Lo bueno, lo malo y lo feo de tres años de gobierno
Salvo Ernesto Zedillo en su primer año de gobierno, ningún Presidente había tenido tan bajos niveles de aprobación como los del presidente Peña Nieto. Las razones son múltiples: una economía que entró en desaceleración con la llegada del nuevo gobierno, altas tasas de criminalidad, escándalos de corrupción en todos los niveles y una Reforma Fiscal que, al incrementar de forma importante la recaudación, le quitó dinero al bolsillo de los mexicanos.
Con la excepción de la Reforma Fiscal, no parece que las reformas estructurales sean la causa de tener un gobierno impopular. Al contrario. Dichas reformas son lo bueno de estos tres años. Son cambios profundos y necesarios que van a transformar, en el mediano plazo, la economía mexicana. Parecían muy difíciles de aprobar. La Constitución impide que un solo partido tenga las dos terceras partes que se requieren para modificar nuestra máxima ley. El gobierno logró los votos para hacer, en sus primeros tres años, 28 reformas constitucionales.
Si bien las reformas se están implementando a un ritmo más lento de lo esperado, van en el sentido correcto. Los retrasos son por causas diversas. Comento sólo dos reformas. En el caso de la educativa, se deben a que el entonces secretario Emilio Chuayffet estaba pasmado. Su sucesor, Aurelio Nuño, ha mostrado que los opositores a la evaluación de los maestros resultaron ser más frágiles de lo que temió su antecesor, aunque falta mucho para que tengamos un sistema educativo mejor. Para ello se requiere no perder el paso y modificar adecuadamente los contenidos de lo que se enseña. En el caso de la reforma petrolera, el principal desafío es el bajo precio del crudo. Éste ha presionado severamente las finanzas de Pemex y hace menos atractivas las reservas que se ofrecen a inversionistas privados en la Ronda Uno. Sin embargo, sin la reforma el panorama sería mucho más complicado, al depender el futuro de todo este sector en Pemex.
Las reformas han tenido impacto en otros ámbitos. Por ejemplo, la solicitud ante un juez para consignar al entonces subsecretario de Gobernación, Arturo Escobar, por delitos electorales, por parte de Santiago Nieto, director de la Fepade, es resultado de la Reforma Electoral que le dio autonomía a esta fiscalía. Nieto fue electo por el Senado con 95 votos a favor y una abstención. No le otorgó su puesto el presidente Peña Nieto.
Lo malo en estos tres años de gobierno es la falta de foco en materia de seguridad pública, como lo escribió el martes pasado Alejandro Hope, experto en temas de seguridad. El modelo de concentrar la responsabilidad de la materia en la Secretaría de Gobernación ha llevado a que los cuerpos de seguridad no tengan un verdadero jefe, dada la debilidad de la Comisión Nacional de Seguridad. Además, la coordinación entre los distintos cuerpos de seguridad y entre los tres niveles de gobierno ya no está funcionando. La caída de los homicidios los primeros dos años de gobierno ya no se sostuvo en 2015, año en el que repuntó la tasa de estos delitos. En este sexenio, el “total acumulado de víctimas mortales llega ya a 65 mil… ” (https://goo.gl/cfo6kA).
Lo feo es que estas cifras nada dicen de las condiciones de vida en entidades en donde hay terribles casos de violencia masiva. El caso más dramático es, por supuesto, el asesinato de estudiantes en Iguala y las decenas de cadáveres encontrados que no se sabe de quiénes son. Lo que está ahora pasando en Guerrero puede terminar aún más feo.
También están dentro de lo feo la corrupción y la impunidad. Las encuestas señalan la percepción de que la corrupción va en aumento. Si bien los escándalos, en particular el de la Casa Blanca, llevaron a una prometedora reforma constitucional anticorrupción, falta aprobar unas buenas leyes secundarias.
Tras la sorpresa que le propinó al gobierno el fiscal Santiago Nieto, sospecho que habrá muchas más resistencias a tener un fiscal anticorrupción con dientes. El escenario brasileño, donde instituciones autónomas y fuertes están poniendo en jaque a la élite política y económica de Brasil, debe ser algo que muchos políticos en México querrán evitar.
Si no hay voluntad para someter al imperio de la ley a quienes la violen, empezando por los servidores públicos, seguiremos desaprovechando el potencial del país. No sólo importa que salga una buena ley en la materia, sino que el actual gobierno utilice las facultades legales que ya tiene, en temas de lavado de dinero, por ejemplo, para sancionar a aquellos gobernantes que han acumulado riquezas cuyo origen no puede ser lícito. Una actitud decidida para enfrentar la corrupción ayudaría a mejorar la baja aprobación de este gobierno que cumple la mitad de su mandato.
Aclaración. En mi artículo de la semana anterior intitulado Dietas milagro afirmé que, basado en una interpretación absurda de la protección de datos personales, consultar archivos históricos se iba a volver casi imposible. Culpé de ello a la Ley General de Transparencia. Fue un error. El riesgo proviene de un proyecto de Ley General de Archivos de la Secretaría de Gobernación.
Twitter: @carloselizondom
