Medir la eficacia

Lo espectacular de la maqueta y el buen manejo de la información llevó a que el proyecto del aeropuerto fuera recibido positivamente por la gran mayoría de los medios de comunicación. Según una encuesta realizada al momento del anuncio, el proyecto contó con la aprobación de 64% de los encuestados.

El anuncio más espectacular de la administración del presidente Peña Nieto no es ninguna de las ambiciosas reformas constitucionales que propuso en 2013, por más importantes que sean. Éstas son tan abstractas que ni siquiera quienes se oponían a la Reforma Energética lograron juntar suficiente apoyo para bloquearla en el Senado el día de su aprobación. Tampoco lo fue el apresamiento de la maestra Elba Esther Gordillo, por más de que mostró que había alguien al mando. El más llamativo hasta ahora es el anuncio del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, presentado con bombo y platillos la semana pasada. Lo espectacular de la maqueta y el buen manejo de la información llevó a que fuera recibido positivamente por la gran mayoría de los medios de comunicación. Según una encuesta realizada al momento del anuncio, el proyecto contó con la aprobación de 64% de los encuestados. Sólo 12% de los habitantes de la zona conurbada no lo conocía (https://goo.gl/5PT5Yu).

Pero, a diferencia de una reforma constitucional, que si bien requiere un complejo consenso político, se puede confeccionar en una oficina con algunos abogados, o el apresamiento de la Maestra, que requirió de mucha discreción y buena coordinación los días previos al hecho, el compromiso de terminar la primera etapa de esta gran obra en cuatro o cinco años es un reto que involucra a miles de personas. Es hacer en tiempo récord la obra de ingeniería más ambiciosa de México de las últimas décadas. Terminarla a tiempo y con la calidad requerida será una señal de eficacia. Dada la historia reciente de construcción de obras que han tenido los gobiernos, locales y federales, de todos los partidos, no será tarea fácil.

De todas las promesas de esta administración hechas hasta ahora ésta es de las más fáciles de evaluar para el ciudadano. ¿Se cumplirá con los estimados de tiempo y costos? A diferencia de tantas cosas que se inauguran a medias, en este caso será  fácil saber si se está haciendo un mero teatro. El día de la inauguración deberá aterrizar el primer avión y se deberá cerrar el aeropuerto actual.

Para lograrlo el gobierno deberá conjugar eficacia, coordinación, pericia técnica y honestidad. Hasta ahora el gobierno ha sido exitoso en la preparación de las condiciones para construir el aeropuerto. Sin embargo, el manejo de temas asociados al aeropuerto, como la ruta de aproximación de los aviones, se ha decidido de forma errática.

Por más de 40 años los aviones ingresaban a la Ciudad de México por una ruta, la llamada radial 160. El 15 de mayo de este año el gobierno la modificó sin mayor consulta ni explicación pública. Después de que se le preguntó a las autoridades las razones, dieron dos razones de seguridad. La primera, el giro pronunciado que se tenía que hacer era peligroso.  La segunda, y más importante, permitía alinear mejor el avión con la entrada de la pista, al hacerse este giro desde más lejos. Un acercamiento equivocado de un avión casi provoca un accidenten en febrero, según dicen, aunque nada de ello se hizo público y ninguna aerolínea había manifestado públicamente que esa radial fuera insegura.

La nueva entrada sería la radial 168, escogida, según el gobierno, después de una serie de estudios. Ésta permite, según la autoridad, un giro más abierto y alinea desde antes al avión para su mejor aterrizaje en la pista. Sin embargo, más tiempo volando sobre la ciudad implica más afectados por el ruido y en este caso hay pobladores muy vocales y con recursos, dado que cruza por una parte de las Lomas de Chapultepec. Ante la presión, el gobierno trató de descalificarlos argumentando que eran ricos que no toleraban el ruido. Sin embargo, poco tiempo después modificaron esta ruta para usar la radial 164, según dicen las autoridades porque un nuevo estudio que nadie parece conocer arroja que es óptima cuando se usa el GPS, ahora obligatorio. Si después de estudiar el tema concluyeron que la radial 168 era la más segura, ¿a qué riesgos estamos todos expuestos por buscarle lo que parece una solución política, una radial entre la original y la propuesta, a un problema de seguridad?

Aunque la discusión es detonada por un cambio de ruta hay un tema de interés general. Cualquier ruta afecta el sueño de quienes están cerca de ella. Por ello debe buscarse la menor afectación a la población. Ello requiere buscar que pasen por la ciudad a la mayor altura posible y prohibir los vuelos durante la noche. Hay evidencia de que esos niveles de ruido afectan el sueño y la salud, sobre todo de quienes están más cerca del aeropuerto. Por ello la mayoría de los aeropuertos en zonas urbanas en países donde los derechos de terceros importan no permiten aterrizajes nocturnos.

Esto tiene sin duda un costo económico. Pero los responsables de este costo no son los ciudadanos afectados, sino las autoridades mexicanas que desde por lo menos hace 30 años debieron hacer un nuevo aeropuerto dado el crecimiento esperado de la demanda de servicios aéreos.

Qué bueno que finalmente el gobierno ha anunciado la construcción del nuevo aeropuerto. Su éxito dependerá de que las decisiones que se tomen no respondan a la presión, amiguismo o corrupción, sino al resultado de un análisis serio sobre lo que es mejor para los usuarios y los habitantes de la Ciudad de México. Presentada la maqueta, el presupuesto y los tiempos de construcción, ponen al gobierno en la mira de los ciudadanos que quieran medir su eficacia.

                *Profesor-investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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