Complicaciones de un ménage à trois

Los celos y las divergencias frecuentemente salen a la luz y alguno de los tres partidos más grandes deja furioso el lecho común. Por ello, hemos tenido instantes de cercana monogamia entre el PRD y el PRI o entre el PAN y el PRI. El PAN y el PRD también han sido pareja...

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 26/06/2014 01:38
Complicaciones de un ménage à trois

Los tres partidos más grandes decidieron compartir la cama. Le llamaron Pacto por México. Han tenido momentos de gozo. Sin embargo, tres es un número complicado. Los celos y las divergencias frecuentemente salen a la luz y alguno de los tres deja furioso el lecho común. Por ello, hemos tenido instantes de cercana monogamia entre el PRD y el PRI, como cuando aprobaron la Reforma Fiscal, o entre el PAN y el PRI, cuando se juraron fiel amor durante la aprobación de las reformas constitucionales en materia energética. El PAN y el PRD también han sido pareja en temas centrales de la Reforma Electoral. El PRI los acompañó a regañadientes, sentadito en una esquina de la cama.

La vida sexual de estos tres partidos es aún más complicada. Dos de ellos tienen pequeños amantes recurrentes. El Partido Verde (PVEM) ha sido el compañero de juerga del PRI en las dos últimas elecciones presidenciales. En algunas contiendas locales han invitado a la fiesta al partido de los maestros, el Panal. El PRD ha tenido su particular ménage à trois con el Movimiento Ciudadano (MC) y con el Partido del Trabajo (PT), buscando juntos la Presidencia para López Obrador. Cómo repartirse el botín con los pequeños partidos, es decir, las prerrogativas que reciben los partidos para financiar su dilapidada vida, ha complicado severamente los amoríos de los signatarios del Pacto.

Con la Reforma Electoral de 2007 se buscó que sólo contaran los votos directamente emitidos por el ciudadano para cada partido. Por ello se volvió ilegal ir en coalición con un logo compartido, como sucedía antes. Bajo ese esquema los partidos coaligados, de espaldas al electorado, decidían cómo se iban a repartir los votos de la coalición y, por tanto, las prerrogativas. A partir de esta reforma cada partido de una coalición debía ir a las urnas con su propio logo.

Esto tiene un problema. El elector se puede confundir y tachar dos o más veces la boleta de aquellos candidatos que tienen el apoyo de dos o más partidos. Una solución posible sería anular esas boletas. Sin embargo, esto implicaría dejar sin voto a quienes se equivocaran. Correctamente se optó por validar ese voto. Sin embargo, contrario a la idea de que sólo se contabilizaran para cada partido los votos que realmente obtuvieron, y sin que este procedimiento estuviera previsto en la ley (por lo menos yo no lo encontré), los votos se distribuyeron en partes equitativas entre los partidos que compartían candidato. Así, si un elector tachó dos veces la boleta por el candidato Peña Nieto, una con el logo del PRI y la otra con el del PVEM, a cada partido le tocó medio voto para fines de reparto de dinero, curules y contabilización de registro. Esto sucedió tres millones 869 mil 467 veces de los 18 millones 727 mil 398 votos totales que obtuvo Enrique Peña Nieto.

Como parte de la Reforma Electoral, prerrequisito explícito por parte del PAN para apoyar las leyes secundarias en materia energética, aprobaron en mayo una Ley General de Partidos Políticos. En la Cámara de Diputados ésta contó con el apoyo de 391 diputados a favor (PRI 196; PAN 93; PRD 70; PVEM 24 y Panal 8) y 39 en contra (todos los presentes del PT y MC y algunos del PRD). El artículo 87 párrafo 13 de este nuevo ordenamiento precisa que cuando el elector tache más de un logo de una coalición, será válido para el candidato en cuestión, pero no se contabilizará para los partidos que formen la coalición.

Cuando los partidos pequeños (incluidos los dos que votaron a favor de la ley) leyeron lo votado, se dieron cuenta de las implicaciones y presionaron al PRI y al PRD, sus amantes regulares, para tratar de reformar el texto y permitir la asignación de votos repetidos en una boleta en función del número de coaligados, como se hizo en la elección de 2012. Mayoritearon al PAN (de eso se trata la democracia, quienes más votos tienen, ganan) para acordar un periodo extraordinario urgente que hiciera posible que la contrarreforma fuera efectiva para las elecciones de 2015. El PAN le aclaró al PRI que si se revertía la ley ya acordada se acababa su energético amor. La contrarreforma fue aprobada en la Cámara de Diputados, pero ni se discutió en el Senado y así fracasó el intento.

Todas las fracciones de la Cámara de Diputados, menos la del PAN, alegan que no contar los votos que aparezcan más de una vez en una boleta para fines de reparto de prerrogativas es contrario a la Constitución. Han interpuesto una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte. Hay una salida congruente con el espíritu de las dos últimas leyes electorales y que fue sugerida ya por José Antonio Crespo en El Universal el pasado martes 24: repartir esos votos donde se cruzan varios logos en una boleta en la misma proporción en la que lo hayan hecho los electores que sólo tacharon un logo. Esto tiene un costo para los más pequeños. Con esa regla, el PVEM hubiera tenido 4.78% de los votos registrados, frente al 6.44 que obtuvo. El PRI habría ganado la diferencia. Esto, con base en las prerrogativas recibidas en 2013, implicaría una pérdida de 42.5 millones de pesos para el PVEM, que serían ganancia para el PRI.

No parece que ya haya tiempo para cambiar la ley electoral en este sentido. Sin embargo, la Suprema Corte, de cara a la controversia planteada, puede adoptar esta lógica de reparto, congruente con el espíritu de la ley, para tratar de encontrar una salida a las complejidades de un ménage de varias bandas.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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