Hoy sí circula la corrupción

El endurecimiento del programa Hoy No Circula generará mayor corrupción y se reforzará como mecanismo de extorsión con las acciones recientemente anunciadas por el Gobierno del Distrito Federal. A pesar de los diferentes esfuerzos que se han realizado, ya sea dedicando ...

El endurecimiento del programa Hoy No Circula generará mayor corrupción y se reforzará como mecanismo de extorsión con las acciones recientemente anunciadas por el Gobierno del Distrito Federal.

A pesar de los diferentes esfuerzos que se han realizado, ya sea dedicando cuerpos especializados de mujeres para sancionar el incumplimiento del programa o expidiendo normas éticas de los servidores públicos, aún no se logra erradicar la visión de negocio ilícito sobre el ejercicio de las atribuciones discrecionales de distintas autoridades involucradas en la implementación de las disposiciones del “Hoy No Circula”.

La policía elude el impedimento de que sólo el cuerpo especializado sancione las violaciones al programa mediante diferentes prácticas de extorsión y, hasta ahora, se ha evidenciado la inoperancia de las normas éticas en la problemática que padece cotidianamente la sociedad.

Los policías abandonan su función esencial de garantes de la integridad y seguridad de las personas y, en su lugar, realizan una búsqueda eficaz de sus víctimas a quienes extorsionarán con motivo de este programa.

La ausencia de mecanismos de supervisión y mejoramiento en la aplicación adecuada del programa consolida la percepción de desconfianza y, en ocasiones, temor en la ciudadanía respecto de la policía, puesto que todos hemos observado a los agentes que se mueven entre los vehículos buscando a quién intentarán extorsionar mientras se detienen en los semáforos, en lugar de agilizar el tránsito o cuidar a la gente de los delincuentes o incluso de quienes agreden a las mujeres o adultos mayores.

Cabe destacar que no cuestiono la preocupación que se tiene sobre el cuidado del medio ambiente y que es impostergable tomar medidas para evitar el continuo deterioro del mismo, sin embargo, lo que se cuestionó es que dicho programa sea utilizado como un instrumento eficaz de corrupción y extorsión. Las bondades de un programa, que tiene la finalidad de disminuir la emisión de contaminantes, se pervierten en su aplicación.

Nuestra ciudad requiere generar mayor conciencia de la problemática de la contaminación, así como de las acciones necesarias para, al menos, disminuir sus efectos. Las poblaciones más limpias del mundo no son aquellas donde más se sanciona a quienes las ensucian, sino aquellas en donde la gente tira menos basura o lo hace en los lugares en donde debe hacerlo. De igual forma, nuestra ciudad requiere de una sociedad más consciente de esta situación y ser consecuente en su desempeño en las actividades de la vida diaria.

Otorgarle mayores facultades discrecionales a una institución que de sobra tenemos evidencia de la corrupción e ineficacia, sólo contribuye a incrementar esa conflictividad en perjuicio de la sociedad misma.

Nuestra sociedad también debe de asumir, con responsabilidad ciudadana, que la respuesta a muchos de los problemas que padecemos se encuentra en nosotros mismos. En la medida en que evitemos contaminar, disminuyamos las emisiones contaminantes de nuestros vehículos, separemos la basura orgánica de la inorgánica, supervisemos que nuestros familiares y seres queridos lo hagan, contribuiremos más eficazmente de lo que el Estado lo intenta hacer con su aparato burocrático, corrupto e ineficaz.

Nuestros dirigentes, incluyendo a quienes comercializan políticamente con esta problemática social, debieran promover esas políticas públicas que contribuyan en la protección del medio ambiente, pero sin demérito de los derechos más importantes y directos del ser humano, como su seguridad e integridad física.

                *Abogado postulante

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