Los muertos y el optimismo
En los primeros siete meses de este año, el número de homicidios dolosos ha crecido 2.3% con respecto al mismo periodo del año anterior. Si se comparara sólo el mes de julio con respecto al de 2014, el aumento es de 25 por ciento. Estos datos provienen de un texto de Alejandro Hope, quien aventura algunas hipótesis para entender este repunte en los homicidios (véase http://goo.gl/yBNkdX).
Sin embargo, el gobierno, en voz del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, presumió el fin de semana que el homicidio ha descendido 27% en los dos primeros años del gobierno del presidente Peña Nieto.
Ambos datos son ciertos. Todo es cuestión de escoger el periodo base para hacer la comparación. De hecho, si el gobierno quiere un número aún más positivo, puede comparar el pico de homicidios que se alcanzó en el mes de mayo de 2011, respecto a noviembre de 2012: una caída de 17% en 15 meses. Esa comparación era la que usaba el presidente Calderón para lucir sus éxitos. Olvidaba decir que el homicidio había aumentado 40% del 1º de diciembre de 2006 al pico de violencia durante mayo de 2011.
¿Por qué pueden decirse, sin mayor costo, verdades a medias cuando se está en el gobierno? Primero, porque la oposición suele andar en otra cosa y no confronta al gobierno. Segundo, porque los medios de comunicación lo permiten. La declaración de Osorio Chong fue nota principal en varios diarios. En ninguno de éstos se explicó que, en lo que va del año, habían aumentado los homicidios.
Tenemos buenos analistas que examinan el tema de la violencia, como el ya citado Alejandro Hope, Eduardo Guerrero y Jorge Fernández, así como buenos reportajes en la materia, como los que ha hecho Denise Maerker. Sin embargo, en general, los medios de comunicación, en casi cualquier tema, suelen sólo narrar la última crisis, sin agregar mucho contexto. Tienen un vicio aún peor: una gran proporción de lo que reportan son las declaraciones de los funcionarios responsables o los discursos del Presidente.
Si yo fuera diputado, propondría una ley que prohibiera reproducir en los medios de comunicación las declaraciones de los políticos, salvo en una sección poco importante donde se enlistaran todos los dichos del día de nuestros políticos. Mi ley obligaría a los medios a publicar sólo hechos con sus respectivos análisis. Por supuesto, sería una ley absurda. Como lo son tantas otras que tratan de resolver un problema complicado con alguna barroca y muy original ley.
Sin embargo, hay que pensar cómo se puede mejorar la capacidad de investigación y análisis de los medios de comunicación. Esto le haría un gran favor a los ciudadanos. También sería de gran utilidad para el gobierno federal, con excepción de aquellos funcionarios concentrados en sus negocios personales. Medios de comunicación críticos, pero profesionales, no amarillistas, servirían para tratar de corregir el rumbo cuando algo no está funcionando.
El costo de no tener información adecuada a la hora de gobernar fue reconocido por el propio Mao Zedong, después de las hambrunas que provocó su equivocada estrategia de industrialización que llevó a más de 50 millones de muertos a finales de los años cincuenta. En sus palabras: “Sin democracia, uno no entiende qué está pasando abajo; la situación general es poco clara; uno no es capaz de juntar información suficiente de todos lados […] los órganos de liderazgo del nivel superior dependerán de información unilateral y material incorrecto para decidir […]”. (citado en AmartyaSen, The Idea of Justice).
El secretario de Gobernación, autoengañándose con la información que nos dio de que todo va bien, es una variante de esa misma enfermedad. A diferencia con la China de Mao, la información que lo desmiente está disponible en la red.
¿Por qué en México los medios de comunicación no cumplen bien su función de destacar esta contradicción? Supongo que porque una parte importante de su financiamiento no viene del público, sino de los recursos públicos. El gobierno, por recordar a López Portillo, ya no le paga a quien le pega. No es poco dinero. Según las ONG Artículo 19 y Fundar, este gobierno ha gastado, en sus primeros dos años, casi 15 mil millones de pesos en publicidad. Este gasto sirve no sólo para tener publicidad, sino para lograr coberturas mediáticas generosas.
Una de las propuestas de Peña Nieto cuando era Presidente electo fue una iniciativa de ley para que los recursos públicos en publicidad se asignaran a través de un consejo ciudadano. No se ha hecho. El gobierno fácilmente vive en su burbuja oyendo lo que quiere oír. Es hora de que el Presidente cumpla aquella promesa. Es momento de que los medios de comunicación encuentren otras fuentes de financiamiento que les permitan una verdadera autonomía. Quizás así tengamos medios más críticos, una sociedad mejor informada y un gobierno que pueda entender pronto qué es lo que está haciendo mal.
