Otra vez, la guerra contra el narco
El pasado primero de mayo el gobierno federal trató de apresar al líder de Nueva Generación, el cártel más poderoso de Jalisco. Fracasó en su intento. Los sicarios respondieron derribando un helicóptero del ejército, bloqueando carreteras con autos y camiones incendiados y quemando gasolinerías.
¿Sería mejor que el gobierno ya no intentara aprehender a quienes han violado de forma grave y reiterada la ley? ¿No genera esto mayor violencia que ignorarlos o, incluso, negociar algún tipo de pacto?
Esto es lo que parecen pensar muchos de quienes han criticado la estrategia de confrontación hacia el crimen organizado del gobierno de Calderón. El error de origen fue, según esta postura, la guerra contra el narco que el Presidente inició en Michoacán al principio de su mandato a solicitud del entonces gobernador Lázaro Cárdenas Batel, quien había sido rebasado por La Tuta, entonces líder de La Familia Michoacana.
Discrepo de esta interpretación. El error de fondo fue no haber confrontado a los grupos criminales antes de que tuvieran la capacidad de respuesta que tienen ahora. Pero no basta enfrentar al crimen. Hay que hacerlo bien.
En este aspecto hay mucho que criticar tanto al gobierno anterior como al actual. Por momentos, no parece haber prioridades ni estrategia definida. Desde hace meses, los expertos decían que Jalisco era un creciente polvorín. Sin embargo, el gobierno federal no intervino a tiempo ni con suficientes recursos.
Quiero ser claro. Creo que el Estado no debería prohibir a los individuos fumar mariguana, salvo cuando son menores de edad. Incluso es discutible que el Estado tenga la justificación para impedir el consumo de cualquier droga que no genere daños a terceros. Considero que es, además, doblemente absurdo mantener la mariguana como una droga ilegal mientras en Estados Unidos crece el número de estados donde es legal su consumo. Ahora bien, paradójicamente, una crítica común a la estrategia del gobierno de Calderón fue que, al centrar sus esfuerzos en decomisar droga, se generó más violencia ya que los criminales se tuvieron que diversificar hacia otros negocios como la extorsión o el secuestro. Liberalizar el mercado tendría efectos similares en el corto plazo pues destruiría la ganancia que da el que un producto sea ilegal.
Pensar que es mejor no “patear el avispero” para que no haya violencia es una visión miope. Es como creer que es mejor no desbloquear unas arterias coronarias porque el postoperatorio es desgastante y riesgoso para el paciente. No hacerlo llevará, más pronto que tarde, a un infarto. El reto es operar bien.
Hace décadas parecía funcionar la estrategia de pactar y no confrontar al crimen. Sin embargo, los grupos criminales fueron acumulando, cada vez, más dinero y más poder. Si usted viviera en uno de esos territorios donde el crimen manda, querría una respuesta efectiva del gobierno para quitarles ese control.
El cártel Nueva Generación fue, en sus orígenes, el brazo armado del cártel del Pacífico para combatir a los Zetas, por eso lo llamaban Mata Zetas. Los Zetas, a su vez, fueron creados por elementos de un grupo de élite del Ejército quienes desertaron y que fueron contratados en 1999 por el cártel del Golfo, gracias a su capacidad para generar violencia. Esto detonó en una creciente guerra entre los cárteles y un nuevo modelo de negocio basado en el control de territorio y de todas las rentas que de ahí se pueden extraer.
¿Quieren realmente los críticos de la guerra contra el narco no hacer nada? ¿Permitir que un solo grupo criminal lo controle todo? La alternativa a enfrentarlos es dejar que ellos gobiernen. Para tener éxito en esta lucha se necesita mucho más que la intervención de fuerzas federales, asegurando, además, que éstas no sean una nueva fuente de extorsión. Se requieren ciudadanos activos que presionen y exijan para que se construyan instituciones más confiables, y no sólo aquellas de seguridad.
Esto requiere gobernadores presionados para que hagan su trabajo. Este tema debería ser el debate central en las campañas de los candidatos a las gubernaturas en los nueve estados donde tendremos elecciones, exactamente, en un mes. No ha sido el caso. Por lo pronto, el presidente Peña Nieto no tiene más que prometer, como lo hizo el sábado en un twitter: “El grupo delincuencial responsable de los hechos de hoy será desarticulado…”
Yo pensé que después de La Tuta ya no habría desafíos frontales al gobierno. Estaba equivocado. Nueva Generación lleva meses asesinando funcionarios. Todavía no le temen al gobierno. Por lo que atestiguamos el fin de semana, tienen razón. No tenemos aún instituciones con la fuerza necesaria para reaccionar rápido y con contundencia. Mientras sigamos sin concentrar los esfuerzos del gobierno y la sociedad en la construcción de instituciones vigorosas que confronten al crimen no las tendremos. No se trata de reformar la Constitución y tener un mando único de policía. Eso no es gobernar. Es legislar.
