Educar para la mediocridad

Como muchos estudiantes de las malas universidades salen sin saber gran cosa, no obtienen empleo en el sector privado, aunque, sobre todo en las universidades públicas, sí lograron aprender que la supuesta causa de todo el problema laboral es el modelo neoliberal que no genera suficientes empleos...

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 27/02/2014 02:53
Educar para la mediocridad

La historia es bastante común en México. Un padre de familia de bajos ingresos hace todo su esfuerzo para que sus hijos obtengan un título universitario. Hace algunas décadas esto era suficiente para que tuvieran un ingreso notablemente mejor al suyo. Ya no lo es.

Un primer problema es la baja calidad de muchas universidades. Mientras que más de la mitad de los egresados de universidades no encuentra trabajo relacionado a lo que estudió, una encuesta a empleadores conducida por CIDAC señala que un cuarto de los empleadores tiene vacantes y en 70% de los casos es por incompetencias de sus candidatos, como mala comunicación oral y escrita en español.

A pesar del lamentable nivel de nuestra educación básica, la ausencia de criterios académicos sólidos para normar el ingreso a la educación superior ha llevado a una expansión de la matrícula universitaria. México tenía un millón 258 mil 725 estudiantes en educación superior en el año 1990. En 2011 llegamos a dos millones 981 mil 313. Más no es igual a mejor. Muchos de estos estudiantes están en universidades mediocres, ya sean privadas, cuyo único objetivo es enriquecer a los accionistas, o en públicas, donde no hay rigor en la selección de estudiantes.

A la UNAM ingresan por el llamado pase automático, al que tienen acceso los estudiantes de las preparatorias y los CCH de la propia UNAM, 61% de los estudiantes. Pero incluso entre los que sí hicieron examen hay estudiantes malos. Se puede ingresar a estudiar Matemáticas Aplicadas y Computación en la FES Acatlán con 50% de los aciertos del examen de admisión. El extremo de falta de rigor en el ingreso estudiantil es la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Se hace por sorteo.

Como muchos estudiantes de las malas universidades salen sin saber gran cosa, no obtienen empleo en el sector privado, aunque, sobre todo en las universidades públicas, sí lograron aprender que la supuesta causa de todo el problema laboral es el modelo neoliberal que no genera suficientes empleos. Este modelo es al que hay que combatir, no al sistema educativo responsable de que no hayan aprendido gran cosa. Sólo después de cada huelga, muchos de los estudiantes que sí quieren aprender simplemente votan con los pies, es decir, se van a otra institución o simplemente dejan de estudiar.

El segundo problema es que, aun si fueran buenos los egresados, el valor relativo de un estudiante de educación superior depende de la demanda por sus talentos respecto a la oferta de estudiantes como él. En enero de este año, el presidente Obama fue honesto al respecto: “La gente puede, potencialmente, obtener un ingreso mayor con destrezas en la manufactura o en el comercio que lo que podrían lograr con un título de historia del arte”. Le llovieron las críticas, pero la educación superior no puede ser un derecho para todos. Menos aun para quienes deciden estudiar disciplinas que no tienen mayor demanda en el mercado de trabajo.

En México, según datos de la OCDE, 23% de la población entre 25 y 34 años cuenta con educación terciaria (que no es sólo universidad, sino incluye escuelas técnicas postpreparatorias, entre otras), frente a 16% de Italia, 26 de Alemania o 45 de Reino Unido. En Corea del Sur 61% tiene educación terciaria. Tal proporción le ha quitado el valor relativo a los egresados. Salvo quienes se gradúan de las mejores universidades, el resto no tiene tantas oportunidades como antes. Una educación superior para todos, aun si fuera buena, no garantiza que todos tengan un trabajo con un ingreso elevado. Ser plomero o electricista puede ser mejor en términos de ingreso que obtener un título universitario.

El tercer problema es la transformación del mercado de trabajo. La economía crece menos que antes, no sólo en México, sino en casi todos los países de la OCDE. Además, las nuevas tecnologías requieren poca gente. La semana pasada fue noticia la venta de WhatsApp a Facebook por 19 mil millones de dólares. WhatsApp tiene sólo 55 empleados. Es un caso extremo. Facebook pudo haber comprado muy caro. Sin embargo, sólo hay cinco empresas en la Bolsa Mexicana de Valores que tengan un valor de capitalización (lo que valdría la empresa si se vendiera hoy al valor que tienen sus acciones en la Bolsa) mayor a lo alcanzado por WhatsApp. Televisa vale menos, unos 18 mil millones de dólares, y Cemex 15 mil millones. Todas las empresas juntas que cotizan en nuestro mercado accionario valen un poco más que Google.

Una empresa que antes necesitaba 500 trabajadores ahora puede hacer lo mismo con una décima parte. Los robots hacen más cosas que antes y a mejor precio, y no se sindicalizan, por lo que la tendencia es a disminuir aún más los empleos manufactureros. ¿En qué momento se necesitarán tan pocos empleados que la inversión manufacturera no vendrá a México porque el costo salarial dejará de importar?

El reto para el país es enorme. Un tema central que no hemos querido discutir es cuántos mexicanos deben estudiar educación superior, qué competencias deben tener para poder acceder a ello, y en qué áreas se debe ampliar la matrícula y en cuáles ya no. No hacerlo es simplemente vivir engañando a muchos mexicanos que terminarán sus estudios universitarios, en muchas ocasiones gracias al gran esfuerzo de sus padres, pero que luego no encontrarán un trabajo de acuerdo a sus expectativas. Esto sólo lleva a la frustración y al desánimo.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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