El agua y los segundos pisos
Los segundos pisos no sólo no funcionan,además, son feos. Por ambas razones en las ciudades de avanzada los han tirado o por lo menos enterrado, como en Boston.En todos los casos se le está dando prioridad al peatón, al ciclista y al transporte público.
Si un canal que trae mucha agua descarga en canales con menor capacidad, se desbordará el agua. El tráfico de autos es parecido al flujo del agua. No se puede hacer que vaya de una calle ancha a una angosta; los carros simplemente se atascan.
No puede ser una sorpresa que esto haya sucedido como resultado de la construcción de segundos pisos en el Periférico del Distrito Federal. El aforo de esta vía rápida prácticamente se duplicó, pero las calles en las que desemboca este tráfico son las mismas que antes. Por ello en las vías cercanas al Periférico hay un congestionamiento casi permanente. Los trayectos largos donde se puede usar el segundo piso se hicieron más rápidos. En el resto de los trayectos ahora se circula con más lentitud, sobre todo cerca del Periférico.
A diferencia del agua, que no es atraída por tubos más gruesos, los conductores aprenden a buscar las vías más anchas con la ilusión de avanzar más rápido. Esto se sabe en todo el mundo. Por eso las vías rápidas y sobre todo sus accesos se suelen saturar antes de lo programado, aunque en la noche, o cuando hay menos tráfico, como ahora que es periodo vacacional, se pueda circular mejor.
Todo lo anterior es bastante obvio. Sin embargo, el segundo piso se construyó con poca crítica y resistencia ciudadana. La ilusión de circular más rápido silenció a casi todos. Paradójicamente la vía rápida que generó protestas entre los vecinos, la Supervía que comunica San Jerónimo con Santa Fe, sí tiene sentido. Debe incluso haber tenido un impacto positivo en los precios promedio de las propiedades en la zona. Si medimos la distancia entre el entronque de San Jerónimo y Periférico al Centro Comercial Santa Fe, el trayecto se redujo de 22 kilómetros a 13 y el tiempo para recorrerlo cayó en una proporción aún mayor, sobre todo en horas pico.
Los segundos pisos no sólo no funcionan, además, son feos. Por ambas razones en las ciudades de avanzada los han tirado o por lo menos enterrado, como en Boston. En todos los casos se le está dando prioridad al peatón, al ciclista y al transporte público.
En la Ciudad de México los segundos pisos de Marcelo Ebrard se justificaron con la vaga promesa de que por ellos circularía el transporte público. Se podría “tener autobuses dentro del carril central margen derecho”, se dijo entonces. Hoy esos autobuses circulan por la lateral, como antes. Hacen mucho más tiempo que un vehículo circulando por los carriles centrales. Están, de hecho, peor que antes, dado que las laterales están más saturadas, ya que, además, se privilegió en entradas y salidas al segmento de paga.
El carril dedicado al transporte público no se dio, pero nadie ha protestado por ello. Esto a pesar de los millones de capitalinos que pasan una parte importante de su vida encarcelados en algún transporte público lento, incómodo e inseguro. Usan auto privado 28% de quienes circulan en la ciudad frente a 66% que usa transporte público.
Sin embargo, los conductores de auto tienen más peso político. Por eso tanta obra pública a su servicio. Por eso los policías de Tránsito en las horas pico tienen una sola instrucción: hacer que fluya el tráfico, aunque el conductor viole el Reglamento de Tránsito. Los peatones pueden estar esperando un largo tiempo para cruzar una avenida importante porque la prioridad la tienen los autos. Esos mismos policías se dedican a multar vueltas prohibidas en fines de semana que entre semana no sancionan. También pesan políticamente las asociaciones de peseros y microbuses que controlan buena parte de los viajes de los capitalinos que usan el transporte público.
Entre las pocas obras viales a favor de los más pobres que han hecho las administraciones del PRD en el gobierno capitalino están la Línea 12 del Metro y los Metrobuses. Es conocido el costo en horas perdidas para quienes ya no pueden usar la Línea 12 dada su suspensión parcial. Donde hay Metrobús ha mejorado la calidad del transporte público. Sin embargo, cada nueva línea erosiona los intereses de una o varias asociaciones de peseros, quienes han tenido el poder para retrasar el despliegue de una red más amplia de Metrobuses.
En una democracia deberían de importar más los que son más, en este caso los usuarios de transporte público. Por eso en las democracias que mejor funcionan se han ido desarrollando bienes públicos de interés general. Al DF lo gobierna desde 1997 un partido de izquierda que debería ser sensible a los intereses de los más marginados, quienes son usuarios cautivos del transporte público.
Sin embargo, la base electoral del PRD es clientelar, es decir, se les reparten bienes específicos, dinero, empleos, permisos de construcción, tolerancia con los choferes de peseros o con los ambulantes… El PRD no ha construido una base política que pelee por derechos para todos. Por eso invertir recursos públicos en obras para las clases medias es atractivo políticamente, es lo que ese sector demanda. Además, hay muchos que aspiran a tener un coche.
Lo de menos es que luego esas obras se congestionen para terminar todos peor. Eso será problema del siguiente gobierno. Como siempre, los más pobres pagan el costo, en este caso al ir aplastados en un microbús viejo y destartalado que no tendría autorización para circular en otra ciudad del mundo con un nivel de ingreso equivalente al del DF.
*Profesor-investigador del CIDE
Twitter: @carloselizondom
