralizar el poder. Sin embargo, la única implicación lógica sería crear una policía nacional. Un mando único de verdad.

Esto a los gobernadores no les gusta. Están felices con la idea del Mando Único en cada estado. Por su parte, el gobierno federal necesita una reforma constitucional para poder presumir que ha cumplido su misión. Con el apoyo de los gobernadores espera poderla aprobar este año.

Nada como una reforma constitucional para distraer al respetable de los problemas que enfrentamos en materia de seguridad. De 2011 a 2014 los homicidios cayeron. Pasamos de tener una tasa de 19.75 asesinatos por cada 100 mil habitantes a 13.08. Esto sin necesidad de Mando Único. En noviembre del año pasado, el secretario de Gobernación aseguró, ante un incremento en los homicidios en 2015: “Vamos a mantenernos, no hay mayor incremento, lo verán ustedes…”. La información confirma que el año 2015 fue peor que 2014. La tasa de asesinatos subió a 14.06 por cada 100 mil habitantes. Un aumento de 7.5 por ciento. En el Distrito Federal el aumento fue de 14.2 por ciento.

Lo razonable sería averiguar y discutir las razones de este aumento para tratar de corregir lo que no se hizo bien. Se debería discutir el papel del responsable en esta materia que, dadas las reformas en la organización de la administración pública con las que arrancó el actual gobierno, es el secretario de Gobernación. ¿Qué hizo mal? ¿Será que se concentró en buscar a El Chapo? ¿En qué entidades se recrudeció la violencia y por qué? Estas preguntas son fastidiosas y comprometedoras. Es mejor relanzar el Mando Único.

El Mando Único es una tontería. En la mayoría de las ciudades de nuestro país a las que voy, la gente me dice que es mejor la policía municipal que la estatal, así me pasó en Mazatlán la semana pasada. Como señaló recientemente Guillermo Valdés, exdirector del Cisen, hay casos de éxito de reformas de policías municipales, como el de Ciudad Nezahualcóyotl. Dos historias de triunfo en la lucha contra el crimen organizado de los últimos años, Chihuahua y Nuevo León, se lograron sin cambiar la Constitución ni desaparecer las policías municipales.

Nuevo León deberá mostrar que puede sostener esta mejora. Tendrá que sortear esa enfermedad nacional de no respetar las instituciones de seguridad. El Bronco, su nuevo gobernador, no mantuvo al secretario de Seguridad Pública del gobierno de Rodrigo Medina, quien logró revertir la crisis. Trajo a “su gente”, quien a su vez pone a la suya….

Lo que se necesita es fortalecer las policías existentes, capacitarlas, respetarlas, pagarles mejor, vigilar que no se corrompan, medir su desempeño y protegerlas del ciclo político sexenal o trienal. Sin embargo, esto implica trabajo, no vende en los medios de comunicación y, peor aún para ellos, si se hace bien, lleva a cuerpos policiacos a que el día que arresten a un amigo del gobernador, éste ya no podrá ayudarlo a salir libre.

Por esto, para la clase política es mejor proponer una reforma constitucional. Esperar que 2016 sea mejor que 2015. Si no lo es, será culpa de la oposición que no colaboró con la reforma o, en caso de haber sido aprobada, se argumentará que toma tiempo su implementación. Para cuando entre plenamente en vigor, este gobierno ya se habrá ido. Nosotros nos quedaremos con gobernadores con todo el poder.

Twitter: @carloselizondom

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