Los santos y el presupuesto

En el Vaticano hay un nuevo escándalo: el pago de dinero para agilizar los procesos de santificación. Tiene razón el presidente Peña Nieto: la corrupción es parte de la condición humana. Todo tiene un precio. Bueno, cuando las autoridades no lo castigan. El papa Francisco parece ir en serio en su lucha contra la corrupción y el dispendio del Estado que preside. Está enfrentando, por ello, muchas resistencias. Tiene en su favor el que vive con la austeridad que pregona.

Pero si no resuelve el problema, la Iglesia podría terminar quebrada. Es una organización que depende de la contribución voluntaria de quienes creen en ella. A la Iglesia católica de Estados Unidos la crisis de la pederastia no sólo le llevó a pagar indemnizaciones muy onerosas, sino a una caída en su legitimidad y, por tanto, de las donaciones de sus seguidores, calculadas recientemente en una pérdida de 2.3 miles de millones de dólares.

Los gobiernos parten de una condición distinta. Los impuestos no son voluntarios. Su nombre lo dice todo: se imponen. La recaudación, sin embargo, no es fácil de sostener si el ciudadano no percibe un gasto público de calidad y si no cree que en las altas esferas del gobierno se comportan de forma congruente con lo que prometen.

Si usted cree que está pagando más impuestos, está en lo correcto. El gobierno federal ha incrementado de forma importante la recaudación tributaria. Gracias a ello, la caída en el precio del crudo se ha podido enfrentar con un recorte presupuestal manejable.

El mero hecho de estar pagando más impuestos nos debería hacer más exigentes sobre cómo se usan nuestros recursos. Por eso, los gobiernos que dependen de ingresos no tributarios, como el ingreso petrolero, no requieren ni suelen ser transparentes en el uso de los recursos públicos: el ciudadano sabe que éstos no vienen de su bolsa. Ahora sí vienen de nuestra bolsa.

En México, cada día hay más de un escándalo sobre cómo se desperdician los recursos públicos. Desvío de recursos, obras no terminadas, mala calidad de los servicios, exceso de personal y con privilegiadas condiciones salariales y de pensiones frente a las que se pagan en el sector privado, gobernantes que se trasladan en aviones privados y convoyes de camionetas gigantes repletas de guaruras… También hay muestras diarias de cómo viven por arriba de sus ingresos como funcionarios, quienes han abusado de su posición de poder, en todos los niveles y en todo el país.

La corrupción es el principal factor de rezago en nuestra competitividad, según el reciente reporte del Imco, y ha llevado a que el contribuyente esté enojado con las autoridades. El triunfo de El Bronco en Nuevo Léon es una manifestación de ello.

Sobran promesas de cambio. Hay una reforma constitucional en materia de lucha contra la corrupción. Sin embargo, está rezagada. Este atraso parece una excusa para no utilizar las leyes con las que hoy se cuenta, las cuales ya dotan al gobierno de recursos importantes para combatir la desviación de recursos públicos, como las leyes antilavado de dinero. Ésta bastaría para empezar a poner límites a los abusos de tanto gobernador, sus amigos cercanos y sus familiares.

El presidente del PAN ha prometido que el presupuesto asignado para obras en los distritos tenga una serie de candados para que no sea una oportunidad más de los diputados para los moches. Pero está por verse si lo logran. También hay una propuesta del PAN de disminuir lo que cuestan los partidos, pero no parece haber tenido eco en los demás institutos políticos.

Mientras tanto, los gastos de la clase política crecen. El Poder Legislativo federal va a costar más que nunca. Pasó de costar seis mil 820 millones de pesos en el año 2000 a 12 mil 688 millones el año pasado. Están presupuestados 13 mil 398 millones para este año. El presupuesto base cero fue una mera estrategia propagandística. Sobran programas de muy bajo impacto que sólo alimentan redes clientelares y costosas estructuras burocráticas.

Se requiere un enorme liderazgo de la clase política, desde el Presidente a los legisladores, para construir una forma distinta de gastar los recursos públicos y de sancionar los desvíos de éstos. No se ve un verdadero esfuerzo. Tampoco suficiente presión de la sociedad ni de los medios de comunicación. Detrás de muchos de los actos de corrupción de un gobernante hay más de un empresario que sale ganando.

Si bien hay más gente honesta en el gobierno de lo que uno se imagina, hay muchos otros que están lejos de ser santos. Si hubiera costos y consecuencias para quienes abusan, tenderían a portarse mejor, aunque no fueran santificados. Así de sencilla es la lucha contra la corrupción. Así de complicada cuando hay tantos que ganan con el actual estado de cosas.

Twitter: @carloselizondom

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