Canalizar el enojo o sólo administrarlo

Seguimos dispersando 
y desaprovechando 
la energía social. Antes fue contra el autoritarismo 
y la crisis económica, después fue la inseguridad, 
ahora la corrupción y las agresiones del vecino del norte.

Ante la falta de legitimidad del sistema político mexicano (1968, 1972, 1982, 1988, 1994) y de las crisis económicas recurrentes (a grado tal que le quitamos tres ceros a la moneda y en 1994 tuvimos la necesidad de un rescate financiero de 50 mmdd), la única forma de canalizar el enojo y descontento generalizado fue a través de las diferentes reformas políticas y algunas reformas económicas.

A través de las primeras se abrieron diferentes mecanismos para quitar los controles autoritarios al sistema político nacional, por ejemplo, ninguno de nuestros jóvenes entendería ahora que la Secretaría de Gobernación, a nivel federal o local, organizara las elecciones y contabilizara los votos para las elecciones de gobernador o Presidente de la República.

A pesar de que en muchos aspectos podría cuestionarse el retroceso que hemos padecido en la legitimidad de las instituciones electorales; en la actualidad, los jóvenes tampoco podrían considerar que nos quedáramos sin tribunales que resolvieran las controversias electorales.

En el ámbito económico, en la actualidad ya no podemos darnos el lujo de que el Estado rescate a las empresas privadas, por ejemplo, que fuera el propietario de empresas fabricantes de bicicletas, como en algún tiempo lo hizo, al igual que con muchas otras, con la supuesta finalidad de garantizar las fuentes de empleo y la economía nacional.

La crisis de legitimidad del Estado frente a la inseguridad dio como resultado las reformas al sistema de justicia penal, por ello, en los próximos años deberá ser impensable que los juicios penales sean escritos y que tarden años o que los acusados deban probar su inocencia, puesto que la práctica común deberán ser los juicios orales y que los fiscales prueben la culpabilidad de los acusados.

A pesar de todo lo anterior, aún padecemos de falta de credibilidad y crisis en las instituciones democráticas (aún los gobernadores y partidos políticos controlan los procesos electorales en las entidades federativas y a nivel federal siguen afectando la legitimidad del Instituto Electoral y del TEPJF), las reformas económicas no han logrado que la supuesta competitividad se traduzca en mejores productos y servicios de calidad ni tampoco en mejores condiciones de bienestar social.

Y la implementación de las reformas del nuevo sistema de justicia penal está dejando muchas más dudas y tropiezos, lo que provoca, desde ahora, una falta creciente de credibilidad en dicho sistema.

Ante la supuestamente nueva crisis en materia de corrupción y de las relaciones México-Estados Unidos, ni el Sistema Nacional Anticorrupción ni las marchas de unidad o cualquier comisión que se cree para atender el tema, podrán responder con eficiencia a tales retos, como no lo han hecho las reformas anteriores, por la sencilla razón de que sólo se pretende dar cauce al enojo y malestar social.

Necesitamos que las reformas legales se traduzcan en cambios efectivos que mejoren las condiciones de vida de la sociedad. Que no sólo sea un cambio estético para mantener el control de la situación, tal como ha sucedido con innumerables reformas, desde las reformas relatadas, entre muchas otras.

La verdadera reforma y transformación tendrá lugar cuando logremos, por ejemplo, que los padres nos involucremos en la reforma al sistema educativo, para que nuestros hijos en verdad aprendan, más allá de que simplemente obtengan ciertas calificaciones o que sólo acudan a la escuela para conseguir un certificado, cuando en realidad necesitan aprender a manejar las capacidades profesionales que se requieren para la actual competencia profesional o para innovar y agregarle valor agregado a los productos nacionales y estén a la altura de la competitividad internacional.

El día de hoy urge que los líderes, en todos los aspectos, escritores, actores, periodistas, académicos, investigadores, empresarios, vecinales, en general, todos aquellos que son un referente social, hagan un esfuerzo para proponer y hacer la transformación que requerimos. Si es necesario criticar, habrá que hacerlo en forma propositiva. Si no logramos guiar, orientar el esfuerzo, obtendremos peores resultados de los que hasta ahora hemos obtenido.

Twitter: @asalinastorre

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