Mariguana y soberanía

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 20/02/2014 02:16
Mariguana y soberanía

El 30 de diciembre de 2003 el presidente Fox envío al Legislativo una reforma para permitir a los ciudadanos portar pequeñas cantidades de droga para su autoconsumo, a la par de incrementar las penas contra el narcotráfico y el narcomenudeo. En abril de 2006 se aprobó con una amplia mayoría. Sin embargo, el presidente Fox, aparentemente por la presión de Estados Unidos, vetó la nueva legislación en mayo de ese mismo año.

Un Presidente que veta la ley que él mismo propone es inusitado, pero no es la primera vez que sucede algo así. El presidente Lázaro Cárdenas decidió en febrero de 1940 dejar de criminalizar al consumidor de drogas y tratar el problema como uno de salud pública. Cuatro meses duró el intento. En junio optó por regresar a la lógica punitiva en respuesta a la presión de Estados Unidos, quienes cancelaron la exportación a México de drogas medicinales. Cárdenas pudo expropiar el petróleo. No pudo mantener la soberanía nacional en materia de política contra las drogas.

Hoy el entorno es propicio para ser soberanos en la materia. El presidente Obama no sólo reconoce que fumó mariguana, sino que afirma que la ve “como un mal hábito y un vicio, no muy diferente de los cigarros que fumaba cuando era joven y gran parte de la vida adulta. No creo que sea más peligrosa que el alcohol”. Su administración no está acosando judicialmente a los estados de Colorado y Washington, donde votaron por legalizar la producción y venta de mariguana para fines recreativos. Depende ahora de nosotros si soberanamente queremos continuar, en lo que se refiere a la mariguana, con el régimen actual. Éste, aprobado en 2009, permite dosis mínimas de consumo personal de hasta cinco gramos, aunque penaliza todo lo demás.

Un régimen más liberal permitiría otro tipo de soberanía: la del individuo. No encuentro cómo justificar el prohibir a un adulto utilizar una droga recreativa, como la mariguana, que no hace daño a terceros. Menos cuando se permite otra, como el alcohol, que provoca muchos más daños a la sociedad. En lo personal no me parece deseable que se utilice la mariguana, mucho menos que se abuse, pero no por ello apoyo que se le prohíba a los adultos. Sin embargo, se deberá regular de forma tal que no se permita hacer publicidad y el consumidor sepa cuáles riesgos enfrenta. En menores de edad claramente debe estar prohibido su consumo.

Legalizar la mariguana podría también ayudar en el mediano plazo para recuperar la soberanía sobre el territorio nacional.  Si bien muchas bandas criminales se originan en el tráfico de mariguana y éste provee de ingresos importantes a muchas de estas organizaciones, hoy son instituciones cuya sello distintivo es el dominio de medios de violencia que les permite controlar un territorio para regular todos los mercados delictivos y realizar impunemente todo tipo de delitos, desde el secuestro hasta la extorsión. En algunos lugares del país el crimen tiene el monopolio de la violencia. Los gobiernos locales son parte de la organización bajo su control o simplemente se hacen de la vista gorda. La legalización de la mariguana no cambiaría esto en el corto plazo.

Sin embargo, la cárceles están llenas de presos cuyo delito fue fumar, vender o producir mariguana, como lo demuestra Arturo Rocha, con base en la encuesta carcelaria del CIDE  (ver http://tiny.cc/ec9gbx y su tesis de licenciatura de Ciencia Política y Relaciones Internacionales del CIDE). Como argumenta el autor, liberar a los presos por mariguana descongestionaría las cárceles. Según sus cálculos, saldrían de las prisiones federales unos diez mil presos, casi la mitad de los presos federales. Las cárceles son escuelas del crimen, se entra por posesión de mariguana, pero se sale mucho más violento y especializado en otros delitos. Legalizar la mariguana permitiría al gobierno concentrarse en perseguir a quienes hoy dañan más a la sociedad con crímenes como la extorsión y el secuestro, mismos que, según toda la evidencia, van al alza.

La opinión pública, incluida la capitalina, está claramente en contra de la legalización o despenalización de la mariguana. Por ello, los políticos están poco interesados en defender la bandera de la despenalización y legalización de la mariguana. López Obrador, por ejemplo, como leo en mi periódico La Razón en texto de Gil Gamés, le pide a los legisladores perredistas de la ALDF que están impulsando una reforma que amplía el espacio local para consumir mariguana, incluido permitir centros de distribución para garantizar la calidad del producto, no “actuar como alumnos de Peña Nieto en sus intentos para legalizar la mariguana”. No sé de dónde saca eso López Obrador.  Tampoco tiene sentido para alguien de izquierda estar en contra de que la gente sea soberana sobre sus propias decisiones en la vida. Eso sí, pide una consulta popular para el tema, que, de ser positiva, llevaría a la tiranía de la mayoría en un tema que debe ser decidido por cada individuo.

Los políticos suelen ver sólo el corto plazo. Sin embargo, no es improbable que la opinión pública mexicana vaya cambiando, como lo ha hecho en  Estados Unidos, donde por primera vez en su historia una mayoría está a favor de la legalización de la mariguana. Sus ciudadanos ya aprendieron que criminalizar su consumo no lo ha disminuido, pero sí ha generado violencia y encarcelamiento. Para México, esos costos han sido mucho más altos. Ya es hora de reconocer que la política de perseguir a quienes consumen o producen mariguana, que en alguna medida fue impuesta por Estados Unidos, no ha sido buena para el país.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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