Por qué ganó Nacho Peralta en Colima

El resultado prueba que la mayoría de los ciudadanos se mantuvo fiel al PRI y a su candidato.

El domingo pasado se celebró la elección extraordinaria en el estado de Colima. La organización del INE fue impecable y garantizó la legalidad del resultado: José Ignacio Peralta Sánchez ganó la gubernatura estatal por segunda ocasión y de forma contundente.

Varias razones explican este resultado y conviene repasarlas, dado que la campaña se desarrolló a través de una estrategia basada fundamentalmente en el contraste entre el candidato ganador y las propuestas de otros partidos políticos.

La primera constatación es que la ciudadanía refrendó su preferencia, al tiempo que el voto flotante, que antes favoreció a la oposición, optó ahora por el PRI. El resultado prueba que la mayoría de los ciudadanos se mantuvo fiel al PRI y a su candidato, mientras un buen número de colimenses reflexionó y ejerció el llamado “voto útil”.

En este resultado influyeron varios hechos de gran peso. En menos de tres meses de un gobierno interino ecuánime y conciliador, y gracias a la adecuada resolución de palgunos conflictos locales, se fue desvaneciendo el denominado “voto de castigo”, generado por una administración local anterior mal valorada, lo que, evidentemente, influyó en contra del PRI en 2015.

E influyó también que Nacho Peralta construyó su propuesta de gobierno en torno a los asuntos que más interesan a los colimenses: educación, empleo y seguridad. Él tiene la mejor trayectoria de administración pública y gobierno para aprovechar las oportunidades que se abren para Colima, con las grandes reformas nacionales y los conocimientos y la disciplina para poner orden y administrar mejor los recursos públicos.

Los colimenses conocen bien a quien impulsó la modernización de la termoeléctrica de Manzanillo; también saben que fue un brillante subsecretario de Telecomunicaciones y muy querido alcalde de su capital. Conocen a su familia y su modo de vida. Y, precisamente por eso, no se dejaron engañar por las estrategias de guerra sucia.

A ello se sumó, como un factor decisivo, el trabajo político del PRI. En pocas semanas se reconstruyó una estructura que había sido mermada internamente por algunas defecciones y externamente por penosas deslealtades alentadas por el candidato del PAN. El PRI tejió sólidas alianzas en torno al proyecto de gobierno de su candidato con los partidos del Trabajo, Nueva Alianza y Verde Ecologista, recuperando espacios importantes que había perdido en 2015, como es el caso del estratégico Puerto de Manzanillo que, sin duda, fortalece la economía de esa entidad.

En el balance final de cara al futuro, tenemos a un PRD cerca de perder el registro, atrapado en el dilema de aliarse con la derecha para sobrevivir, aun a costa de la castración y a un PAN cegado por la impotencia, aliándose con la “izquierda” con tal de cumplir el autoengaño de la alternancia local. “Ganar el poder y perder al partido”, diría Castillo Peraza.

El CEN del PRI, en cambio, conducido por Manlio Fabio Beltrones, hizo equipo con el candidato y con los comités estatal y municipales; visitó con frecuencia el estado para evaluar el trabajo partidista y apoyar la campaña, a la cual se le imprimió orden, disciplina, estrategia y visión exitosa. Ese trabajo de unidad e inclusión que el PRI demostró en Colima es muestra de la fortaleza y cohesión que desplegará en las próximas contiendas, con los mejores candidatos, con buenos aliados y con la mejor propuesta.

                Senador de la República

Temas:

    X