Los gobernadores y el estancamiento económico
Cada seis años, en casi todos los estados de nuestro país, surge una nueva camada de ricos locales cuyo mayor mérito es ser amigo, pariente o prestanombres del gobernador. Lo mismo sucede en los municipios cada tres años. A nivel federal, el modelo de enriquecimiento inexplicable perdió fuerza a partir del sexenio de Carlos Salinas. Esperemos que no esté regresando.
Estos nuevos ricos no han creado riqueza, simplemente se las ha transferido el gobierno en turno. Son adinerados, pero sus capacidades empresariales suelen ser limitadas. No acostumbran usar esos recursos para nuevos emprendimientos que generen riqueza y empleos. A lo mucho compran algún bien raíz o hacen negocios vinculados con el gobierno en turno.
Este perverso ciclo tiene, por lo menos, dos altos costos. El primero dificulta el surgimiento de una clase empresarial local fuerte basada en sus capacidades productivas, que gane contratos públicos por la calidad de los servicios que provee. Lo que tenemos es el eterno reciclaje de amigos del gobernador que desplazan a empresas más eficientes, pero no bien conectadas. En este entorno la inversión, tanto pública como privada, tiende a ser baja y mal asignada, con lo cual la creación de empleos productivos es también muy limitada.
El segundo, una parte importante de la atención de muchos de nuestros gobernantes está concentrada en hacer dinero, no en el bien de la nación, como les pidió el presidente Peña Nieto a los priistas hace unos días, ni en algo mucho más aterrizado como proveer bienes y servicios públicos de calidad. No es por ello infrecuente que la inversión pública sea inútil, pues se destina para favorecer los intereses del gobernante, como construirla en un lugar inapropiado para beneficio del dueño del terreno, algún amigo o prestanombres.
Esta lógica de hacer dinero se extiende a muchas áreas y niveles del gobierno. Es común que cualquier empleado con poder lo use para extorsionar a los empresarios, como lo ha revelado Ricardo Monreal para el caso de la delegación Cuauhtémoc, en el Distrito Federal.
Los líderes de los sindicatos de trabajadores públicos quieren su tajada del negocio. La CNTE en Oaxaca no es más que un caso extremo del abuso de organizaciones sindicales capaces de extraerle recursos al erario con la excusa de defender intereses de trabajadores, pero que no le proporcionan a la sociedad los servicios para los cuales fueron contratados.
Estos servicios públicos de baja calidad se traducen en ciudadanos peor educados y con mayores problemas de salud de los que podrían tener con un gobierno eficiente y de mayor calidad. Quienes pueden pagar sus propios servicios educativos, de seguridad o de salud privada, lo hacen, con lo cual desvían recursos que se podrían utilizar para otra cosa, como sus propios negocios. Si ese dinero fuera destinado a la inversión, se fomentaría un círculo virtuoso de crecimiento económico y generación de empleos. Si a esto le sumamos un ambiente de inseguridad pública en diversas entidades, muchas veces porque el gobernador y su equipo están concentrados en hacer negocios, no puede sorprender que la economía mexicana crezca por debajo de sus posibilidades.
Hay estados donde el panorama es un poco distinto, por la presencia de empresas manufactureras, en muchas ocasiones extranjeras, que condicionan su llegada a una localidad a una mejor calidad de gobierno, o porque existe una clase empresarial robusta, siendo el mejor exponente de esto último Nuevo León. Sin embargo, aun en estos estados se paga un costo alto en términos de crecimiento por tener gobernantes que no han canalizado los recursos públicos de la mejor manera.
La alternancia política suponía que podría mitigar este círculo vicioso. Si quien deja el gobierno sabe que llega un adversario que lo va a perseguir por sus fechorías, debería ser más cuidadoso. Sin embargo, el nuevo que ha llegado, aunque sea de otro partido, ha mostrado no estar interesado en romper las redes de corrupción porque quiere construir las propias.
Los gobernadores que ganaron la elección del pasado 7 de junio deberían tener incentivos distintos. Probablemente la razón principal de los triunfos donde hubo alternancia es la corrupción del gobierno anterior. Esto es claro en el triunfo del candidato independiente en Nuevo León.
Sin embargo, presagiar una posible derrota no es suficiente para disuadir a los corruptos. Se requiere que los nuevos gobiernos castiguen los abusos de su antecesor. Acá se encuentra la gran oportunidad, sobre todo para El Bronco Rodríguez, gobernador electo de Nuevo León. En su calidad de independiente, no tiene ataduras ni compromisos con el partido político que lo llevó al poder. Debe mostrar que sancionará a quien lo merezca y que puede gobernar sin hacer de la corrupción el cemento articulador. De otra forma, la esperanza de las candidaturas independientes se desvanecerá pronto.
Twitter: @carloselizondom
