El modelo del PRI
¿Es mejor un sistema político que selecciona a sus dirigentes con base en el mérito o uno que le da al ciudadano la oportunidad de elegirlos con su voto? En su reciente libro, The China Model, Daniel Bell argumenta que es preferible el primero. Desde hace siglos, los chinos han puesto el énfasis en el mérito como criterio para seleccionar la alta burocracia de la administración pública.
Desde la muerte de Mao, el Partido Comunista Chino lo usa para escoger a los líderes políticos. Con ese fin, evalúan las competencias de los altos funcionarios. Los mejores tienen oportunidades de puestos superiores, incluida la cima del poder político. Importa también la lealtad al partido, pero no es suficiente. Ahora se enfocan en la honestidad como única forma de poder alcanzar el nivel de vida de un país desarrollado.
El PRI sigue una versión mexicana de ese método. En sus estatutos, el PRI dice ser democrático, pero contempla poder elegir a su presidente a través de una asamblea de consejeros políticos. Esto, ahora que tienen la Presidencia de la República, significa el regreso del dedazo. Éste, bien llevado, es una suerte de concurso al mérito político en manos del propio Presidente, quien debe asegurar que su propuesta tenga suficiente respaldo.
En la última aparición en su partido, Peña Nieto había insinuado la necesidad de que presidiera el PRI un joven talentoso. La comentocracia concluyó que aludía a Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia. Sin embargo, o fue una forma de despistar a los medios de comunicación o sondeó el terreno y encontró resistencia. Lo cierto es que optó por seleccionar a quien más mérito tiene entre los principales actores priistas: Manlio Fabio Beltrones.
Usar criterios de mérito desgraciadamente no se ha utilizado en el reclutamiento en la mayoría de los puestos medios y altos de la burocracia de la administración pública federal en nuestro país. Dime con quién andas y te diré quién eres. Basta ver la trayectoria de un gran porcentaje de los funcionarios de este gobierno para saber que su jefe viene de Toluca.
Esto quizá garantice lealtad, pero no capacidad para la compleja administración pública federal. A la burocracia mexicana, que de entrada tiene la enorme restricción para ser competente dado que los puestos de base están controlados por un sindicato y que el contrato colectivo hace muy complicado despedir a quienes no trabajan o lo hacen mal, ahora hay que agregarle que muchos altos y medios funcionarios no están a la altura de sus responsabilidades.
Ahora bien, si se optara por escoger y promover a los mejores a través de algún tipo de evaluación, tendríamos que discutir si los sueldos que se paga a los funcionarios responsables de las áreas más complejas y de mayores responsabilidades, como las hacendarias, tienen salarios adecuados. Algunos de los más competentes están teniendo opciones mejor remuneradas en el sector privado y más de uno se está yendo para allá o, ahora que regresó el PRI al poder, no estuvieron dispuestos a abandonar sus mucho mejores ingresos en el sector privado. Si el país no es capaz de reclutar por mérito a sus cuadros burocráticos y, además, pagarles de acuerdo a lo que por cada competencia se paga en el mercado, será muy difícil tener una administración eficaz y honesta. ¡Ojo!, no basta pagar bien. Ése fue el modelo para el Poder Judicial federal, remunerarles bien, lo cual se ha cumplido, incluida una buena pensión, pero han faltado los mecanismos para sancionar a los corruptos o a quienes cometen excesos. Por lo que dicen algunos abogados litigantes a quienes conozco, sobran jueces federales deshonestos.
El PRI debería estudiar con cuidado el método chino. No eligen a sus dirigentes por sufragio universal, al igual que el PRI, pero sí tienen mucho mayor cuidado en reclutar a sus funcionarios fundamentalmente con base al mérito, no a la lealtad política. Para manejar países complejos eso resulta mucho mejor para la sociedad que gobiernan. Lo es en el fondo también para ellos mismos como grupo, si lo que quieren es mantenerse en el poder. Esto lo tienen claro en China. Nuestra clase política parece que no. Todos utilizan, sobre todo, la lealtad política como forma central de reclutamiento cuando controlan algún gobierno.
Una democracia enfrenta complejidades que no tiene un régimen autoritario. Pero, al igual que éste, para legitimarse tiene que ser competente. Eso requiere burocracias honestas y reclutadas con base en el mérito. El modelo chino no es democrático, pero es efectivo en términos del incremento de las condiciones de vida de sus ciudadanos. El del PRI ha sido efectivo para ganar el poder en elecciones plurales, pero no ha dado resultados en términos del bienestar de los mexicanos. México tiene que hacer efectiva su democracia. El autoritarismo tampoco lo fue, por eso, en su momento, perdió el PRI el poder.
Twitter: @carloselizondom
