Riesgos de la reforma petrolera

La reforma petrolera es ambiciosa, va en el sentido correcto y puede llevar a mejorar el desempeño de Petróleos Mexicanos y permitir otros participantes en el sector. Sin embargo, nada está garantizado.

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 21/08/2014 00:39
Riesgos de la reforma petrolera

En México cambiamos muchas leyes, pero los potenciales afectados suelen adaptarse al nuevo entorno. Por ello, muchas de las reformas han terminado en meros cambios de fachada.

La reforma petrolera es ambiciosa, va en el sentido correcto y puede llevar a mejorar el desempeño de Pemex y permitir otros participantes en el sector. Sin embargo, nada está garantizado.

El gobierno quiere implementar con velocidad la parte más complicada de la reforma, es decir exploración y producción. Antes del plazo legal requerido, anunció los resultados de la ronda cero. Ésta se refiere a aquellos campos que Pemex ya está explotando o cree que puede explotar y solicita quedárselos sin licitación alguna.

Optaron por darle a Pemex todo lo que pidió de las reservas probadas (la totalidad de éstas) y de las probables (83% de éstas). En los recursos prospectivos le dieron 21% del total, cuando pedía 31. Para dejar a todos contentos, las autoridades han decidido apurar para noviembre la Ronda Uno, es decir, la licitación de los primeros campos. Han prometido que serán muchos.

El reto del gobierno es extraerle a Pemex y a los privados el mayor porcentaje posible de la renta petrolera. Ésta es lo que queda después de costos y utilidades razonables.

A los críticos de la reforma sólo les preocupa la renta que se puedan quedar los inversionistas privados en la ronda uno. Sin embargo, Pemex seguirá produciendo por lo menos 80% de la producción en la siguiente década, tanto por la generosa Ronda Cero, como por lo que logrará ganar en la Ronda Uno, en general asociado con inversionistas privados.

Por ello, cómo extraerle a Pemex la mayor renta posible es el reto más importante en términos de los ingresos presupuestales. Pemex tiene un arreglo administrativo y laboral que ha permitido todo tipo de abusos e ineficiencias que le han quitado a la nación una parte de esa renta.

Pemex tiene ahora más libertad de acción. Por ejemplo, podrá subir sus salarios por arriba de los tabuladores de los burócratas, pero nada garantiza que no contraten a quienes tengan un buen padrino político o que no despidan a quienes tienen un mal desempeño. A Pemex le sobra personal y, en muchos casos, en parte, gracias a su muy generosa pensión, ya están sobrepagados.

Una de las omisiones de la reforma es que la contratación de trabajadores de base sigue siendo controlada por el sindicato. Bajo el argumento de que el contrato colectivo es sagrado, no se impuso, como sí se hizo en el caso de la Reforma Educativa, un sistema de contratación y promoción del personal basado en el mérito.

Como resultado de la reforma, Pemex se va a asociar con inversionistas privados para explotar campos de la Ronda Cero que no puede desarrollar por sí misma. El gobierno debe asegurarse de que estos contratos no sólo sean de interés para Pemex y sus socios, sino también para el país. Además, debe evitar que se utilice la relación entre Pemex y sus socios para coludirse en la Ronda Uno.

Extraer toda la renta posible de los privados tampoco es sencillo. Las reglas de licitación deberán ser claras para incentivar la inversión. No hay renta a distribuir si nadie invierte. Sin embargo, debe haber varios tiradores compitiendo de verdad en cada licitación, para que el gobierno extraiga la mayor renta posible. Además de evitar la colusión descrita en el párrafo anterior, licitar 169 bloques, como ha propuesto el gobierno, puede llevar a menos demanda por cada campo y menos competencia.

En las leyes secundarias aprobadas, se optó por darle a los dueños de las tierras donde se encuentren hidrocarburos un porcentaje de lo que se extraiga. Esto viola la lógica del artículo 27 constitucional. La nación es la dueña del subsuelo. El propietario de un terreno lo es sólo de la superficie. Si Pemex o un privado tiene el derecho de explotar, a nombre de la nación, el subsuelo de un predio, se debería compensar al dueño por la afectación a sus derechos de propiedad, que son sólo los de la superficie del predio. Es decir, pagar más si se trata de un exitoso rancho ganadero a que si se trata de un desierto que prácticamente no genera valor económico. La ley obliga a compartirles a los dueños los ingresos que generen los hidrocarburos obtenidos en sus predios, es decir, una parte de la renta petrolera.

A pesar de todos los campos con los que se quedó Pemex y de que tiene nuevos instrumentos y muchos más recursos para invertir que en el pasado, los objetivos de producción prometidos son poco ambiciosos. Para 2018 Pemex espera producir casi lo mismo que ahora y si las asociaciones con terceros empiezan a funcionar, a lo mucho serán 300 mil barriles diarios adicionales. ¿Tan rápido está decayendo la producción que toda esta reforma se hizo sólo para quedarnos casi donde estábamos? 

Por lo menos son promesas posibles de cumplir. En 2008 se prometió que Chicontepec produciría para 2017, 737 mil barriles diarios. Para fines de 2012 se habían invertido 150 mil millones de pesos, pero en junio del año pasado producía sólo 48.1 miles. Nadie ha sido sancionado por vender fantasías.

Se requieren métricas claras para saber si Pemex y el gobierno cumplen, tanto en producción como en utilidades para el fisco. También sanciones en caso de que no. El país tiene que aprovechar esta ambiciosa reforma.

                *Profesor-investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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