¿Ya cambió México?

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Armando Salinas Torre 22/01/2014 02:26
¿Ya cambió México?

El verdadero cambio en nuestro país será impulsado y sostenido por la sociedad que se involucre en los asuntos públicos.

En el año 2000, el triunfo electoral en las elecciones presidenciales se obtuvo gracias a la idea que se logró colocar en la sociedad de cambiar a nuestro país. Los electores votaron por dejar atrás la corrupción, la inseguridad pública y los graves problemas económicos por los que habían pasado en el sexenio anterior, tan solo cabe recordar que en 1994 se padeció una de las mayores crisis económicas con efectos globales que se conoció como “el efecto tequila”.

Lamentablemente, los cambios que se impulsaron por el gobierno de entonces no fueron suficientes para la sociedad en general. La frivolidad en algunos ámbitos y otros errores diluyeron los avances en materia de transparencia pública gubernamental, la propuesta de construir a partir del consenso entre los diferentes actores políticos (sin que los interlocutores tuvieran esa disponibilidad real), incluso el diseño e implementación de un nuevo servicio profesional de carrera (del que ahora nadie hable ni le interese, ni los que desde la oposición lo impulsaron), entre muchos otros cambios de diversa magnitud e índole.

En el 2012 volvió a triunfar electoralmente la idea de un cambio. La inseguridad seguía dominando las preocupaciones de los electores, así como los problemas económicos a los que se enfrentan día a día las familias mexicanas para mantener su empleo o sus escasos ingresos o, en general, el bienestar de sus intereses.

El PAN ganó las elecciones presidenciales en dos ocasiones bajo la propuesta de cambiar al país. Aun cuando se perdieron los comicios presidenciales en 2012, es posible aprovechar la coyuntura de la derrota, puesto que cientos, si no es que miles de panistas, tienen la experiencia del ejercicio de gobierno que hace más de 12 y seis años se cuestionaba. Los principales dirigentes en el partido seguirán pensando en las siguientes elecciones, sus candidaturas y posibles alianzas para obtener tal o cual beneficio inmediato.

No obstante lo anterior, ¿hay alguien que esté pensando en las próximas generaciones que habrán de conducir al país una vez que se descubra que el dinosaurio priista sigue más vivo que nunca? ¿Que la corrupción, el autoritarismo y la ineficacia no es un mal que puede atribuirse al gobierno anterior, sino que anida en un segmento del poder que se niega a entender que el servicio público es precisamente para servir a la sociedad, no para servirse de ella? ¿Cuánto tiempo vamos a seguir perdiendo el futuro de nuestro país viviendo y discutiendo la coyuntura de los problemas inmediatos?

Es impostergable que quienes obtuvieron esa experiencia de gobierno tengan la mística del panismo, formen los cuadros de jóvenes que están interesándose por los asuntos públicos de nuestras comunidades y de nuestro país, así como también despertar ese interés en quienes aún no lo tienen. Se requiere recordarles que nada les será regalado, ni el cambio vendrá de quienes gozan de la comodidad del poder y el presupuesto público. Que la mejor forma de controlar el ejercicio de las atribuciones públicas proviene del escrutinio público. Es necesario enseñarles que no es indispensable vivir en el erario público ni a expensas de él, sino del producto de su esfuerzo, para satisfacer las necesidades para sus familias a partir de los valores y la dignidad de la persona, más allá del bienestar material.

El PAN, partido al que pertenezco, recientemente creó una comisión para la organización de las elecciones, pero más me preocupa la elección de los programas que formarán al ciudadano que conozca y exija sus derechos. En el sexenio anterior se aprobó la reforma constitucional y legal más avanzada en la historia de nuestro país para defender los derechos humanos y, sin embargo, aún nos hace falta difundirla y ponerla en práctica a plenitud. Es responsabilidad de sus dirigentes enseñar a la sociedad a conocer sus alcances y demandar su observancia, aun a pesar de quienes se resistan a ese verdadero cambio, incluso en su propio partido

                *Abogado postulante

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