Nadie se responsabiliza de nada

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Armando Salinas Torre 19/03/2014 02:36
Nadie se responsabiliza de nada

En nuestro país cada día se suman más historias de corrupción, desvío de fondos, otros delitos similares, en tanto la impunidad sigue haciendo de las suyas y la sociedad sigue padeciendo los efectos de esos crímenes.

Hasta hace unas semanas, los titulares de los noticieros televisivos eran los desvíos de fondos que ocurrieron en Coahuila, Tamaulipas, Tabasco y otros estados gobernados por el PRI, y que incluso también se denunciaron por las fiscalías del vecino país del Norte por lavado de dinero.

Después fue el caso Oceanografía, vinculada a algunas figuras prominentes del PAN, respecto del que vimos la coordinación extraordinaria de todas las instituciones del Estado para, ahora sí, descubrir las irregularidades o delitos de la empresa en cuestión.

Ahora estamos observando en casi todos los noticieros, nuevamente un asunto en el que recursos públicos destinados a la llamada Línea Dorada del Metro o Línea 12 se desperdiciaron y la vida de miles de personas que se expusieron por el descuido, indolencia o corrupción de servidores públicos ahora vinculados con el PRD.

Los casos muestran patrones similares en el que el uso patrimonialista e irresponsable de los recursos públicos sucede de igual manera sin distinción partidista. En todos los estados de la República, municipios y delegaciones padecemos carencias y problemas que debieran ser atendidos por los escasos recursos públicos de los que disponen las administraciones públicas de los tres órdenes de gobierno. Sin embargo, a muchos de los gobernantes, independientemente del partido por el hayan sido electos, poco o nada les importa responder eficazmente a los problemas de la sociedad y siguen enfrascados en su futuro político inmediato.

A pesar de ello, atribuirle la irresponsabilidad a un solo símbolo partidista es inexacto e injusto, así como asignárselo a todos los miembros de dichos partidos y, sin embargo, también por ello, precisamente, quienes pretenden cambiar la realidad de nuestro país a través de la política, debieran reforzar los mecanismos que garanticen el combate de tales prácticas corruptas que terminan por afectar a todos.

Al respecto, en todo el país se demanda la apertura de espacios ciudadanos, como si los partidos políticos no estuvieran conformados por ciudadanos, sin embargo, no fue cuidada esa representatividad de las instituciones de interés público que son los partidos políticos y, desde hace mucho tiempo, la filiación partidista se vincula con la imagen de los escándalos de corrupción y desvío de recursos públicos, como si todos los priistas, panistas o perredistas fueran corruptos, lo cual no corresponde a la realidad.

Lamentablemente, estamos por abrir espacios a quienes pretenden hacernos creer que no tienen ningún interés partidista y que se muestran como adalides de la pureza y moralidad, sin embargo, no existe, desde los partidos políticos la credibilidad para demandar de esos nuevos representantes ciudadanos el cumplimiento de las obligaciones de la transparencia y legalidad, aunque ése debe ser en el futuro inmediato, una de sus principales responsabilidades.

En ninguno de los casos con los que inicia esta colaboración se ha conocido y fincado responsabilidad a quienes estaban a cargo de los gobiernos o entidades públicas vinculadas con los casos de corrupción y desvío de recursos y, dudo mucho, al igual que el resto de la sociedad, se detenga a los responsables, pero dudo mucho más que aún deteniéndolos, se logre revertir esta convicción de quienes ejercen los cargos públicos para que lo hagan en beneficio propio, en lugar de velar por el interés y bienestar común.

Espero, por el bien de todos, que pronto dejemos de ser el país en el que no pasa nada, o en el que nadie se haga responsable de lo que sucede, y dejemos de arrojar la responsabilidad a los demás y asumamos la que nos corresponde. Los priistas, panistas, perredistas o de cualquier partido deben generar los mecanismos eficaces para combatir y denunciar la corrupción de los servidores públicos que emanaron de sus partidos, pero más aún, debemos hacerlo todos en nuestras casas para desterrarla de nuestra sociedad en general.

                *Abogado postulante

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