¿Será una piñata?

De los problemas de corrupción de Pemex nos enteramos “de rebote” por demandas judiciales en EU o por denuncia de una empresa privada sobre otra. No recuerdo un caso exitoso de denuncia de corrupción importante en Pemex por parte de nuestras instituciones gubernamentales.

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 08/05/2014 01:47
¿Será una piñata?

Incluso entre empresarios a favor de la Reforma Energética existe la preocupación de que ésta termine en una piñata de corrupción. Dada nuestra historia, es comprensible esta desconfianza.

Finalmente se presentaron las leyes reglamentarias en materia energética. Son muchas, largas y complicadas. Me concentro ahora en transparencia y rendición de cuentas.

En lo que se refiere a los contratos que el Estado celebrará con terceros para la explotación de los hidrocarburos propiedad de la nación, la ley es muy ambiciosa. Mensualmente se pondrá a “disposición del público (…) el número de asignaciones y permisos que se encuentran vigentes, así como sus términos y condiciones…”. No tiene precedente tanta transparencia en esta materia en México. En papel se oye muy bien.

Además de que falta ver cómo se implementa, me preocupa que se haya abierto una puerta para que en una parte de la explotación de las reservas de hidrocarburos no tengamos la misma transparencia. Muchos de los yacimientos petroleros se les asignarán directamente a Pemex a través de la llamada ronda cero, en la cual Pemex reclama qué partes del territorio nacional deben ser suyas. Hay dos problemas acá. 

El primero, Pemex es una entidad muy opaca. La última información dictaminada que fue enviada a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores sólo dice que para el 31 de diciembre de 2012 Pemex tenía “contratos celebrados con diversos contratistas por un importe estimado” de 470 mil millones de pesos. No encontré una lista de quiénes fueron los ganadores de esa piñata.

De los problemas de corrupción de Pemex nos enteramos “de rebote” por demandas judiciales en Estados Unidos o por denuncia de una empresa privada sobre otra. No recuerdo un caso exitoso de denuncia de corrupción importante en Pemex por parte de nuestras instituciones gubernamentales.

El segundo problema es que la legislación secundaria le abre a Pemex la posibilidad de desarrollar en alianza con terceros los yacimientos de la ronda cero con los que no pueda hacerlo sola, violando la lógica de la reforma constitucional que le otorga esta tarea al Estado. Así, habrá dos ventanillas para poder explotar el petróleo mexicano, la de la Secretaría de Energía y la de Pemex. La primera tendrá reglas estrictas de transparencia. No me queda claro que la segunda las vaya a tener.

Se podrá argumentar que ambos problemas se subsanarán con la nueva ley de Pemex. Ésta la convierte en una empresa liberada de las cadenas del derecho público. Se le dota de un gobierno corporativo similar al de una empresa privada y con una serie de controles internos propios del mundo privado.

Se busca con esta ley crear las llamadas “empresas productivas del Estado”.  El nombre es revelador. Es una tácita confesión de que hoy son improductivas. Ahora las empresas tendrán como objetivo “generar valor económico”. Ello se constatará si la nueva administración de Pemex decide darle un plazo a sus unidades improductivas para dejarlo de ser y si no lo logran, cerrarlas o venderlas.

Las nuevas reglas, sin embargo, están llenas de riesgos. Si bien Pemex se regirá por la ley mercantil y no por el derecho público, no será una empresa privada. Aunque informe con las mismas normas que empresas que coticen en Bolsa, como se propone en la iniciativa, no cotizará en ella, por lo que la información no será desmenuzada por los analistas ni tendrá impacto alguno en el mercado. El precio de la acción es el mecanismo que valida o no los resultados y desempeño de la empresa. Pemex tampoco puede ni la dejarán quebrar.

Los amarres del gobierno pueden ser sustituidos por controles laxos que lleven a mayores abusos. Por ejemplo, Pemex ya no va a tener los límites salariales que impone el artículo 127 de la Constitución, ya que “se estima necesario que el régimen de remuneraciones de su personal sea atractivo…” ¿No abusará Pemex de esta libertad? ¿Va a cambiar ahora que sea “libre” su generoso régimen de pensiones? ¿Despedirá al personal improductivo o que sobra, como lo haría una empresa privada donde importa la rentabilidad? En principio deberá hacerlo dado que las “empresas productivas del Estado” estarán obligadas a “optimizar recursos (humanos, financieros y materiales)…”

Es clave la transparencia de estas nuevas “empresas productivas del Estado”. Hay una buena noticia: “Estarán sujetas a las leyes aplicables en materia de trasparencia y acceso a la información, de fiscalización y rendición de cuentas y combate a la corrupción”. Pero hay una mala: habrá “disposiciones especiales orientadas a proteger la información industrial y comercial de Petróleos Mexicanos”. En la ronda cero se usó este principio para zafarse de hacer pública la información de qué campos estaba pidiendo Pemex.

Hay mucha suspicacia en torno a  la Reforma Energética. Las políticas que se presentan como de interés general (incluido en primerísimo ese Pemex tan querido por los “nacionalistas”) han terminado sirviendo a pequeños grupos de interés por una mala o laxa regulación, o bien, por corrupción.

El gobierno debe evitar que la Reforma Energética termine en una piñata de corrupción y opacidad. La sociedad tiene que presionar para que no haya espacios para la simulación y la trampa. Fallar en el buen diseño e implementación de la Reforma Energética sería terminar en un sexenio fallido.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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