Los juegos del hambre

La afirmación planteada por Lula de que Brasil está mejor que México es mera retórica distractora. El martes finalmente empatamos con Brasil en un emocionante partido. Este resultado es fiel reflejo del equilibrio entre ambos países. En el caso de los principales indicadores socioeconómicos estamos empatados en la mediocridad.

COMPARTIR 
Carlos Elizondo Mayer-Serra 19/06/2014 00:53
Los juegos del hambre

En la popular novela y película Los juegos del hambre (yo sólo conozco la película), a los contendientes del macabro espectáculo, en el cual gana quien mata a todos los participantes, se les inyecta un transmisor para saber en dónde se localizan en todo momento. Sería un exceso hacer algo similar en el futbol, pero ya hay tecnología que permitiría determinar rápidamente si un jugador está fuera de lugar. Como lo sufrimos en el primer partido de la Selección de México, la torpeza o mala fe de un abanderado lleva a anular goles legítimos.

La FIFA es reacia para introducir nuevas tecnologías. La novedad para este Mundial es un sistema de cámaras que le confirma al árbitro en su reloj en menos de un segundo si el balón cruzó la línea de la portería. Este sistema permitió validar el segundo gol de Francia en el partido contra Honduras.

Una hipótesis de tanta lentitud en la adopción de nuevas tecnologías es que éstas eliminan la discrecionalidad. El crimen organizado puede comprar a un árbitro quien, desde su arbitrariedad, puede favorecer al equipo por el que el crimen apostó. En el ámbito político ni siquiera tiene que haber un hecho explícito de presión. Basta que el silbante sepa las implicaciones de sus decisiones para tender a ser más generoso con quien convenga. ¿Se imaginan el costo para el gobierno de Brasil de haber empatado su escuadra ante la de Croacia? El penal de origen muy dudoso del equipo local que le permitió darle la vuelta al marcador fue para la presidenta Dilma Rousseff un respiro.

En Los juegos del hambre la manipulación del juego es mucho más descarada. El principio, sin embargo, es el mismo: al gobierno le interesa un cierto resultado para que la contienda sirva para entretener y no funcione como foco para una rebelión. Esto es lo que sucede en la segunda parte de la serie cuyo subtítulo lo dice todo: “En llamas”.

La afirmación planteada por el expresidente Lula de que Brasil está mejor que México es mera retórica distractora. El martes finalmente empatamos con Brasil en un emocionante partido. Este resultado es fiel reflejo del equilibrio entre ambos países. En el caso de los principales indicadores socioeconómicos estamos empatados en la mediocridad. México y Brasil se encuentran muy por debajo de su potencial. Ambos eran mucho más ricos que Corea del Sur en la década de los setenta y ambos siguen siendo países en eterna vía de desarrollo. Corea del Sur ya es un país desarrollado.

Ambos son muy desiguales. Brasil incluso más que México. ¡Juntos aportan 19.2% de todos los homicidios del mundo en el año 2012! 12.6% corresponde a Brasil y 6.6 a México. Brasil nos supera por estar mucho más poblado y porque su tasa de homicidios de 25.2 por cada 100 mil habitantes es superior al 21.5 de México. Como en Los juegos del hambre, hay muchas zonas de ambos países donde la gente vive en condiciones increíblemente malas para países de ingreso medio alto como lo son ambos, con un PIB per cápita de alrededor de 11 mil dólares.

En ambos casos el gobierno gasta en frivolidades, desde generosas pensiones para empleados públicos hasta estadios de futbol para un Mundial o instalaciones para unos Juegos Panamericanos, siendo que la infraestructura en general es insuficiente y está mal mantenida, y la población recibe servicios públicos de mala calidad. En el caso de Brasil esto es aún más injustificado, dado que el gobierno cuenta con mucho más dinero, gracias a una capacidad de recaudación muy superior a la mexicana (recauda 34.8% del PIB) lo que le posibilita tener un gasto público de 39.1% del PIB frente al 26.6 que se gasta en México.

A pesar de ese mucho mayor potencial de gasto, increíblemente, según el índice de desarrollo humano del PNUD, Brasil tiene un menor nivel de desarrollo con 0.73 puntos, frente a 0.77 de México. Ambos países están por debajo en muchos indicadores sociales de lo que uno esperaría para sus niveles de ingreso per cápita. Por ejemplo, en mortandad materna por cada 10 mil partos, en Brasil mueren 69 madres, en México y Vietnam 49 (a pesar de que Vietnam tiene un PIB per cápita de sólo mil 755 USD).

Brasil tuvo un cierto éxito en los últimos años gracias a los altos precios de las materias primas y a que llevó a cabo hace casi 20 años una reforma petrolera como la que intentamos ahora (aunque luego la fueron adulterando, por lo cual hoy Petrobras está peor que hace cinco años). Brasil no ha tenido que sufrir instituciones como el ejido, con lo cual ha podido capitalizar económicamente el potencial de sus tierras. Si bien la economía abierta mexicana me parece más sostenible, ninguno conseguirá ser desarrollado si no logra construir instituciones eficaces y significativamente menos corruptas.

Qué bueno que en ambos países el futbol le da alegría a sus poblaciones. Más en Brasil porque han sido más exitosos en este aspecto. Sin embargo, es preocupante que estos partidos puedan ser definidos por errores del árbitro a pesar de existir ya soluciones tecnológicas para limitar el error y la discrecionalidad. Muy triste es que para hacer posibles estos juegos se realicen gastos tan absurdos como los que hizo el anfitrión, cuando esos recursos tendrían una mucho mayor rentabilidad social y económica si se hubieran dirigido a infraestructura de calidad para uso de su gente.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red