El colapso
¿Atrapado en el tráfico en esta temporada navideña? ¿Su teléfono celular no conecta con la red? ¿Su vuelo está demorado por tráfico aéreo en el aeropuerto capitalino? Bienvenido al colapso de la infraestructura en la Ciudad de México. Una situación similar, aunque menos grave, se vive en otras partes del país.
Es el costo de crecer. Bueno, de hacerlo cuando no hay adecuada inversión en infraestructura. En el año 95, en medio de la crisis económica, no había congestión en el aeropuerto capitalino. Recibía al año 15 millones de pasajeros. Este año va a recibir unos 36 millones. En el 95 se vendieron 227 mil autos, este año se van a vender más de un millón 300 mil unidades. De tener un parque vehicular a nivel nacional de cerca de 7.5 millones de automóviles en el 95, ahora tenemos casi 27 millones. Sólo en la ciudad el parque pasó de casi dos millones a 4.5 millones de autos. La población del país también ha aumentado, aunque en menor proporción, incrementándose de 91 millones de personas a 122.
En lo que va de la década, la inversión pública ha disminuido. Ha pasado de alcanzar 477 mil millones de pesos constantes en el año 2010, a 422 mil millones el año pasado. El consumo gubernamental pasó de 1.8 billones a 2.1. Siempre prefieren gastar. Y hay obra pública que no sirve para mucho, como puentes donde no hay demanda, hospitales que no se equipan, edificios administrativos para alojar a burocracias crecientes y monumentos como la Estela de Luz.
En la Ciudad de México se invierten al año sólo alrededor de 2.7 mil millones de pesos en obras de infraestructura vial. Equivale a lo que hoy se recauda con la mutilada tenencia que tenemos. Antes recaudaba casi el doble, con lo cual se podría gastar más en vialidades.
Obras públicas importantes se pospusieron por décadas. En el caso del aeropuerto capitalino, por la incompetencia política del gobierno de Fox. El dinero no era una limitante. Una obra de esa magnitud, bien planeada, se paga sola. Si el gobierno actual no logra cumplir con los tiempos previstos en la construcción del nuevo aeropuerto, el costo para la economía de la capital y del país va a ser muy alto.
El número de teléfonos celulares ha crecido de forma importante, pero la inversión en infraestructura de telecomunicaciones se ha rezagado. Antes de la reforma en Telecomunicaciones, la empresa dominante no tenía incentivos para invertir más. Ahora, hay incertidumbre por la red pública compartida. Esperemos que se implemente bien para darle al país la red que requiere.
En la Ciudad de México el contraste entre la actual administración y la anterior es notable. Mancera, a lo mucho, ha reparado la Línea 12, impulsado algunas líneas de Metrobús y desarrollado la red de eco bicis. No cuestan mucho, pero son lucidoras. Ni los baches puede tapar este gobierno. Muestra del desinterés es la poca inversión en bacheo, que el año pasado alcanzó sólo 600 millones de pesos. El organismo electoral y los partidos políticos le costaron al erario del Distrito Federal mil 63 millones en 2014. No hay que ir a Estocolmo para encontrar calles sin baches. Basta ir a Monterrey o Guadalajara.
Veremos si el gobierno capitalino puede hacer la parte que le corresponde del tren México-Toluca y las vialidades hacia el nuevo aeropuerto. Ya de entrada optó por declinar hacer el segundo piso del Viaducto. Le pareció complicado.
Este rezago en infraestructura es un gran costo para la economía y para el bienestar de los capitalinos. Sobre todo para los más pobres. Quien está atrapado en su auto en medio del colapso vial es un privilegiado. En transporte público estaría peor. La velocidad de desplazamiento promedio en el 95 era de aproximadamente 34 km/h, ahora es de 8 a 11 km/h en hora pico.
Sorprende que los distintos gobiernos de la Ciudad de México, que se dicen de izquierda, hayan invertido tan poco en mejorar el transporte público. Han privilegiado el uso del auto con vías de pago. López Obrador no construyó un centímetro del Sistema Colectivo Metro. Su única contribución fue fijar el precio del boleto, con lo cual el sistema del Metro se fue descapitalizando. Ebrard por lo menos hizo una obra grande de Metro, la Línea 12, pero las prisas, la incompetencia y seguramente la corrupción la llevaron al desastre.
El colapso de la infraestructura capitalina es una de las razones por las cuales la economía del Distrito Federal está estancada. Mientras su jefe de Gobierno está ilusionado con tener una nueva constitución, en 2014 la economía local creció 0.6%, frente a una media nacional de 2.2. Sólo los estados de Baja California Sur, por los daños del huracán Odile, Campeche, por la caída en la producción de petróleo, Veracruz, Baja California y Sonora, estuvieron peor.
A nuestro jefe de Gobierno no parece importarle. Está ocupado en promover, por decreto, un salario digno y en viajar a París, para prometer una ciudad verde. No quiero arruinar el espíritu navideño, pero el colapso del año entrante será aún peor.
Twitter: @carloselizondom
