La esperanza griega

El nuevo gobierno encabezadopor Alexis Tsipras arrancó prometiendo cumplir con su mandato electoral. Éste implica terminar con la austeridad impuesta por la Unión Europeacomo condición necesaria para recibir ayuda y renegociar la deuda externa.

Una ruta alternativa a la odiada austeridad presupuestal sería de enorme beneficio para quienes sufren un ajuste fiscal. La oportunidad para experimentar una ruta distinta ha llegado a Grecia con las pasadas elecciones del 25 de enero con el triunfo del partido de oposición denominado Syriza.

Se trata de un partido de izquierda conformado por grupos diversos que van desde la socialdemocracia hasta el eurocomunismo. Ganó con el voto de quienes han sufrido más en el ajuste fiscal, como los jóvenes que enfrentan altas tasas de desempleo, los burócratas que perdieron prestaciones o hasta el empleo o el pequeño comerciante que quebró. El nivel de actividad económica en Grecia es 30% menor de cuando inició la crisis en 2008. Era difícil ganar para el partido en el poder prometiendo mantener el rumbo. Syriza aprovechó también la irritación de la sociedad con la élite política y económica tradicional a la que se le percibe como corrupta. Sobran escándalos para documentarlo.

El triunfo fue con sólo 36.34% del voto, aunque obtuvo casi la mitad de los asientos en el parlamento. Con el apoyo de Anel, un pequeño partido de derecha antieuropea, que ganó poco menos de 5% de los votos, Syriza constituyó rápidamente un gobierno.

Para la izquierda europea, este triunfo es la esperanza de que exista una ruta alternativa. Están tan felices como lo estuvo la izquierda mexicana cuando ganó Hugo Chávez en Venezuela. La derecha extrema, más eficaz en algunos países europeos que la izquierda para captar el descontento del estancamiento económico y sobre todo el miedo a la inmigración, como el Frente Nacional en Francia, ve también con beneplácito el resultado.

El cambio de ruta griego tendrá no sólo consecuencias importantes en su país, sino en toda Europa. De tener éxito, le dará legitimidad a estos otros partidos antiajuste o anti-Unión Europea en las próximas elecciones, como Podemos en España. Si falla, llevará a Grecia a una mayor crisis y puede afectar los mercados financieros europeos y hasta mundiales.

El nuevo gobierno encabezado por Alexis Tsipras arrancó prometiendo cumplir con su mandato electoral. Éste implica terminar con la austeridad impuesta por la Unión Europea como condición necesaria para recibir ayuda y renegociar la deuda externa. 

Ganar una elección con ese mandato es una cosa. Lograr implementarlo será un reto mayor. Se les van a acabar los recursos muy pronto. No quieren renovar el paquete de ayuda existente otorgado por la Unión Europea. La mera amenaza de no pagar la deuda externa ha llevado a una fuga importante de depósitos de los bancos griegos, temerosos los ahorradores de ver su dinero transformado de euros a dracmas, la antigua moneda griega. El primer ministro Tsipras debe poder asustar lo suficiente a los europeos de que no aceptar la renegociación de la deuda externa traerá consecuencias peores para Europa, pero sin quebrar antes al sistema bancario griego.

Veremos si el nuevo gobierno griego sabrá manejar este juego. Sería una lección para la élite política europea. Pero tiene retos complicados. Deberá, a la par de ser capaz de renegociar la deuda, cuidar el gasto. No empezar, como ya prometió, a contratar más burócratas. Lo que debería hacer es enfocar el ajuste en la élite política y económica: castigar su corrupción, incrementarle los impuestos a quienes tienen mayores ingresos y regular al pequeño grupo de empresarios que domina parte de la economía griega.

El nuevo gobierno tiene el riesgo de perder el control muy pronto. Syriza no tiene experiencia de gobierno y está formado por grupos con visiones distintas, prácticamente sólo los une su deseo de implementar un cambio de ruta. Arrancó mostrando que no sólo busca una política macroeconómica distinta, ya de por sí complicada, sino ya vetaron nuevas sanciones de la Unión Europea contra Rusia por sus recientes acciones en Ucrania y tensaron la relación con Turquía, reclamando la soberanía sobre Imia, unos islotes actualmente bajo control turco. Su ministro de finanzas inició con una enérgica retórica anticapitalista, aunque en sus visitas con los ministros de finanzas de otros países europeos ha matizado su discurso.

Los programas alternativos han sido comunes en América Latina, por ser también ésta la región más propensa a los excesos de endeudamiento y su secuela, la austeridad. Desgraciadamente el resultado ha sido previsible: inflación, devaluación, escasez, inversión y producción a la baja. El caso de Venezuela, el país más rico en recursos naturales de América Latina, con sus largas colas para lograr entrar a una tienda ya de por sí con los anaqueles vacíos, muestra los costos de creer que ciertas reglas de la economía son meras imposiciones del imperialismo y que violarlas no tiene consecuencias mayores.  

El nuevo gobierno griego debe ser realista en lo que sí se puede hacer en el corto tiempo que tiene de respuesta, antes de que la incertidumbre financiera lo deje sin margen de maniobra. No tiene los recursos de Venezuela como para ser irresponsable por varios años. Está, además, inserto en las reglas de la Unión Europea. Éstas son restrictivas, pero sería mucho más difícil para Grecia quedarse fuera de la Unión. En pocas semanas sabremos si el experimento puede funcionar o la voluntad popular de poder tener un gobierno que se salga de las restricciones de las finanzas públicas se estrellará contra la realidad económica.

                *Profesor-investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twiterr: @carloselizondom

Temas: