Ni tanto que queme al santo...

Durante años las empresas predominantes crecieron enormemente a costa del consumidor. El reto ahora es no quemarlas en el camino.

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 27/03/2014 02:02
Ni tanto que queme al santo...

En Estados Unidos, Google tiene 90% de las búsquedas en internet; Kindle, 67% de participación en la venta de libros electrónicos, y Facebook, 63% de los usuarios de las redes sociales. Sirius/XM tiene todo el mercado de radio satelital. (Ver http://goo.gl/JwtdCF)

Esta posición dominante se la ganaron gracias al desarrollo de una tecnología útil para el consumidor, no por decisiones del gobierno, como vender mal el monopolio público de telefonía o no asignar más concesiones de televisión. Sin embargo, con la lógica de la recién presentada Ley Federal en Telecomunicaciones y Radiodifusión ante el Senado deberían ser declaradas predominantes y estarían obligadas a una serie de cambios en sus comportamientos.

En Estados Unidos para la autoridad que vela por la competencia lo que importa no es el tamaño. Lo que está seriamente penado por los reguladores es que una empresa grande discrimine a terceros, determine precios y ponga barreras de entrada a sus competidores.

Para evitar prácticas monopólicas, la autoridad regulatoria en Estados Unidos ha tenido muchos más recursos jurídicos que la de México, como imponer cárcel a los responsables o fuertes multas, sin que exista una figura como el amparo, la cual en México permitió por décadas a las empresas monopólicas evitar sanciones. Por ello, hay que celebrar aquellas medidas propuestas por la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión que estimulan la competencia a través de brindar mayores instrumentos a la autoridad, mejores condiciones para los nuevos jugadores, así como obligaciones de compartir redes e instalaciones a las empresas del sector. También hay cosas que fallaron en la propuesta de ley. Permitirle a los canales existentes la multiprogramación es un error. Cuando se dé el apagón analógico, no hay que respetarles toda la banda que hoy tienen, sino sólo la que se necesita para ofrecer un canal digital.

No basta con cambiar la Constitución ni aprobar las respectivas leyes secundarias. Hay que hacerlas bien para que produzcan lo que se busca, en el caso de la de telecomunicaciones y la radiodifusión, en palabras de la ley: “generar condiciones estructurales para atraer más inversiones…”.

La ley es larga y hay que analizarla con cuidado. Hasta ahora la polémica central ha sido entorno a que si es más dura con Telmex que con Televisa, o que si el gobierno le ha quitado algunas facultades al IFT. Son temas importantes, pero el reto medular es otro: cómo regular eficazmente a las empresas que llevan a cabo prácticas monopólicas, pero no hacerlo con los incentivos equivocados. El error es creer que el mero tamaño de la empresa es la clave para regular el sector.

En el caso de telecomunicaciones, los problemas vienen por otra razón que no se encuentra en otros regímenes regulatorios del sector, como es una competencia desde el sector público. La red de fibra óptica que hoy tiene CFE y la banda de los 700 MHZ que se liberarán con el apagón digital pasarán a ser propiedad del gobierno federal y serán desarrolladas a través de alguna asociación público-privada. Si esta entidad es subsidiada (por ejemplo, no se le vende ese espectro, sino que se le regala) las otras empresas del sector no van a invertir gran cosa en desarrollar sus propias redes. Si esta nueva entidad se tarda en invertir o lo hace mal, tanto el consumidor como el contribuyente pagarán un alto costo.

El secretario de Hacienda declaró la semana pasada a la revista The Economist que no cree que los mercados sean perfectos. Tiene razón. Pero las fallas de gobierno en México suelen ser aún peores. Nuestra experiencia al respecto es larga. La más reciente es la Línea 12 del Metro.

Por años Telmex/Telcel extrajo una renta al consumidor con tarifas más altas de las que hubieran existido en un mercado competido. La ley propuesta busca que, dado que tiene más de 50% del mercado y, por lo tanto, es predominante, le da gratis el uso de su red en la terminación de llamadas de sus competidores. ¿Esta ganancia será para los consumidores o se la apropiarán sus competidores?

A pulso se ganaron los dueños de las grandes empresas en el sector la percepción de que deben ser sancionadas. La propuesta de ley pareciera una regulación para castigar el pasado. Es una ley para el siglo XX, no para el XXI. No se trata de vengarse, sino de crear instituciones fuertes y eficientes, de disminuir o eliminar las barreras de entrada y ofrecerle al consumidor mejores precios y tarifas. En el pasado la falta de competencia llevó a que el dominante invirtiera poco. El reto es que ahora todos los jugadores inviertan más.

Durante años las empresas predominantes crecieron enormemente a costa del consumidor. El reto ahora es no quemarlas en el camino. Necesitamos que ellas y sus competidores inviertan más en el país, no que simplemente se vayan a comprar telefónicas a Austria o se satisfagan con usar la red del predominante y a esperar a que el gobierno despliegue una nueva red troncal. De suceder esto seguiremos sufriendo de unos servicios de cada vez peor calidad.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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