Empobrecidos

Una devaluación empobrece. Si bien la inflación en México alcanzó en el año 2015 mínimos históricos, los precios de los productos importados van a subir, aunque su impacto en la inflación general no va a ser tan drástico como sucedía en el pasado.

La situación económica actual tampoco es como la de 2009, cuando el precio del petróleo y el peso se desplomaron rápidamente, para rebotar en poco tiempo, ya que China apretó el acelerador, lo cual sostuvo el crecimiento mundial. Ahora el dólar, respecto al resto de las monedas, se va a mantener en niveles altos y el crudo barato, salvo un conflicto que afecte a un importante productor de petróleo.

Como resultado de la devaluación, automáticamente nos volvemos un país más competitivo frente a Estados Unidos. El que tengamos una sólida base exportadora de manufacturas debería facilitarnos enfrentar esta devaluación, con respecto a países como Brasil. Sin embargo, las manufacturas en Estados Unidos están sufriendo con este dólar fuerte, y la industria de nuestro vecino compra muchas de nuestras manufacturas como insumos.

Ahora bien, somos más competitivos porque nuestro salario en dólares se volvió más barato. Nuestro PIB per cápita medido en dólares de mercado era de diez mil 406 a fines de 2014; hoy, resultado de la devaluación, es 22% más pequeño. Medido en euros, en dólares canadienses o en yenes, nuestro PIB caería mucho menos o nada, pero ante nuestro vecino nos hemos empobrecido.

A pesar de nuestra tendencia a responsabilizar de todo al gobierno, esta devaluación no es su culpa, como sí lo fueron las de 1976, 1982 y 1994. Es el resultado de un cambio mundial de los precios relativos de las materias primas y de las principales monedas con respecto al dólar.

En el caso de México, es la caída en el precio del petróleo lo que nos afecta más directamente. En diciembre de 2012, la mezcla mexicana de crudo valía 95.36 dólares por barril. Ese año nuestras exportaciones de petróleo crudo superaron los 46 mil millones de dólares. Si bien importábamos 19 mil 92 millones de dólares en gasolina, teníamos un superávit de esos productos de 20 mil 976 millones de dólares. En 2015, nuestras exportaciones de crudo llegarán a poco más de 20 mil millones, cifra similar a las importaciones de gasolina. Esto antes del reciente desplome del precio del crudo a menos de 20 dólares por barril.

Según el economista Luis Foncerrada, “ya no es malo para el país que se abaraten el petróleo y la gasolina en el mundo, al contrario, nos cuesta menos y, hoy por hoy, nos beneficia”. No es exacto. El precio del crudo bajó más que el de las gasolinas. El precio del crudo a diciembre de 2015 era un 30% el que se tenía a fines de 2012, mientras que el de la gasolina era de 55 por ciento. Como país productor, nos conviene que suba el precio del crudo.

La otra causa detrás de la devaluación es que el largo periodo de ocho años con tasas de interés inusualmente bajas está llegando a su fin. Los fondos de inversión se están retirando de los bonos de los países emergentes, dado que anticipan que el diferencial de tasas entre EU y éstos tenderá a disminuir. Como también anticipan que esto llevaría a una devaluación de las monedas locales, se han adelantado, acelerando la devaluación. Quienes deben dólares y no los invirtieron bien se han empobrecido aún más. Esto incluye al gobierno y a algunas empresas privadas mexicanas.

Para el gobierno federal, hasta fines de 2015 la caída en ingresos por esta disminución en los precios del crudo ha alcanzado unos cuatro puntos del PIB. El gobierno, sin embargo, se ha defendido al cobrarnos una recaudación adicional equivalente. Poco más de la mitad de estos ingresos adicionales son resultado de la Reforma Fiscal, el resto, porque el consumidor mexicano no ha ganado con la disminución en el precio de la gasolina en los mercados mundiales, el diferencial se lo ha quedado el fisco.

Con los actuales precios del crudo, para 2016 las finanzas públicas de nuestro país van a requerir un ajuste fiscal adicional. Es hora de que el gobierno gaste menos, aunque implique despidos de burócratas y pérdida de privilegios para la clase política.

Adicionalmente, está la complicada situación de Pemex. De ser una compañía que a finales de 2012 producía dos mil 548 millones de barriles diarios, que vendía a 95.36 dólares por barril, pasó a producir, a finales del año pasado, dos mil 277 barriles diarios a un precio de 29.70 dólares por barril. Requiere un ajuste muy profundo.

Estábamos viviendo por encima de lo que nuestras capacidades productivas permitían. El precio del crudo estuvo anormalmente alto por más de diez años, pero no ahorramos el ingreso excedente. Peor aún, en esos años de crudo alto el gobierno se acostumbró a ese ingreso.

Los mexicanos también. Incluido el tener un peso fuerte financiado en parte gracias a ese crudo caro. Tendremos que acostumbrarnos a un crudo barato, a un dólar más caro y a ser más pobres frente a nuestros vecinos del norte. Queda un consuelo, por lo menos no estamos frente a las catástrofes de quienes siguieron políticas económicas alternativas, como Venezuela y Brasil.

Twitter: @carloselizondom

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