Pedir no empobrece
No es la educación superiorel espacio adecuado para la democracia. Ésta no lleva a la mejora del sistema educativo. En general, la participación más activa es de quienes tienen una agenda política, por eso hasta ahora el más visible de los estudiantes es un joven militante de Morena.
“Pagar viene de pacare”, es decir, apaciguar, nos recuerda Gabriel Zaid en el último número de Letras Libres. Pagar para apaciguar es la forma más cómoda de gobernar, si los recursos fueran infinitos. A partir de 1970 se gobernó como si los recursos públicos lo fueran. Por ello, a pesar del enorme ingreso petrolero y la creciente deuda, el país acabó en la quiebra en 1982.
Pagar para apaciguar no sólo cuesta recursos fiscales. Estimula la creación de organizaciones cuyo objetivo central es exprimir al erario. Los innumerables rentistas que corroen la economía mexicana, desde contratistas privados que sienten merecer una obra porque apoyaron una campaña electoral, hasta sindicatos en el sector público, son una muestra de ello.
Los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) pidieron. El secretario de Gobernación optó por una salida exprés: decir que sí a todas sus demandas.
Algunas promesas del gobierno son esperanzadoras, y qué bueno que los estudiantes las solicitaron, como eliminar las pensiones vitalicias a los exdirectores del IPN. Habrá que ver si es posible hacerlo de forma retroactiva. Retribuirles con la cabeza de la directora, Yoloxóchitl Bustamante, y derogar el nuevo reglamento y el nuevo plan de estudios era inevitable. El reto va a ser tener un mejor Politécnico. Oponerse a una mayor vinculación con el sector privado es popular ante los estudiantes politizados, pero el IPN había logrado un mejor mercado de trabajo para sus egresados que otras universidades gracias a esa alianza. Dar marcha atrás afectará el empleo futuro de los estudiantes que hoy protestan, salvo para quienes se dediquen al activismo político: los líderes estudiantiles de hoy serán mañana funcionarios y candidatos de los partidos políticos, sobre todo de izquierda.
Otras de las promesas del gobierno son ambiguas. Esto, junto con la percepción de que el gobierno no quiere más marchas, puede llevar a que los estudiantes rechacen la oferta gubernamental.
Estas promesas ambiguas, además, son muy complicadas de aterrizar, como, por ejemplo, ajustar el proceso de selección del director general contemplando algún tipo de mecanismo de participación democrática de la comunidad. No es la educación superior el espacio adecuado para la democracia. Ésta no lleva a la mejora del sistema educativo. En general, la participación más activa es de quienes tienen una agenda política, por eso hasta ahora el más visible de los estudiantes es un joven militante de Morena. No hay ejemplos de universidades en México donde esos alumnos empoderados ayuden a tener una mejor institución académica. Hay muchas universidades donde hay escándalos presupuestales, pensiones vitalicias, contratos dudosos y aun así no pasa nada, mientras el rector no trate de modificar los equilibrios existentes y sea capaz de obtener más presupuesto.
Falta también que el gobierno defina su promesa de seguir aumentando el presupuesto en educación. Éste ha crecido, para el caso del IPN, de forma sostenida. Era de 4.2 miles de millones de pesos en el año 2000. Para 2014 está presupuestado más del triple, 13.8 miles de millones de pesos. A los estudiantes no les va a importar cuánto ha crecido el presupuesto del IPN anteriormente y, no contentos con la vaguedad de la propuesta de la autoridad, solicitarán un aumento significativamente mayor que en el pasado.
Si bien pararse en el templete en mangas de camisa fue una jugada arriesgada del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, le salió muy bien, a juzgar por los comentarios de la prensa en los días subsecuentes. El reto que tiene ahora es saber si podrá atender la oleada de peticiones que surgirán, dado el éxito de los estudiantes del IPN en sacarlo de su despacho.
El año pasado el secretario Osorio ya había mostrado su generosidad, por ejemplo, con los miembros del sindicato de electricistas, el SME. Éstos, a cambio de levantar su plantón, recibirán un cheque cada año por más de dos mil millones de pesos para pagar las pensiones de tres mil 172 extrabajadores de LyFC a quienes no les correspondía tal prestación por haber sido liquidada la empresa antes de tener el derecho a ella. El SME fue quien les proporcionó, literalmente, el templete a los estudiantes del IPN para el encuentro con el secretario.
En los casi dos años del gobierno del presidente Peña Nieto, la deuda pública ha aumentado más de 20 por ciento. Se ha dicho que es una estrategia anticíclica, es decir, para paliar el bajo crecimiento económico en el que nos encontramos, y que luego regresaremos a un déficit cero en la medida en que la economía crezca más. Hay una cierta lógica en ello, pero para que regresemos a un déficit cero es importante no generar compromisos y expectativas de gasto que no se puedan eliminar cuando haya que apretarse el cinturón. Por ello ese gasto anticíclico tendría que ejercerse fundamentalmente en inversión de calidad.
No es buen momento para relajar el control fiscal. El contexto internacional se está deteriorando. El comercio mundial crecerá menos de lo esperado y las tasas de interés están por aumentar. El precio del crudo está cayendo y podría caer más. La producción petrolera en México ha seguido disminuyendo, y la Reforma Energética no dará frutos en varios años.
El equilibrio fiscal y el político están entrelazados. Pedir no empobrece. Lo que sí nos puede llevar a la miseria es que, en aras de mantener el equilibrio político de corto plazo, descuidemos el fiscal.
*Profesor-investigador del CIDE
Twitter: @carloselizondom
